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Atzo Atzokoa

Autores:   Rubio Lluch, Antonio
Titulos:   Conquista de Tebas por Juan de Urtubia : (episodio de Historia de los Navarros en Grecia)
Materias:  Tebas (Grecia) - Historia - S. XIV
Editores:  Imprenta de la Diputación de Guipúzcoa, San Sebastián, 1923

Localizacion              Sign.Topografica
FONDO DE RESERVA          C-81 F-12

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A. RUBIO Y LLUCH

CONQUISTA DE TEBAS
POR JUAN DE URTUBIA
(Episodio de la Historia de los Navarros en Grecia)
 

1923
IMPRENTA DE LA DIPUTACIÓN DE GUIPÚZCOA
SAN SEBASTIÁN
 

A. RUBIO Y LLUCH

CONQUISTA DE TEBAS
POR JUAN DE URTUBIA
(Episodio de la Historia de los Navarros en Grecia)

Tirada aprte del trabajo publicado
con este mismo título en el libro
"Homenaje a D. Carmelo de Eche-
garay en el año vigésimoquinto de
ejercicio de su cargo de Cronista de
las Provincias Vascongadas"
 

1923
IMPRENTA DE LA DIPUTACIÓN DE GUIPÚZCOA
SAN SEBASTIÁN
 
 

A. RUBIO Y LLUCH

Conquista de Tebas por Juan de Urtubia
(Episodio de la Historia de los Navarros en Grecia)

PRELIMINARES

Estudios precedentes acerca de la historia de los Navarros en Grecia.

No es ésta la vez primera que tratamos de historiar, total o parcialmente, la fortuna inesperada que a la famosa Compañía navarra le cupo en el Oriente griego, en los tres distintos teatros de sus hazañas, a saber: en Albania primero; en la Grecia continental después, y por último, y principalmente, ne la Morea o Principado de Acaya, donde logró fundar en 1383, un domino que se sostuvo más o menos independiente, hasta 1402, en que murió su último caudillo. Pedro de San Superano.

En un antiguo estudio nuestro, publicado hace ya treinta y ocho años, bajo el título de Los Navarros en Grecia y el Ducado catalán de Atenas, en la época de su invasión, en el IV volumen de la Real Academias de Buenas Letras de Barcelona, procuramos resumir en su conjunto esta curiosa y oscura historia, en los tres indicados escenarios, enriqueciéndola con nuevos datos tomados de los Archivos de la Corona de Aragón de Barcelona, y de la Cámara de Comptos de Pamplona, y utilizando además cuantas fuentes de consulta hasta entonces conocidas pudimos haber a mano. Pero la mencionada monografía, que nos valió entonces, con inmerecida benevolencia, una honrosa felicitación de la Diputación General de Navarra, es hoy deficiente y errónea en muchos de sus detalles y hasta en ciertos puntos de vista generales, en tal grado que se hace necesaria una total rectificación de su contenido, tarea que en gran parte llevamos ya realizada. Mas no bastan las parciales hechas hasta ahora en los diferentes estudios que desde 1906 venimos consagrando con tenacidad al Oriente catalán, algunos de los cuales han sido editados por el Institut d'Estudis Catalans. Es preciso agrupar los nuevos datos dispersos y las correcciones parciales aisladas, en forma orgánica y metódica, ya que por desgracia, muchos de los errores en que incurrimos han tomado carta de naturaleza en obras tan sólidas y tan conocidas, como por ejemplo, las de los eminentes historiadores modernos del Oriente latino Fernando Gregorovius y Guillermo Miller. Por otra parte los descubrimientos posteriores que hemos tenido ocasión de hacer en nuestro Archivo, desde 1896 hasta muy reciente fecha en que hemos creído en conciencia, poder dar por terminadas nuestras investigaciones en tan rico depósito; las debidas a mi ilustre y malogrado amigo, Mr. Delaville-le Roulx, en el de Malta; los materiales recogidos por Predelli y por Giomo en los Commemoriali y en los Misti, donde se ha aprovechado en extracto o íntegramente el rico contenido de estas dos grandes canteras del Archivo di Stato de Venecia, la publicación de las importantes obras de Gregorovius, Miller, Lambros, Jirecek y otros modernos historiadores del Oriente medioeval, han modificado y aumentado considerablemente las noticias del concienzudo historiador alemán Carlos Hopf, el principal y casi único investigador, a mediados del siglo pasado, de los sucesos de la Compañía navarra en Grecia, a la que, por otro lado, no dedicó ningún trabajo especial de conjunto. Por último en lo que a mi humilde persona se refiere, he de hacer constar en este lugar, que en el largo lapso de tiempo transcurrido desde la impresión de mi primer ensayo histórico en 1886 hasta el presente, he alcanzado un conocimiento mayor y más claro y mejor orientado de este tema, no solo por el estudio de las publicaciones a que acabo de referirme, sino también por la inspección personal y ocular de uno de los teatros más dramáticos quizá de las hazañas de la Compañía navarra, en su atrevida odisea levantina, merced a mis dos viajes realizados en 1896 y 1909 a través de la Grecia continental, costedos por la munificencia de la Diputación de la Provincia y del Municipio de Barcelona.

Frutos de esta experiencia, consagrada casi exclusivamente a este especial asunto, han sido mis dos recientes trabajos, escritos en 1918 y 1921 respectivamente, el primero de los cuales ha sido ya impreso en el vol. VI de l'Anuari de l'Institut d'Estudi Catalans, con el título de La Grecia Catalana desde 1377 a 1379. El segundo esta´dedicdo a reseñar detalladamente las campañas de los Navarros en el Ducado catalán de Atenas, desde su aparición en él en la primavera de 1379, hasta que se pierde de ellos toda huella histórica en dicha comarca.

De este último estudio, todavía inédito, arrancamos hoy la relación del ignorado episodio de la conquista de Tebas por los Navarros y gascones que combatieron a las órdenes del capitán Juan de Urtubia, el más importante episodio de la campaña por ellos realizada en la Grecia continental, que tuvo muchas veces por escenario los mismos campos de batalla inmortalizados por los gloriosos sucesos de la historia de la Grecia clásica. Con él nos proponemos llevar una modesta contribución, -que por su asunto nos parece muy en consonancia con el espíritu regional que le ha inspirado- al justísimo homenaje que por sus méritos de publicista e historiador, se tributa hoy a nuestro antiguo amigo, D. Carmelo de Echegaray, el autorizadísimo Cronista de las Provincias Vascongadas.

Mas antes de entrar d elleno en el tema del presente trabajo, nos parece muy oportuno y hasta necesario, siquiera sea muy a la ligera, poner en antecedentes al lector, que no conozca en su conjunto las vicisitudes de la Compañía navarra en Oriente, respecto de su origen y de los motivos que a él la llevaron, así como de los principales hechos que precedieron a su presentación ante los muros de la antigua capital de la Beocia.
 

Consideraciones acerca de la historia de la Compañía navarra.

Las heroicas gestas de los Navarros en Grecia, a saber: las del infante D. Luis de Evreux, conquistador de Durazzo; de Juan de Urtubia, conquistador de la Beocia, y de Mahiot de Coquerel, conquistador del Peloponeso, para no citar más que los hechos de mayor relieve, no han tenido la fortuna de hallar un historiador, como le tuvieron los de la Expedición de los Catalanes a Oriente en Muntaner, o las conquistas de los Francos en Romania y en Grecia, en Villehardouin y en la Crónica de Morea. La reconstrucción de esa historia, de la que solo se han salvado despedazados indicios, e hace muy difícil, y por ende ha de ser siempre muy incompleta. De todas las dominaciones latinas en aquella tierra helénica, que con razón pudo llamarse en la Edad Media el país de la conquista, la que más oscuridad ofrece, es, sin duda, la navarra. El conciezudo investigador alemán antes citado -que bien pudiera ser llamado el Zurita el Oriente latino- Carlos Hopf, lo ha afirmado sin ambajes (1), al tratar de explicar la aparición de los Navarros en la Morea. Solo está perfectamente motivada su presentación en el principado de Albania o de Durazzo, o sea la de su primera campaña en Oriente; el porqué, y la data exacta de cuando pasaron a la Morea y a la Grecia continental, nos son casi completamente desconocidos.

En el último cuarto del siglo XIV se nos presentan por rara coincidencia dos famosos caudillos de origen español, preparando a poca distancia de tiempo uno de otro, dos distintas expediciones al Oriente griego: el infante D. Luis de Navarra, y el gran maestre de Rodas, D. Juan Fernández de Heredia. El primero había de dirigirse a la Albania; a la Morea el segundo. A aquél le llevaba a apoderarse del estado albanés un casamiento con una princesa de origen angevino; a éste una donación de otro príncipe de la misma estirpe, que ponía en sus manos un territorio por él ardientemente codiciado. A los soldados de ambos caudillos les hemos de ver unidos después en idéntico campo de batalla, contra un enemigo también común, que, por un trágico destino, resultó ser asimismo de origen español: los Catalanes, que desde el año 1311, se habían hecho dueños -por una serie de vicisitudes, que no es de este momento recordar- de los llamados Ducados de Atenas y Neopatria. Pedro IV de Aragón contempló con sorpresa y dolor aquella inesperada lucha fratricida y no sin razón hubo de recordar a los soldados del difunto infante D. Luis sus amistosas relaciones con su soberano el rey de Navarra, y a su vasallo, el gran maestre Heredia, los vínculos de natural dependencia que a él le ligaban. Tres bandas mandadas por caudillos originarios de un mismo solar geográficos, ya que no todas fueran compuestas por soldados de él directamente procedientes, dieron el triste espectáculo de empeñarse en una contienda casi civil en tierra extranjera, y a los Navarros les cupo la extraña misión de dar a la vez el golpe de muerte a la dominación catalana en el Atica y la Beocia, y a los últimos restos del poderíos francés e italiano en el Peloponeso.
 

LOS NAVARROS EN LA ALBANIA

Derechos de D. Luis de Evreux a la Albania.-Formación de la Compañía navarra.

Por los años de 1366 concertábase el matrimonio del infante D. Luis de Evreux, conde Beaumont-le-Roger, hermano del rey de Navarra Carlos el Malo y lugarteniente suyo en el reino en sus ausencias, con Doña Juana de Sicilia, duquesa de Durazzo, hija de Carlos de Sicilia, de la rama de Anjou-Tarento, segundo duque de aquel estado, que también se llamaba reino de Albania. Mantúvose la dinastía angevina en aquel lejano territorio hasta 1368, en el que el albanés Carlos Topia se apoderó de Durazzo, cuando precisamente el casamiento de Luis de Evreux con la princesa Juana, ponía fin al débil gobierno de una mujer, empuñando sus riendas mano más vigorosa. Este príncipe, además, podía contar con el apoyo de su hermano el rey de Navarra, y hasta con el del Rey de Francia, que le había facilitado poco antes de su casamiento 50.000 ducados destinados a la guerra contra los Albaneses (2).

Al tener noticia de la caída de la capital de su estado el infante de Navarra pensó seriamente en su conquista, y ya en 1372 se entendió con un cierto capitán e mercenarios, llamado Ingeram de Coincy, el cual se comprometió a alistar en la Gascuña, un escogido cuerpo de quinientas lanzas y quinientos arqueros de a caballo, para dirigirse a la conquista del Regnun Albanie contra Carlos Topia y Jorge Balsic (3). A este reclutamiento que podemos considerar como el más numeroso, pero no principal núcleo de la futura Compañía navarra, siguieron otros en años sucesivos, hechos principalmente en su misma tierra de origen. Desde 1374 hasta muy entrada la primavera de 1376, no cesan los preparativos de dineros pedidos por el rey a los recibidores, bailes y merinos de las montañas de la Ribera, de Olite, Sangüesa, Ultrapuerto, Tudela y Berbizana. El rey de Navarra quiso contribuir asimismo por su parte a esta empresa, con 100 hombres de armas. No insistimos en este punto, ni daremos aquí cuenta de los nombres de todos los caballeros navarros y gascones que tomaron parte en el alistamiento -algunos de los cuales se hicieron más tarde famosos en en los anales de la Grecia medioeval-, ni de los contingentes, con que se alistaron, por haber tratado ya de ello ampliamente, en nuestro primer ensayo histórico, antes mencionado (4).

Las gentes reclutadas en Navarra se embarcaron en Tortosa entre el mes de febrero de 1375 y el de junio de 1376. Es de suponer que estos refuerzos llegarían tarde a la Albania, cuando el infante D. Luis se encontraba empeñado en la guerra -sino es que ya nohabía sucumbido en ella- para la reconquista de su Principado. Nada sabemos de esta lucha, sino que en ella perdió la vida aquel heroico caudillo, hecho que debió de acaecer a mediados de 1376, como quiera que ya en este mismo año había llegado la noticia de su muerte a conocimiento del rey de Navarra (5), el cual se tomó por cierto más interés en la expedición de sus naturales a Oriente, que nuestro Jaime II de Aragñon por la de la famosa Compañía Catalana. En lo que no cabe duda alguna es en que la Compañía navarra, a las órdenes de D. Luis de Evreux, logró arrancar a Durazzo del poder de los Albaneses (6).
 

Los Navarros en Durazzo
Cerca de tres años permanecieron los Navarros en la entonces empobrecida pero estratégica capital de la Albania, a la cual además hacían malsana los numerosos pantanos que la rodeaban. La situación en que quedaron, y la insegura suerte a que les condenaba su alejamiento de la metrópoli, no podían ser de su agrado, sobre todo desde que la duquesa viuda de Durazzo, su soberana, poco después de la muerte de su primer esposo, D. Luis Evreux, contrajera nuevas nupcias con Roberto, duque de Artois. (7)

Con la muerte de su caudillo el infante D. Luis, y con el nuevo enlace de su antigua señora Doña Juana de Durazzo, es natural que los Navarros se consideraran desligados de todo compromiso de fidelidad para con ella, y que comenzasen a pensar seriamente en su difícil y embarazosa situación, en un todo semejante a la que se había hallado a principios de aquel siglo la Compañía Catalana, en Casandria, cuando la muerte y desaparición de todos sus jefes.
 

Los Navarros ofrecen sus servicios a Pedro IV.
Desamparados en tan lejanas tierras y sin recursos para regresar a la propia, pensaron entonces en ofrecer sus servicios al rey Pedro IV de Aragón, que tan benévolo fué con ellos cuando emprendieron su atrevida odisea. Este proyecto les permitía acariciar la idea de un más pronto regreso a sus hogares. Tuvo lugar este hecho en el mes de Junio de 1377. El monarca catalán contestó a los jefes de la Compañía, que estaba dispuesto a trasladarles a sus estados, y aceptar sus servicios, una vez obtenida la natural licencia de su soberano legítimo el rey de Navarra, al cual pedía al mismo tiempo que les enviara dos buenos buques. Mas para ello, añadía en su contestación a los caudillos navarros, era necesario también que llevasen consigo sus caballos y sus navíos propios, de los cuale shabían buen cumplimiento (8). Tomó una parte muy activa en estas negociaciones, además del enviado de los Navarros Martín de Xalets, el conde de Ampurias, primo del rey aragonés.
 

Los caudillos de la Compañía navarra.
Estas negociacionies se gestionaron en nombre de cuatro caudillos de la Compañía, que, al quedar acéfala, es probable fueran designados para gobernarla, viniendo a constituirse en una especie de República militar autónoma, como en caso parecido, después de la prisión de su último caudillo, Bernardo de Rocafort, lo hizo la Compañía catalana. Estos cuatro caudillos eran por el orden en que en el documento aparecen designados, Mossen Pedro de la Saga, Mahiot de Coquerel, camarlengos del rey de Navarra, Juan de Urtubia y Guarro. Estos dos últimos ostentan el título de escudeors, o de bailets de cambra como se les llama también en los documentos del Archivo de Pamplona. En los registros de alistamiento, Mosen P. de la Saga, o Pierres de Lassaga, o de Laxaga, como se le denomina en otros testimonios diplomáticos posteriores, lleva el título de caballero, y también el de camarlengo, y fué el designado por el infante D. Luis para ir expresamente a Navarra, con objeto de reclutar gentes de armas de socorro para su campaña de la Albania.

Los nombres de estos cuatro caudillos nos afirman en la idea de que las huestes que pasaron directamente desde Navarra en 1376, fueron las que constituyeron el núcleo principal o nacional, por decirlo así, de la Compañía, y las que, prevalecieron largo tiempo sobre los elementos heterogéneos de distinta procedencia, ya gascona, ya francesa o italiana, que más tarde aparecen preponderantes en el reparto de los feudos de la Morea. En esta ocasión hacen su primera aparición histórica en el escenario del Oriente, como jefes de la Compañía navarra, los que han de ser en él sus principales caudillos a saber; Juan de Urtubia y Mahiot de Coquerel.
 

II
LOS NAVARROS EN LA MOREA

Fracaso de las negociaciones con Don Pedro IV. Los Navarros son invitaods a pasar a la Morea.
La historia enmudece en el momento mismo de iniciarse las anteriores negociaciones de los mencionado jefes de las bandas navarras con el rey Ceremonioso. Que no alcanzaron el resultado apetecido, bien claro lo muestran los confusos e inesperados hechos posteriores que nos las presentan, no ya en su primer campo de combate de Durazzo, sino bien lejos de él; en la Morea o Grecia peninsular, sin que podamos explicarnos el motivo de tan repentino cambio de dirección. No fué éste como pudiera juzgarse a primera vista, el que aquellas huestes, poco antes vencedoras, fueran expulsadas por los Albaneses de la reconquistad ciudad de Durazzo; ya que el segundo esposo de la duquesa Juana de Durazzo -viudad del infante de Navarra-, el duque Roberto de Artois, todavía estaba en posesión de la ciudad en el año 1379, en el que los Navarros habían hecho ya su aparición en la Morea y en la Boecia. Cabalmente en esta época figuran un capitán y castellano, en calidad de vicario o lugarteniente general del duque Roberto, que a tales cargos parecen referirse, los designados con los nombres griegos de Prokathemenos y Kastrophylax (9). Fracasado su primer intento de servir al rey de Aragón, no era de esperar que aquellos aguerridos soldados quedaran ociosos; que aquel formidable instrumento de combate dejara de ser utilizado por algunos de los señores que se disputaban el predominio del Peloponeso, y que más o menos ponían también sus miradas codiciosas sobre el desquiciado dominio de los Catalanes en Grecia, próximo a su ruina. Así vemos solicitados, para que se trasladen a la Morea, a los principales caudillos del antiguo ejército de Luis de Evreux, en poco espacio de tiempo, desde 1378 a 1380, por tres distintos personajes; Nerio Acciajuoli, señor de Corinto; el gan maestre de la Orden del Hospital, Juan Fernández de Heredia, y Jaime de Baux, príncipe titular de la Acaya, y último aspirante latino a la corona imperial de Bizancio.
 

Nerio y el Ducado catalán de Atenas.
Otro de los puntos históricos más oscuros de esta época y de estos sucesos -no tratados hasta ahora especialmente que sepamos, por ningún autor, al menos con relación a la Compañía navarra- es la participación que el florentino Nerio Acciajuoli pudo tener en el desarrollo de los acontecimientos que en este tiempo se acumularon vertiginosamente en la Morea y en el Ducado catalán de Atenas. Y sin embargo Nerio debió ser un factor muy importante en los destinos de la Compañía navarra, sobre todo en este último dominio.

Después de la conquista de Megara, en 1374, por el astuto señor, originario de la acaudalada familia de los Acciajuoli de Florencia; conquista que dejaba totalmente abierta a su ambición, el Atica, de la cual es dicha ciudad la llave, bien puede afirmarse que no vivió ya en paz con los Catalanes de Atenas, ciudad cuya posesión ardientemente anhelaba. El debió jugar un papel principal en la rebelión que estalló al morir el rey Federico III de Sicilia (1377) y en la invasión del conde de Conversano (1378); en una palabra, en cuantos sucesos contribuían a quebrantar el que fué un día poderoso dominio de los almogávares. Es de presumir que él fuera también el que alentara a los Navarros y Hospitalarios contra sus aborrecidos vecinos. Que no vivió con ellos nunca en paz definitiva, lo corrobora el que en septiembre de 1382, el rey de Aragón Pedro IV le diera las gracias por haber guardado la tregua, firmada entre él y su vicario en los Ducados, el vizconde de Rocaberti (10). Obsérvese que el rey no habla en su carta de paz, sino de tregua, lo cual supone un estado d guerra contínua y anterior con los Catalanes de Grecia. Pero en fin, nada concreto sabemos respecto a las relaciones de Nerio con la Compañía navarra, fuera de que ya en abril de 1378 se había puesto a su servicio Juan de Urtubia (11). Este fué al parecer el primer caudillo navarro que desembarcó en el Peloponeso, cosa que le sería muy hacedera, pues como hemos visto anteriormente la antigua Compañía de Luis de Evreux no carecía de buques, y así lo habían manifestado sus jefes cuando trataron de ponerse a las órdenes del rey de Aragón.
 

Los Navarros y los Hospitalarios. El Maestre Heredia en la Morea.
Antes de entrar de lleno en el relato de la campaña de Juan de Urtubia en las tierras del Ducado catalán de Atenas, conviene que se ponga bien en claro, hasta donde alcancen nuestras informaciones, la intervención que en dicha campaña tuvo la Orden de los Hospitalarios, así como también cuantos antecdentes se refieran a este hecho. Por fortuna no se trata ahora de meras conjeturas, sino de supuestos plenamente comprobados. Ya no son solo el prior de Tolosa, Gauchier de la Bastida, y Bertrán de Flota, comendador de la Orden, sino su propio jefe supremo, el famoso maestre Juan Fernández de Heredia, cuya intensa vida de ación llena casi todo el siglo XIV, los que vamos a ver en estas páginas en íntimo contacto con el aguerrido Juan de Urtubia. Los Navarros, en efecto, pudieron contar más de una vez con el apoyo moral y material de la Orden de San Juan.

Desde la primavera del mismo año 1378, en que aparecieron aquéllos en el Peloponeso, puso en él también el pie con sus huestes, el citado Juan Fernández de Heredia. Era la adquisición de este territorio el sueño de toda su vida, vana y desastrosa quimera de la que habían de ser las primeras víctimas los mismos Hospitalarios. Si un sentido más nacional de su política hubiera dirigido sus primeros pasos, tal vez hubiesen tomado un camino muy diferente los destinos de los Catalanes en Oriente. Pero más que aragonés se sintió gran maestre de la Orden (12) y hasta cierto punto era natural que así fuera.

Heredia fué el segundo señor de la Morea de origen español: tocóle ser el primero al desdichado infante D. Fernando de Mallorca. He aquí de qué inesperada manera vino aquel Principado a su poder. Cuando Felipe III de Anjou Tarento lo legó al morir a su sobrino Jaime Baux, los barones de la Morea no reconocieron este pretendiente, y proclamaron como señora legítima del país, a la reina Juana de Nápoles (1374). Aceptó ésta por lo pronto su designación, más luego cedió su Principado a su cuarto marido Othon de Brunswich. En tal decadencia se hallaba el antiguo dominio de los Villehardouin y Champllitte, que aquel príncipe lo arrendó por cinco años a los Hospitalarios, que ya antes de 1362 habían tenido pretensiones sobre él para hacerle sede cnetral de su gobierno, en vez de la isla de Rodas, tan expuesta a los ataques de los Turcos. El precio del arrendamiento fué el de 4.000 ducados anuales pagaderos a la reina Juana.

El ejército de la Orden, con el cual se afianzó ésta en la Morea, lo componían un centenar de ballesteros, y un centenar de brigants, soldados que tomaban este nombre por la armadura ligera que llevaban, llamada brigantina. Para reforzar esta pequeña mesnada los Hospitalarios tomaron a sueldo la compañía mandada por Juan de Urtubia que había estado, poco antes, como hemos indicado, al servicio de Acciajuoli (13). Algo más tarde se les agregó con cincuenta hombres de armas, otro notable caballero navarro, ya conocido de nuestros lectores, Mahiot de Coquerel, que acababa de desembarcar en la península (14), y que ya no debía salir de ella. Empero muy pronto echaron de ver los Hospitalarios que este caudillo prefería obrar por cuenta propia, y que les hacía traición en provecho de Jaime de Baux, el pretendiente de más alto linaje del princiapdo de la Morea, el cual llevaba además, como cualquier caballero andante, el fantástico título de Emperador de Constantinopla.

El compromiso de los dos capitanes navarros con los Hospitalarios fué negociado en la Morea por el prior de Tolosa, Gauchier de la Bastida, que acompañó a Heredia en su viaje a Romania. Pudiera muy bien ser que durante su priorato en aquella ciudad, tan vecina de Gascuña -que ejerció desde 1370-, se le ofreciera ocasión de conocer a Urtubia, el cual precisamente por aquella época, como más adelante veremos, hizo algún viaje a aquella misma región. La presencia de Gauchier en la Morea al comienzo de 1378, está plenamente demostrada (15).

Gauchier de la Bastida y el Maestre Heredia toman partido contra los Catalanes.
Tal vez incumbe a este personaje la iniciativa y la responsabilidad principal acerca de la guerra que los Navarros hicieron a los Catalanes de Grecia. El interés que se tomó porque no fracasara la empresa de Urtubia no pudo ser mayor. Llegó a amenazar más adelante con combatir a D. Luis Fadrique de Aragón, Vicario de los dominios catalanes, porque se negaba a concertar la paz con el caudillo navarro, de lo que el rey Pedro IV se quejó con harta razón al dicho prior de Tolosa, conminándole a su vez con proceder contra los bienes de la Orden en la Confederación catalano-aragonesa, si no desistía de su intento (16).

También alcanza al maestre Heredia, como jefe superior del Hospital, no pequeña responsabilidad en cuanto a la conducta observada por los Hospitalarios con los Catalanes de Grecia. No quiere esto decir que él ordenara la invasión de los Navarros, ni que la alentara directamente, pero nada hizo por evitarla. Cuando tuvo lugar este suceso, él, rescatado a del poder de los Turcos (mayo 1379) se encontraba de nuevo en la isla de Rodas, de la cual ya no se movió hasta el 9 de abril de 1382, en que emprendió su regreso a Aviñón, donde acabó sus días (17). Pero desde Rodas podía ejercer actos de jurisdicción, y los ejerció, con frecuencia. Sobre Urtubia tenía gran prestigio, y nada lo prueba tanto, como el que por su mediación logró Pedro IV de Aragón, que aquel caudillo devolviera más tarde la libertad al noble Galcerán de Peralta, castellano y veguer de Atenas (18), que como veremos, había caído prisionero de los Navarros.

Por esto era al gran Maestre a quien el rey de Aragón dirigió preferentemente sus quejas por la participación de sus caballeros en la lucha entre Navarros y Catalanes "No hallamos la causa, le decía en una ocasión, de que debais proteger hasta cierto punto -esto es, como si quisiera significar, de una manera velada e intermitente -a los invasores de nuestras gentes y tierras" (19)

Y esta conducta era aún menos explicable por parte del gran Maestre, en cuanto en la apariencia, al menos, nada daba a entender que se hubiesen debilitado los lazos de afecto que unían al rey con su antiguo vasallo, por el cual sintio dicho rey siempre tan honda veneración. Es verdad que nuestro monarca se opuso resueltamente a que los caballeros Hospitalarios de sus estados marcharan a la Morea para prestar ayuda al antiguo castellano de Amposta (20); pero no lo es menos que así que tuvo noticia de que se había rescatado del poder de los Turcos, no sólo le felicitó con mucho afecto, sino que le rogó al mismo tiempo que regresara lo más pronto posible a sus estados, pues sentía muy gran necesidad de sus servicios (21).

No conocemos a ciencia cierta el número de Hospitalarios, ni los nombres de los jefes, que pasaron al Ducado de Atenas a socorrer a Urtubia, ni el tiempo que duró su participación en la campaña. Nos consta, sí, que ella no fué permanente, sino transitoria. Solo tenemos noticia de que en septiembre de 1380, se disponían de nuevo a atacar a los vasallos del rey de Aragón en Grecia, como lo habían hecho otras veces con gran perjuicio suyo (22). Parece ser también que en la invasión no tomaron parte sino algunos Hospitalarios de la península, no todos (23). Tal estado de cosas debió cesar a principios de 1381. En efecto con fecha de 8 de mayo de este año, el rey escribía al mestre Heredia, que se encontraba en Rodas, que ayudase al vizconde de Rocaberti, a expulsar a los Navarros de sus dominios de Grecia (24). Pocos días después el 28 del mismo mes la Orden de San Juan se veia obligada a evacuar la Morea (25) con lo cual la hueste de Urtubia se vió privada de su eficaz protección.
 

III

LOS NAVARROS EN EL DUCADO DE ATENAS

Situación del Ducado de Atenas
Cualquiera que fuera el móvil que guiara a Juan de Urtubia, ya obrara por su cuenta, o por cuenta ajena, no podía haber elegido momento más oportuno, para invadir los dominios catalanes de Grecia. Reinaba allí una espantosa anarquía en todos los lugares y villas del país. Fueron los años de 1377 y 1378, que precedieron la invasión navarra, de tan profundo trastorno político, como ya tuvimos ocasión de observar (26), que no han dejado rastro alguno en la cancillería palermitana ni en la barcelonesa.

Por vez primera desde la anexión del Ducado catalán de Atenas a la corona de Sicilia, gobernada por una rama de la dinastía de Barcelona, se encontraba aquél entregado a sus propias fuerzas, privado de la tutela directa de una metrópoli, por haberse extinguido con Federico III de Sicilia en 1377, la sucesión de la línea masculina de los Duques de Atenas, de estirpe condal. Faltada de un poder central director de todos reconocido, la unidad política de la antigua Compañía catalana se había roto en pequeñas soberanías municipales y feudales.

Los Catalanes de Grecia estaban profundamente divididos por el litigio de la sucesión del poder. Los magnates, el alto clero y los elementos más importantes del país habían tomado partido por la anexión directa a la poderosa corona de Aragón, única que podía salvarles; mientras otra fracción, menos numerosa, seguía fiel a la joven reina de Sicilia, la débil Doña María, y a su lado estaban la mayoría de los sicilianos allá avecindados, los cuales no levantan ya más la cabeza durante el corto período de la soberanía directa en Grecia de la casa de Barcelona. Al frente de los rebeldes figuraba al parecer D. Pedro de Aragón, jefe de la rama menor de esta familia en Grecia; acaudillaba los leales su primo D. Luis Fadrique de Aragón, conde de Salerno y vicario general de los Ducados, el personaje de más relieve entre cuantos constituían la nobleza catalana de Grecia. Puesto el país en tales condiciones la presencia en él de Juan de Urtubia no fué más que un nuevo combustible arrojado a la inmensa hoguera, que ya ardía en su suelo.

En tiempos normales y de fuerte cohesión política, cuando la Compañía catalana conservaba aún su nombre marcial de combate y su antigua unidad, la atrevida tentativa de Urtubia y sus auxiliares habríase estrellado contra las ciudades y los castillos inexpugnables del país, sin que los Catalanes hubieran tenido que hacer un esfuerzo superior al que emplearon en 1331 para arrojar de su territorio la brillante mesnada de caballeros francos, armados de hierro, mandados por Gualterio de Brienne, duque titular de Atenas, que fué a Grecia para reconquistar el Ducado, que de derecho creía pertenecerle. Lo inexplicable es que aquel estado, con tan débiles raíces en tierra lejana y extraña, devorado por intestinas discordias, combatido a la vez por francos, venecianos, florentinos, albaneses, servios, turcos, griegos y navarros, y abandonado por su metrópoli que tan poco se interesó por él, hiciera todavía el milagro de prolongar su agonía un par de lustros más, después de la herida que ahora iba a recibir. Ella era mortal de toda necesidad, por cuanto iba asestada al corazón mismo de sus dominios, en la región central de la Beocia, dejando incomunicados y desarticulados los tres territorios que aún le quedaron, o sea el Atica, Neopatria y el Condado de Salona, en la Fócida. Las mutilaciones anteriroes inferidas por los Servios y Albaneses en Tesalia, por los Venecianos en Karistos en la isla de Eubea, por Nerio Acciajuoli en la Megárida, lo fueron periféricas, pero no destrozaron la cohesión geográfica e interna del estado. Bien puede afirmarse sin jactancia alguna, que ninguna otra dominación latina en Grecia costó tanto de desarraigar como la catalana.

Antecedentes de Juan de Urtubia
Muy escasos antecedentes tenemos del capitán navarro, Juan de Urtubia, que había de emular en la Grecia continental las hazañas de su compañero de armas, Mahiot de Coquerel, en la Morea. Tanto el archivo de Barcelona, como el de Pamplona, nos dan de él muy pocas noticias. Un par de años antes de embarcarse en Tortosa, con sus restantes conmilitones, para acudir en auxilio del infante D. Luis de Navarra, le vemos galardonado por el rey D. Carlos el Malo con distintas gracias y mercedes, que prueban la prestación de importantes servicios a su soberano. Lo serían sin duda algunos de ellos cuando le valían en enero de 1374 una asignación de 1.000 florines de oro de Aragón, cantidad considerable para aquel tiempo (27). En el mismo mes y año, el Rey le había concedido los emolumentos de los molinos del puente de Tudela (28), y pocos días después la guarda del castillo de Rocafort, facultándole para ser sustituido por Martín Dixury, escudero (29).

Parece haber tomado una parte muy grande en el alistamiento de la Compañía de D. Luis de Evreux, y es de creer que el pago de los gastos ocasionados por sus viajes a Gascuña, de que habla un documento de 17 de diciembre de 1375, por ciertos negocios que interesaban al rey, pudiera muy bien referirse a tal objeto  (30); por lo menos la fecha es muy inmediata a la época en que aquellos alistamientos se realizaron, o sea, como en otro lugar hemos recordado, entre 25 febrero 1375 a 24 abril de 1376. Pudiera ser también, como ya se ha indicado, que en estos viajes a Gascuña hubiera tenido ocasión de conocer a Gauchier de la Bastida, pior en Tolosa de la Orden del Hospital. En la expedición embarcada en Tortosa en 1376, Urtubia, que sólo llevaba el título de escudero, figura con una mesnada de 50 hombres de armas a su servicio. Ningún otro caudillo se había presentado con tan lucida hueste. El mismo Mahiot de Coquerel, que llevaba el título superor de camarlengo del rey de Navarra, sólo mandaba 30 soldados, y muchos menos aún, los demás jefes (31). Cuando Urtubia se puso al servicio de los Hospitalarios tenía a sus órdenes, según hemos visto, cien hombres de guerra, y es de suponer que al invadir el Ducado catalán de Atenas, todavía este número se hubiese aumentado con el refuerzo de los florentinos, hospitalarios, greigos y rebeldes que correrían a sus filas. Mas se ha de tener presente también que en aquella época, en que no se conocían grandes ejércitos organizados, muchas veces una banda e aventureros disponía de la suerte de un país no preparado para la guerra. No era más numeroso que el contingente de Urtubia, el que en 1381 salió de Cataluña, a las órdenes del ziconde de Rocaberti, para salvar los Ducados catalanes de su ruina.

Invación del Ducado por Urtubia
En los primeros meses de 1379 tuvo lugar la invasión del Ducado de Atenas por la banda de Juan de Urtubia, único caudillo de los que aparecen al frente de la Compañía navarra en Durazzo, que consta que tomara parte en esta empresa. De Pedro de Lassaga y Guarro, ni en esta, ni en la de la conquista de la Grecia peninsular se encuentra el menor rastro.

Ya dijimos que ignorábamos la causa inmediata o pretexto de la invasión. Tampoco conocemos por qué razones quebrantó la Compañía navarra su unidad militar –más que de origen- para servir a distintos señores. La parte de ella que se decidió por reconocer la soberanía de Jaime de Beaux es la que conservó en mayor grado su personalida, y por decirlo así, su nombre oficial colectivo, y hasta cierta independencia relativa, auque en ella preponderara más el elemento gascón y extranjero, en general, que el navarro. Nunca la Compañía navarra alcanzó a tener, en tanto grado, la fuerte cohesión étnica de la Catalana.

Ignoramos por último si los Ducados fueron invadidos por Urtubia, por mar o por tierra; es decir, desembarcando en el puerto de Livadostro, el más cercano a Tebas, o pasando por Megara, una vez atravesado a pie el itsmo de Corinto, o empleando a la vez los dos caminos. Hemos de suponer en todo caso que una parte de las huestes navarras debió permanecer en el norte de la península, entre Vostitza y Clarentza, puerto este último muy frecuentado por cuantos arribaban a la Morea. Bastará con que aquí recordemos al infante D. Fernando de Mallorca, y al maestre Juan Fernández de Heredia. Los Hospitalarios tenían sus principales centros en Calamata y Zonclon (Navarino) (32). Pero cualquiera que fuera la vía que los Navarros tomaran para invadir los dominios catalanes; habían de pasar forzosamente por los de Nerio Acciajuoli, -que se extendían entonces de un extremo al otro del norte del Peloponeso, desde la ciudad de Corinto a la de Patras y contar, por lo tanto, con su aquiescencia.

Urtubia se dirige contra Tebas
Una vez franqueadas sus tierras, los Navarros se internarían en las del Ducado, tomando al parecer directamente el camino de Tebas, dejando a su derecha al parecer directamente el camino de Tebas, dejando a su derecha la ciudad de Atenas, a quien hacía más fuerte su inexpugnable Acrópolis, y que estaba constantemente amenazada ya por el señor florentino, que les guardaba la espalda. Que Tebas, quizá por ser más indenfensa o por ser la capital, fué el principal y primer objetivo de Urtubia lo prueba desdeluego el que se la cita antes que ninguna otra ciudad, como atacada por los Navarros, en el más antiguo documento de nuestro Archivo que a ellos se refiere. Lo prueba también, como hemos de ver más adelante, el que desde Atenas acudiese en su defensa el valiente veguer de dicha ciudad, Galcerán de Peralta (33).

Los señores del Archipiélago y de Bodonitza corren en su auxilio.
La presencia de Urtubia en las llanuras de la Beocia levantó a los habitantes del país desafectos a los Catalanes, y atrajo al propio tiempo contra ellos a algunos enemigos exteriores, que desde tiempo maquinaban y deseaban su ruina. Uno de los primeros en entenderse con los Navarros fué el llamado Duque del Archipiélago (34), y señor terciario del Negroponte (35), Nicolás dalle Carceri, el cual, disgustado de la tutela veneciana, esperaba conseguir la plena soberanía de la isla, con la ayuda de aquellos temidos aventureros (36). La familia de los Carceri era enemiga de los Catalanes a los que combatió ya al establecerse en la Grecia continental.

También facilitó mucho la invasión navarra, el Marqués de Bodonitza, feudo cuyo fuerte castillo se alzaba en el inexpugnable e histórico paso de las Termópilas. Lo era a la sazón Francisco Giorgio Pallavicini, de origen veneciano, Muy contra su voluntad se veían los Giorgios obligados a reconocerse vasallos de la Compañía catalana, lo cual les obligaba solo a la entrega anual al Vicario general de cuatro caballos armados (37). En cuanto Pedro IV de Aragón se informó de la confederación de estos dos señores, de origen veneciano, con sus enemigos capitales, escribió al baile del Negroponte Andrei Zeno, pidiéndole que prohibiese a dichos magnates, y aún a todos los vasallos del común de Venecia, que prestasen ayuda a los Navarros (38). Es de suponer que su demanda fuese bien acogida, porque Urtubia era tambien peligroso vecino para las colonias venecianas. El caudillo navarro y Nicolás dalle Carceri tenían las mismas intenciones; por esto se habían entendido tan fácilmente. La ocasión no podía ser más favorable, como quiera que Venecia se encontraba entonces envuelta en una sangrienta guerra con Génova, por la superioridad de los mares, que fué llamada la guerra de Chioggia. Terminó ella con la paz de Turín en 18 de agosto de 1381, acabando así definitivamente el porfiado duelo que, durante casi todo el siglo XIV, sostuvieron las dos poderosas repúblicas rivales. Como es natural, en tales circunstancias, Venecia no podía socorrer largo tiempo a su importante colonia insular. Su baile Carlos Zeno, había entregado en 1379 el cargo a su sucesor Pantaleón Barbo (1379-1381), para tomar el alto mando contra los Genoveses (39). Mas, por fortuna para los Venecianos, el caudillo navarro, no pudo realizar su atrevido plan, por haber encontrado, sin duda, en el campo de sus conquistas, más dificultades de las que él se imaginaba.
 

IV
TEBAS EN LA ÉPOCA CATALANA

Importancia política de Tebas.
No en vano codiciaron los Navarros hacerse dueños, ante todo, de la antigua ciudad de Cdmo.Aunque por esta época comenzaba su rival, Atenas, a adquirir una importancia política, que no tuvo nunca durante el gobierno de los Duques francos, todavía conservaba la hegemonía que le había ganado el ser la capital de los Ducados. Esta hegemonía le venía de lejos. Ya en la época bizantina, y con anterioridad a su conquista por los señores borgoñones de la Roche, era la residencia habitual de los pretores que gobernaban el thema o provincia de la Helade. Depués pasa a ser la corte de los nuevos Duques francos de Atenas, y durante la dominación catalana, la sede de los Vicarios generales de los Ducados, que representaban la autoridad de los Duques sicilianos de estirpe aragonesa. Lo era además arzobispal, y el centro industrial y mercantil más floreciente del estado. Contribuá a asegurarle esa supremacía política su sana y estratégica posición, en medio de una fértil y dilatada llanura de la Grecia continental. Alejada de los peligros de las invasiones exteriores y de las incursiones piráticas, que devastaban el ya tan yermo suelo dle Atica, había atraído a ella el núcleo más numeroso de la colonización catalana. Los documentos de las cancillerías véneta, barcelonesa y palermitana, nos han conservado los nombres de unas cincuenta famlias de pura raza catalana y como unas treinta griegas y extranjeras, que más o menos figuran en los anales del siglo XIV. Todavía a fines de él vivían dentro de sus muros los descendientes de los más ilustres conquistadores, los Fuster, Falguera, Guardia, Savall, Ibañez, Ballester, Roda y Roger de Lluria. Es todo un pueblo catalán redivivo el que se presenta a nuestra vista, no una mera designación geográfica, como en los anales de los duques francos y florentinos.

De esa ciudad, de esa Tebas del siglo XIV, que va casi a desaparecer de la historia griega medieval al caer bajo el poder de la Compañía navarra, como sepultada bajo una losa sepulcral, quisiéramos dar ahora una breve idea a nuestros lectores, tal como al desaparecer un individuo del escenario de la vida, se traza de él una efímera necrología. En los anales de la Grecia clásica, como observa muy acertadamente el ilustre historiador del Oriente latino, W. Miller, nada carece de interés (40), y aquellos oscuros y rudos aventureros del Occidente, que pusieron el pie en su suelo sagrado, tienen también derecho, a que se haga de ellos merecida memoria. Los modernos navarros, aun cuando no hayan dejado en Tebas más huella históirca qeu la de su conquista, pueden envanecerse con legítimo orgullo, de que sus antepasados hubieran sido hace siete siglos conciudadanos de los griegos que habitaban entonces la patria gloriosa de los Pelopidas, Pindaros y Epaminondas; pero mucho más todavía los Catalanes, que en ella les precedieron, porque de ninguna otra dominación extranjera medioeval en Grecia, puede trazarse un cuadro relativamente tan completo, tan íntimo, tan detallado. Para hallar otro superior en este concepto (fuera de la época moderna) habría que acudir a los anales de la Grecia clásica (41), y no hemos de ocultar, que no dejamos de experimentar cierta noble satisfacción al escribir páginas inéditas –desconocidas a sus propios hijos- del pasado de una de las más famosas ciudades helénicas.

Descripción de Tebas.
La Tebas catalana, mejor dicho, la Tebas franca, era designada generalmente con el nombre de Estives o Destives, tomado imperfectamente de su pronunciación en griego vulgar. Con dicho nombre aparece casi siempre en los documentos de nuestra cancillería, y hasta en nuestros escritores de aquella época, como Muntaner, Pax, etc. Cual Catania en Sicilia, y Caller en Cerdeña, fue Tebas en los Ducados la ciudad catalana por excelencia, y como tal mereció ser designada con el título de caput et magistra de las ciudades de nuestros dominios de Grecia, de la misma suerte que recibía Catania el de caput et protectrix omnium Catalanorum tunc in insula commorantium, y saludó Pedro IV a Caller, como caput et locus insignior tolius insulae Sardiniae. Llamábala a su vez respetuosamente este soberano, antiqua civitas destives, recordando, sin duda, su glorioso abolengo histórico. Todas las Cataluñas transmarinas, creadas por las victorias de nuestros almogávares querían tener también su capital, que a semejanza de Barcelona fuese cap y casal de su región respectiva.

Normalidad de su vida civil.
A pesar de cuanto se ha dicho de la barbarie ciertos períodos afligió a Tebas, se vivió entonces en ella bajo un régimen ordenado y hasta civilizado, aunque hubiera enmudecido del todo el eco de aquellas fastuosas fiestas caballerescas de la brillante corte de los duques borgoñones de la Roche y de los Brienne, de las que nos traza Muntaner un cuadro tan animado en uno de los más interesantes capítulos de su Crónica (42). Sorprende descubrir en ella una tan completa normalidad de las relaciones jurídicas hasta el punto de que las mismas violencias y usurpaciones, en los días más calamitosos, tomaban formas o apariencias legales. Esta vida jurídica y social era eminentemente catalana, bajo el régimen de sus vegures, de sus síndicos y castellanos, de su municipio, y de su curia o tribunal superior ducal. Siempre se veló en Tebas por la conservación del espíritu de la antigua Compañía, por los fueros de la autonomía local, por la aplicación más pura de las costumbres de Barcelona y constituciones de Cataluña, por el empleo de la lengua catalan, que alternaba en la cancillería con la latina, y no deja de ser muy significativo también, que el último acto público de la vida política de Tebas del que tengamos noticia, durante la dominación catalana, poco antes de sucumbir bajo el yugo de la navarra, fuera la demanda a su soberano de la confirmación de sus franquicias y privilegios, calcados sobre los de la madre patria.

Más elocuentemente prueba aún que en la ciudad de Tebas bajo el gobierno de los Moncada, Roger de Lluria y Peralta, no se vivía fuera de la ley, sino bajo las garantías de un estado de cosas bien organizado, el hecho de que en 1372 fuera elegida por el Papa como punto de reunión de una conferencia, como hoy diríamos, de los señores de Occidente y de la Grecia latina, interesados entonces, a la manera de las grandes potencias actuales, en el problema de Oriente, para tratar de los medios más eficaces de conjurar el amenazador peligro turco. Que se celebrara o no aquel interesante congreso –lo último es lo más probable-, ello es una palmaria consagración internacional del grado de estabilidad del poderío catalán en Grecia.

Lo es también la frecuencia con que se trasladaban a Tebas súbditos extranjeros, sobre todo sicilianos (que en cierto modo no lo eran), y venecianos, particularmente de la vecina colonia de la Eubea, y habitantes de la confederación catalana-aragonesa. Los Oller de Mallorca, bastante heredados en su isla nativa, buscaron aún fortuna en la ciudad de Cadmo. Los Ballester de Valencia también se avecindaron en ella, y hallaron dentro de sus muros prosperidad material y prestigio político. El barcelonés Bernardo Marti fué a casarse allí con una tebana. El amor que inspiraba a sus habitantes hasta a los de origen forastero, ha quedado consagrado en una expresión llena de añoranza, de un documento de la cancillería de Palermo, en el que Bartolomé de Valerio, desterrado a Sicilia por las complicaciones políticas de la época, pide al rey le conceda regresar a Grecia, para volver a ver su dulce ciudad nativa: ac civitatem Thebarum eius dulcem patriam revidere (43).

Vida industrial y mercantil.
Casi todo el comercio entre Catalkuña y Mallorca y los Catalanes de Grecia tenía en Tebas su centro principal (44). Su puerto era el de Livadostro, situado en el fondo del golfo de Corinto. Era la isla de Mallorca quizá la que más se aprovechó mercantilmente de los dominios catalanes de Grecia. Las galiotas de los mallorquines Juan Gomarell y Bartolomé Albesa hacían frecuentes viajes a Atenas o Tebas, y si el Vicario general, Mateo de Moncada se trasladó a dicha ciudad en una nave de Bayona, mercaderes mallorquines fueron los que la fletaron. En los archivos de Venecia y Barcelona, se hallan alguna vez noticias de mercaderes de Barcelona y Mallorca que se trasladaban a Atenas o Tebas para asuntos mercantiles.

No tenemos noticia alguna de la vida industrial de Tebas en la época catalana, pero eso no es prueba suficiente para suponer que había desaparecido por completo. Benjamín de Tudela había encontrado allí muy próspera la fabricación de la seda, y el sabio arzobispo griego de Atenas del siglo XII, Miguel Akominatas, añade que los vestidos de los magnates de Constantinopla se fabricaban en Tebas y en Corinto. En cierta ocasión Guido de la Roche, duque franco de Atenas, hizo un espléndido presente al Papa de sederías de esta ciudad. Los judíos eran los que principalmente se dedicaban a esta industria pero de ellos no se hace nunca mención en esta época. En cambio se da noticia de una colonia de Armenios, con motivo de un tributo que se les cobraba por los Catalanes sobre la producción de la cera.

Tebas monumelta.-El Castillo de Sant Omer.
Pocas son las noticias que tenemos de la Tebas monumental. Solo sabemos que a expensas de la curia ducal se construyeron en ella algunas casas. Esta es la única vez, durante la dominación catalana, que se habla de edificaciones contemporáneas. En el Ducado de Atenas tan solo alcanzó renombre, como construcción magnífica, un palacio franco; el que encima de la Cadmea edifició el mariscal Nicolás Sant Omer. Palacio y castillo, según el testimonio de la crónica griega de Morea, fueron destruídos por los Catalanes. Tan grandioso era que, al decir de la misma crónica, un rey se hubiera podido albergar allí con toda su corte. Adornaban aquel hermosas pinturas murales como las d elos castillos de los cruzados de Siria y Palestina, o las del palacio arzobispal de Patras de que habla Martoni, o las descubiertas recientemente en Mistra, en la Morea. Muntaner que debió verle durante su visita al infante de Mallorca, preso en la Cadmea, no dice de él una sola palabra. Pero Ciriaco de Ancona, el famoso arqueólogo italiano, al hablar de su primer viaje a Grecia de 1436, menciona el aula regia de Tebas, sin duda, la espléndida sala del palacio de Sant Omer, de la que copió antiguas inscripciones (45). Ello indica que en la época de los Acciajuoli volvió a ser rehabilitado el castillo, como residencia señorial, y a la vez que en la de los Catalanes, quedaban de él importantes restos. Pero está probado documentalmente que éstos para ciertos actos o ceremonias públicas utilizaban con preferencia la sala mayor del palacio arzobispal, como también lo habían hecho los francos, sus predecesores.

Sabios prelados de la iglesia tebana.
Muy pocas palabras dedicaremos ahora, para terminar este abocetado cuadro de la Tebas catalana, a su cultura intelectual. De la de los conquistadores catalanes no tenemos noticia alguna. La del episcopado latino, que en esta ciudad no se reclutó nunca entre ellos, propiamente no les corresponde. La Iglesia en general era la única que cultivaba los estudios y las letras. Mas los principales hogares de la cultura griega eran en aquel entonces, Bizancio, Salónica y el Monte Athos, y más tarde el Peloponeso, no Tebas, ni Atenas. Pero según el testimonio de Benjamín de Tudela, la colonia judía tebana era la más ilustrada de cuantas florecieron en esta ocasión en Oriente, y la más conocedora de la ley y textos rabínicos. Quizá debióse a esta circunstancia la causa o tal vez el estímulo del gran saber escriturario del arzobispo de Tebas –griego de origen-, Simón Atumano, que como hemos de ver, fué ornato preciado de la civilización bizantina en el siglo XIV. De él habremos de hablar también en las páginas sucesivas, por la participación que se le atribuye en la entrega de Tebas a los Navarros. Baste ahora consignar que es muy probable que hallara entre los ilustrado srabinos de Tebas, medios y facilidades para su versión griea, que podríamos llamar judaica, del antiguo Testamento, con dependencia del texto de David Kimchi (46). Atumano cultivó asimismo en su sede episcopal los estudios clásicos. A Tebas le cabe también la gloria de haber sido gobernada en la época catalana por otro de los prelados católicos más ilustres del Oriente griego, en el siglo XIV, el arzobispo Paulo, de origen latino. Doctísimo igualmente en las ciencias escrituarias, ello le valió elogios del sabio teólogo, filósofo e historiador bizantino Niceforo Gregoras, que reseñó las hazañas de los Catalanes en el imperio de Bizancio, y fué uno de los enemigos más implacables de la unión de las dos Iglesias.

Mas a pesar de haber sido Tebas durante toda la dominación catalana, la capital política y militar de los Ducados, la residencia del Vicario general y del Mariscal de la Compañía, como plaza fuerte no alcanzó nunca la importancia de Atenas y Livadia, defendidas por sus inexpugnables Acrópolis. En los capítulos de dicha ciudad –que hemos analizado en otro trabajo nuestro anterior (47)-, presentados al rey de Sicilia en 1367, se hace una especial mención de los castillos de Livadia, Neopatria y Siderocastron, que junto con la Acrópolis ateniense, tantas veces citada en los documentos de la época, bajo el nombre de castrum o castell de Cetines, constituían las más importantes fortalezas de la tierra; mas de la Cadmea tebana, no se dice nunca una palabra, en documento alguno de las cancillerías palermitana y barcelonesa. Mas por lo que se refiere a los capítulos de Tebas, que acabamos de citar, hay que hacer constar que igual silencio que respecto de la Cadmea, se guarda con la Acrópolis de Atenas.
 

V
CONQUISTA DE TEBAS POR JUAN DE URTUBIA

Ataque de los Navarros contra Tebas. Ausencia de ella de Bernardo Ballester.
La ciudad de Epaminondas no tiene historia militar medieval, hasta su sitio y conquista por los Navarros. Quizá la misma indefensión de que acabamos de hablar, es lo que les animó para intentar sobre ella un atrevido golpe de mano. De que los magnates de la ciudad no lo esperaban, y que el ataque sobrevino de improviso, es prueba fehaciente el que poco tiempo antes de él, la abandonaba lleno de confianza en el restablecimiento de la normalidad, Bernardo Ballester, uno de sus ciudadanos más prestigiosos; quizás el principal jee del que podríamos denominar partido anexionista o catalán en la Beocia. Por este concepto fué sin duda designado como procurador y enviado de las ciudades de Tebas y del condado de Salona, para presentar a Pedro IV los homenajes de aquellas regiones del Ducado. Después del noble D. Luis Fadrique de Aragón, el Vicario general del estado –el enemigo más temible que halló Urtubia en su campaña- ninguno de los catalanes avecindados entonces en tierra greiga, le superó en influencia política, y en servicios prestados a la Corona de Aragón. El rey Pedro IV se complugo en una ocasión de demostrarle muníficamente su gratitud, declarando que lo hacía, por ahber conseguido con sus esfuerzos que los Ducados de Atenas y Neopatria vinieran a su obediencia (48).

La ausencia de Ballester, en momentos tan críticos, de su ciudad nativa – era hijo de uno de los grandes de la Compañía, que se estableció en ella a raíz de la conquista- hemos de suponer que favoreció muchísimo a los Navarros, ya que dejaba a Tebas privada de su más poderoso, enérgico y denodado defensor.

Los defensores de Tebas.
La historia no nos ha revelado a quien quedó confiada la guarda de Tebas al ser atacada por aquéllos. ¿Era tal vez aún veguer o gobernante de ella, por prolongación de su mandato, Nicolás de Ardoino, descendiente directo de aquel Pedro de Ardoino, que desde Sicilia partió con la Compañía catalana para Oriente, y que ejerció en ella durante mucho tiempo el cargo de notario? Nuestro Nicolás de Ardoino se había ganado en la capital beótica un prestigio semejante al de los Almenarca y Peralta, respectivamente, en Livadia y Atenas, y por aclamación, después de una desastrosa época de anarquía, sus conciudadanos le elevaron al gobierno de Tebas, nombramiento que después confirmó Federico III, duque de Atenas, y aun prorrogó hasta septiembre de 1378, es decir, hasta muy pocos meses antes de sobrevenir la irrupción de las bandas de Naarra. Más demostrada que la participación en la defensa de su patria de Nicolás Ardoino, meramente hipotética., parece ser la de Francisco de Folgueres o Falgueres, caballero tebano distinguido, de pura cepa catalana, a quien podemos suponer hijo de Pedro de Folgueres, que en 1371 era gobernador o veguer del Atica (49). Consta que Francisce de Folgueres perdió sus bienes en la invasión navarra, cuya restitución a su favor ordenó más tarde el rey de Aragón (50).

Entre los defensores de Tebas no aparece ninguno de los nombres de aquellas históricas fugras de la Compañía catalana, que en este tiempo brillan en los anales de otras ciudades del Ducado. Solo dos oscuros e insignificantes se han salvado de las tinieblas que rodean este suceso, a saber: los de García Pertusa y Guido de Regio, catalán, al parecer, el primero, italiano el segundo. El rey de Aragón en premio de su lealtad les galardonó respectivamente con los bienes de dos traidores, Bernardo Forner y Francisco de Lenda (51).

La histórica familia de los Llurias, existente aún en esta época, cuyos diversos miembors aparecen citados en un catálogo contemporáneo de la cancillería barcelonesa de los nobles más adictos a la Corona de Aragón, no figura casi nunca en los acontecimientos que reseñamos, a pesar de que en Tebas, y aun en todo el país, había alcanzado en no lejanos días tan grande influencia política como prosperidad económica, desde que fué árbitro de los destinos del Ducado catalán, el vicario general y mariscal de la Compañía, Roger de Lluria. Cierto que ahora los Fadriques de Aragón habían recobrado de nuevo el prestigio perdido durante la hegemonía de los Llurias. Daba además la fatal coincidencia de que poco antes de la invasión, Juan de Lluria –hijo del citado vicario- señor del castillo del Estir (Styris) en la Beocia, había caído prisionero en poder del conde de Conversano, descendiente de los duques francos, que aprovechándose de la anarquía del país, había intentado de nuevo en 1378 recobrar la herencia que pertenecía a sus antepasados. De otro Roger de Lluria nos hablan los documentos de este tiemo. Dásele el nombre de Puntigano, por proceder sin duda de la Puglia o Calabria –de donde fueron originarios los Llurias de Italia, Cataluña y Grecia- región en que existe cabalmente un lugar de aquel nombre. Pero bien pudiéramos considerar la donación en su favor otorgada en 1381, por el rey Pedro IV –probable indemnización de uno de tantos despojos causados por la invasión navarra, a la cual se hace una alusión terminante (52).- como una fundada conjetura de haber tomado parte también el Puntigano en la defensa de la ciudad.

Derrota y cautiverio de Peralta veguer de Atenas.
Al ver a Tebas puesta en grave aprieto por la hueste navarra, la ciudad de Teseo –que cabalmente pocos años antes había negado a la capital política del Ducado su hegemonía gerárquica, y conseguido para sí cierta autonomía municipal- corrió ahora en auxilio de su antigua rival. Ante el peligro común los Catalanes de Grecia olvidaban sus antiguas discoridas. Galcerán de Peralta, antiguo castellano, veguer y capitán a un tiempo de la fortaleza de Cimon y de la ciudad, en unión de Pedro Balter, notario de ella, que como su colega el ateniense Dimitri Rendi, adicto a la casa de Aragón, manejaba tan bien la pluma como la espada, se presentó delante de Tebas, con una hueste escogida. Luchó ésta con denuedo para salvarla, mas la fortuna fué adversa a los Catalanes, y Peralta con sus allegados y su compañero de armas, Balter, fueron derrotados y hechos prisioneros por Juan de Urtubia en un combate desastroso, con gran golpe de su gente, después de haber derramado su sangre en defensa del país ducal y real (53). La noticia de la derrota y prisión de Peralta había ya llegado a Barcelona el último día de septiembre del año 1379 (54). Este hecho debió producir naturalmente en Atenas una honda impresión y aumentar la perturbación que en ella reinaba, y aun los peligros que la amenazaban, porque el valeroso caudillo era una de las figuras más importantes del partido anexionista, y de las que más habían trabajado para que aquellos lejanos territorios pasaran al dominio de la sacara corona de Aragón, como se la llamaba en el solemne lenguaje cancilleresco de la catalana Cetines. Se puede decir que desde 1370 era Peralta su regidor perpetuo con el doble título de castellano y capitán, hasta el punto de que bienpuede asegurarse que a él se le debió en gran parte el renacimiento y la importancia política que aquélla alcanzó en los últimos días de la dominación aragonesa. Aunque siciliano de origen, hasta cierto punto – por pertenecer a la noble familia de los condes de Caltabellota, oriunda de Cataluña, que dió un vicario general a los Ducados de Atenas y Neopatria- era catalán de corazón, y fué de los primeros en izar el pendón de las barras en el castell de Cetines, como llamaban los Catalanes a la fortaleza de Cimón, proclamando como soberano al rey de Aragón. Parece también que a él se debió que los muros de la Acrópolis fueran reforzados con nuevas defensas, empleando en su construcción los bienes y pensiones que la ciudad tenía destinado a la conservación de dicha fortaleza, y que, antes de su gobierno, se habían aplicado más de una vez indebidamente a satisfacer bastardas codicias personales (55).

Llama la atención en este episodio de la defensa de Tebas, que no volara también en su auxilio, desde su castillo de Salona, su conde D. Luis Fadrique de Aragón, Vicario general o gobernador supremo del país, en aquella sazón, tan leal a la metrópoli, tan aguerrido, tan diligente. Quizá la extensión de la invasión y la rebeldía, en los primeros momentos, y nuevos peligros después, le obligaron a mantenerse a la defensiva en sus inexpugnables montaña del Kiona y del Parnaso, y en su fuerte castillo. Consta, empero, que sus castellanos griegos Dimitro y Mitro lograron saalvar entonces el vecino castillo del Estir, en la Beocia, y que el propio conde al año siguiente (1380) trató de reconquistar la capital del Ducado, combatiendo rudamente a Juan de Urtubia, quien, como hemos indicado antes, se vió obligado a pedir la protección de los Hospitalarios. Sin duda que a no haberle sorprendido una temprana muerte, dos años más tarde, él hubiera salvado el país ducal.

La derrota de Peralta alienta la rebelión y la traición.
Fácil es de presumir también las desastrosas consecuencias que la derrota y prisión de Peralta tendría en Tebas. Harto difícil era ya su situación. La misma prisa con que acudió a socorrerla el castellano de la Acròpolis, indica cuan indefensa se hallaba y cuán poco contaba en sus propias fuerzas. El desastre alentó la audacia de los descontentos, y dió lugar a que la traición abriera las puertas a los enemigos capitales del ducado, com osuele llamar un curioso y largo documento de la cancillería ateniense, más de una vez aquí citado, a las gentes allegadizas de toda procedencia que formaban la mesnada de Urtubia, o combatían por cuenta propia aprovechando el general desorden. Ya tuvimos ocasión de obserar en nuestra primera reseña de estos sucesos, que las dos más importantes plazas fuertes que conquistaron los Navarros, Tebas y Livadia, fué sobre todo a la traición a lo que debieron su ruina. Los descendientes de la antigua Compañía, si es cierto que habían perdido este nombre militar, que a la vez parecía designar la consrvación de su espíritu de unidad interna, no se habían desprendido todavía de sus antiguos arrestos belicosos.

Participación del elemento griego.
Halló el caudillo navarro auxiliares eficaces dentro de los muros de la vieja Cadmea. Hállolos no solo en los Griegos, sino hasta en los mismos Catalanes enemigos de la anexión, así como también entre los Sicilianos y extranjeros de diverso origen que la habitaban.

Pero sobre todo fué el elemento helénico donde la traición reclutó sus más decididos y hábiles adeptos. En otros lugares como en Atenas y Livadia, se mostró aquél profundamente dividido y desorientado delante de la invasión navarra, que cual inesperada avalancha o nube de langosta cayera sobre el país. Una parte de la población indígena se puso resueltamente al lado de los invasores, esperando el bien del exceso del mal; mientras que otra parte luchó brava y tenazmente en favor de los antiguos dominadores, temerosa de caer todavía en peores manos. Así veremos defender heroicamente la Acrópolis sagrada de Cimon al hábil notario ateniense, Dimitrio Rendi, a sus hermanos y a todos sus antenados, al lado de su castellano Romeo de Bellarbre. Así hace lo propio el livadés Mauro Nicola, notario también como Rendi (los notarios belicosos abundan en esta época) con la inexpugnable fortaleza de su ciudad natal. Así por último vemos a los castellanos griegos de Salona correr a salvar el castillo del Estir de caer en poder de los Navarros, en ocasión en que cabalmente su señor, Juan de Lluria, se hallaba preso, como hemos dicho, en poder del Conde de Convérsano.

Reinaba, pues, una confusa indecisión en la conciencia del pueblo de la Grecia continental, a quien sólo guiaba por lo pronto un vago instinto de conservación material sin alzar los ojos a más trascendentales fines. No se había despertado todavía alí como en el Peloponeso, en aquella misma época, y aún antes de ella, el sentimiento de la nacionalidad, que había de abrirse paso también pocos años después, casi en la víspera de la total ruina de la dominación catalana, hasta en el mismo ánimo de aquéllos, que como el citado Rendi, habían sido sus más decididos favorecedores. De todas suertes, es en la época catalana cuando, después de un siglo de completa oscuridad e inacción el pueblo griego de estas regiones vuelve a tener historia, es decir, cuando torna a figurar en los sucesos de su patria.

Ninguna ventaja en rigor había de reportar a los habitantes de la Beocia, poco antes desconocedores de la tremenda catástrofe que se les venía encima, con el nuevo gobierno puramente militar, que iba a implantar en su suelo la aventurera hueste de Navarra. Sin embargo, ningún tebano griego que sepamos, se pudo dellado de los Catalanes. Quizá sólo pensó entonces la mayoría de los moradores griegos de Tebas en sacudir su yugo, como el enfermo cree aliviar su suerte, con un simple cambio de postura.

Aner, Domingo y Conominas maquinan la caída de Tebas y de Atenas
Micer Aner fué el principal factor e instigador de la entrega de Tebas. Debió de ser un personaje importante en ella, como Rendi en Atenas, y así lo indica también el título honorífico de Micer, que precede a su nombre, y con que se le designa en los documentos. Creemos asimismo que él fuera aquel Micer Aner (la semejanza de nombre y calificativo no puede ser mayor) que diez años más tarde puso sitio a Neopatria, defendida por el capitán catalán Andrés Savall (56). Para alcanzar la entrega de la Cadmea a los enemigos, Micer Arner o Aner se entendió con un tal Oliverio Domingo, habitante de la misma, y además buscó auxiliares en la misma Atenas. Ambos habían concebido el vasto y atrevido proyecto de sublevar a la vez la capital del Atica y la de la Beocia, aprovechando el pánico que en aquélla y ésta causara la total derrota y la prisión de Galcerán de Peralta. Ambos hallaron un activo cómplice en cierto catalán de Atenas, llamado Juan Conominas, cuyo nombre aparece or vez primera con motivo de este suceso, el cual con todos los de su apellido pertenecía a la fracción rebelde a la casa de Aragón. En mayo de 1380, fecha en que se promulgaron los capítulos de Atenas, Juan y Jaime Conominas habían perecido ya, sin duda en los sucesos de la invasión, realizada en el año anterior; pero vivía aún cierto Jaimet Conominas, de la misma familia, quien con Alberto de Mantua, perteneciente a la de los Bonacoisis, que tanta influencia tuvo en la historia de los Ducados, se había pasado a los enemigos capitales de la Corona. Todos estaban acaudalados con bienes y posesiones en la Cetines catalana. De ellos pedían al rey la adjudicación, en aquellos capítulos, los leales Romeo de Bellarbre y Guerau de Rodonella, en recompensa de sus servicios: el primero los de Jaimet Conominas y Alberto de Mantua; los de Juan Conominas, el segundo. A la vez que Conominas desde la capital del Atica maquinaba la entrega de Tebas, Oliverio Domingo desde esta ciudad hacía por su parte todos los esfuerzos para conseguir la rebelión de Atenas. Entre tanto Micer Arner estaba en contínuos tratos ya con el uno, ya con el otro de ambos conspiradores. Parece que la participación de Oliverio Domingo fué tan eficaz y decidida, que sus contemporáneos afirman que casi exclusivamente por obra suya se perdió Tebas y no quedó ciertamente por él, el que la Acrópolis y la ciudad de Atenas no se rebelasen (57).

Contribuyeron también a la expulsión de los Catalanes de Tebas Bernardo Forner y Francisco de Lenda, cuyos bienes, como hemos visto antes, fueron prometidos por su soberano a los leales García Pertusa y Guido de Regio (58). El traidor Lenda había tomado antes parte principal en la rebelíon de la rama menor de la casa de Aragón en Grecia, contra el vicario D. Luis Fadrique, conde de Salona (59).
 

VI
EL ARZOBISPO SIMÓN ATUMANO

Puede considerarse traidor al arzobispo Atumano? Su reivindicación como prelado.
En los registros de la cancillería catalana es contado también el sabio prelado de Tebas, Simón Atumano, de quien ya hemos tenido antes ocasión de hablar, en el número de los fautores de la entrega de dicha ciudad a los Navarros. El grado de su participación en este hecho nos es del todo desconocido. Con todo no ya este grado, sino el hecho nos es del todo desconocido. Con todo no ya este grado, sino el hecho en sí mismo, ha sido puesto en duda por el eminente bizantinólogo italiano Mons. Mercati, actual prefecto de la Biblioteca Vaticana, el cual ha consagrado al prelado tebano una sólida monografía, la primera que sepamos sobre él se haya escrito. En este excepcional personaje nos hemos ocupado ya con cierta extensión en otro estudio nuestro precedente (60), donde procuramos rectificar algunas de las aserciones hechas por aquel benemérito escritor. Del contenido de él hacemos gracia en estas páginas a nuestros lectores, insistiendo ahora tan sólo en aquella parte que pueda más o menos directamente interesar al esclarecimiento de los sucesos aquí relatados. Excusado es señalar el gran servicio que Mons. Mercati ha prestado a la historia y a las letras, reividicando el valor intelectual y moral de Atumano, cuya figura quedaba muy mal parada a la sola luz de los apasionantes documentos del archivo de nuestra historia nacional. Creemos que ahora las cosas pueden ponerse más en su punto, y esto es lo que vamos a intentar en estas líneas.

Uno de los indicados documentos dice que Simón fué natural de Constantinopla, hijo de un turco y de una griega cismática (61). Lo primero, es decir, el lugar de su nacimiento está plenamente probado por otros diversos testimonios (62), pero no así su filiación turca. Bien pudiera ser que tuviera razón en este punto nuestro documento. ¿El extraño apellido de Atumano, no podría haberlo recibido precisamente por su origen otomano? Recuérdes que con igual epíteto se designo también, entre otros, al príncipe Orchan, por los historiadores bizantinos Gregoras y Cantaccuzeno.

Lo que de su biografía principalmente nos interesa es saber que desde la sede de Geraci, en la Calabria, que regentó desde 1363 a 1366, fué trasladado a la de Tebas, durante el gobierno del mariscal Roger de Lluria. Nombróle para esta diócesis el 17 de abril de 1366, el papa Urbano V, haciendo de sus virtudes cumplido elogio (63). Mas a pesar de los doce años que vivió con los Catalanes, y de la activa participación que tomó en los asuntos políticos del Ducado, parece que su convivencia con ellos no debió serle grata, y ello le determinaría a unir su suerte con la de los nuevos invasores. Los Catalanes ofendidos por la conducta desleal de su prelado, debieron pintarle a su rey con los más negros colores, antipatía que quizá tenía aún más hondas raíces. Varios son los documentos del Archivo real, relativos al arzobispo de Tebas, en lso que se pide su destitución (64), pero en uno sobre todo, el apasionamiento no retrocede ante la calumnia, ni ante las más violentas acusaciones. No sólo se le echa en rostro su inteligencia con los enemigos capitales de la Corona, que condjo la ciudad de Tebas a su ruina, sino que se le presenta como un antiguo calogero o monje griego de Bizancio, vicioso e intrigante, el cual tras de haberse salvado con la fuga del castigo de la hoguera a que estaba condenado por su espantosos crímenes, que la lengua no se atreve a referir, una vez en extranjera tierra con apariencias hipócritas logró engañar al papa Gregorio XI (sic) hasta conseguir de él el arzobispado de Tebas (65).

¿Quién reconocería en este viejo libertino y depravado, con tan negros trazos descrito, al doctísimo teólogo y filólogo, que por sus grandes conocimientos de las lenguas griega, hebraica y latina, mereicón ser comparado por Raoul de Rivo, el sabio decano de Tongres (+1405), con el mismo San Jerónimo? ¿Es posible que fuera al mismo tiempo un varón de tan rara e indiscutible ciencia, con agrado de lleno a profundos estudios y trabajos de erudición, que son entre todos los más duros y penosos? ¿Es posible que un sujeto de tan pésimos antecedentes fuer ael autor de una Biblia triglota, que dedicó al papa Urbano VI, anticipación inesperada, en plena Edad Media, de la famosa Poliglota de nuestro gran Cisneros, y cuyo texto griego llena hoy de admiración a los más doctos filólogs, por su soberano dominio de la lengua de Homero? Pero aún hay más todavía. Simón Atumano a la par que un sabio, fué un prelado católico de firmes creencias, que combatió rudamente a los cismáticos, sus propios compatriotas; fué un varón óptimo por sus virtudes, respetado y alabado por todos los papas de su época, Urbano V, Clemente VI, Gregorio XI y Urbano VI, y que al decir de Demetrio Cidonis –otro de los luminares de la cultura bizantina del siglo XIV- hacía honor a Grecia y a Italia (66); un varón a quien Venecia consideraba digno de otorgar el título de ciudadano de su República (67), y que mereció, por último, la consideración de hombres tan ilustres en el Renacimiento italiano como Colluccio Salutati, que elogio altamente su versión latina de Plutarco, De remediis irae (68).

Participación de Atumano en la entrega de Tebas.
Las enormidades que contra el arzobispo Atumano se leen en la carta de PedroIv (69), en que se pide su remoción, darían fundada causa a la crítica histórica a poner en tela de juicio, cual lo ha hecho Mons. Mercati, la participación que en dicha carta se le atribuye en la entrega de Tebas a los Navarros (70), si otras razones de más peso no vinieran a corroborarla. Pero aún considerada en sí misma la afirmación del documento, tiene ella indubitable valor de certeza, por referirse a un hecho, tiene ella indubitable valor de certeza, por referirse a un hecho de que podían ser testigos presenciales, o informados plenamente por los que lo fueron (v. gr. por los fugitivos de Tebas que buscaron en Atenas su salvación) los mensajeros de Grecia que en septiembre de 1380 se presentaron al rey en Lérida, para darle cuenta de los sucesos recientemente ocurridos en los Ducados, y sobre todo los de la invasión navarra. En cambio todo lo relativo a los antecedentes personales de Simón Atumano, es decir, a sucesos muy anteriores a su llegada a Tebas, en 1367, tales como su fuga de Constantinopla a tierras extrañas, su apostasía, sus supuestos crímenes, sus intrigas; todo esto sólo por vagas y falsas referencias podían saberlo. Y se ha de reconocer que si Fr. Juan Boyl, procurador y mensajero del común de la ciudad de Pericles, fué el que puso principalmente en autos de tales hechos (que también pudo referir a su colega Rodonella) a su soberano, no anduvo muy bien enterado de ellos, ni escrupuloso al referirlos, sino es que obró a sabiendas al falsearlos, llevado de móviles bastardos, para conseguir la codiciada mitra tebana, que debía resarcirle de los daños sufridos con la pérdida de su antigua diócesis d eMegara, y sacarle de la precaria situación en que se encontraba, sin más congrua eclesiástica que la mezquina pensión anual cobradera del beneficio de la capilla de San Bartolomé, que existía en la época catalana en los antiguos Propileos.

Pero hay otras razones que en este pleito alegan contra el docto prelado de Tebas. Es evidente que si hubiera sido su conducta favorable a la causa catalana, Pedro IV no se diera tanta prisa, ni tenido tanto interés en pedir al Papa la remoción de su cargo. Ningún otro de cuantos formaban la gerarquía eclesiástica de los Ducados en este tiempo –que constaba de tres arzobispados y cinco diócesis sufraganea- cayó en desgracia del rey de Aragón, ni fué objeto de una acusación emejante; antes bien todos fueron conservados en sus diócesis. Atumano, en cambio, si bien desamparó su sede, lo hizo bastante tiempo después de su conquista por los navarros. No siguió la suerte de su rebaño espiritual que abandono casi en masa su ciudad ante la temida invasión; no imitó el ejemplo de su hermano de apostolado, el prelado fray Boyl antes citado, que en cuanto se vió privado de su sede de Megara, fué a refugiarse en la Acrópolis ateniense. Todo esto hace con harta razón muy sospechosa su conducta. Además si hubiera sido malquisto a los Navarros, éstos indudablemente le hubieran extrañado de su diócesis. Ni nos consta tampoco que cuando, después de cruenta contienda, vinieron los Ducados a la obediencia de Pedro IV, figurara al lado de los arzobispos de Atenas y Neopatria, y los obispos de Megara y de Salona, en las filas del partido adicto a la corona aragonesa. Por último cuando la dominación navarra le fué odiosa e insostenible, no se refugió en las vecinas Atenas o Salona, gobernadas aún por los Catalanes, sino en la lejana Italia, prefiriendo exponerse a un largo viaje y como tal lleno entonces de peligros.

La época del voluntario destierro de su diócesis de Simón Atumano, lo podemos fijar aproximadamente. Cuenta el antes citado Raoul de Tongres, el cual estuvo en Roma en el invierno de 1381 a 1382, que en este tiempo conoció allí a Atumano, que le adoctrinó en la enseñanza de la lengua griega (71). Su ausencia en estos días de la capital de su diócesis está probada igualmente por nuestra cancillería (72). Antes de llegar a Italia, tal vez al abandonar su sede y probablemente a principios de 1381 (73), debió escribir a su amigo Demetrio Cidonis, de Constantinopla, la cara a la que ya nos hemos referido, y que, de haberse conservado, nos hubiera enterado de sus amargas quejas por la aflictiva situación en que quedó la capital tebana después de la irrupción navarra, y de los horrores cometidos en aquella sazón por cuantos intervinieron en la encarnizada contienda. Sabemos, además, que en esta carta manifestaba Simón a su amigo, que quiso permanecer en Tebas hasta el último momento para sacrificarse por el bien de su grey y prodigarle sus asiduos cuidados pastorales, pero le fué imposible realizarlo a causa de la horrible perversidad de aquellos Españoles, que –son sus propias palabras- blasfemaban de Dios en su grosera lengua, despreciando la Iglesia, pisoteando cual polvo las leyes, oprimiendo a todos, y usando con todos de intolerable libertinaje".(74)

Ahora bien; los Españoles con los cuales no pudo permanecer más tiempo el arzobispo Atumano parece que no podían ser otros que los Navarros, con los cuales convivió unos dos años; mal podían hacer intolerable entonces su situación los Catalanes que abandonaron la ciudad en cuanto entraron en ella los enemigos. Las violencias de los Navarros habían de estar más frescas en su ánimo, como más recientes, que las de los antiguos dominadores, ya pasadas. Otra razón da lugar también a creer que se refiere a los Navarros la palabra Españoles en el texto empleada. En efecto, los escritores bizantinos, que sepamos, jamás acostumbraron a designar a los Catalanes con tal epíteto; llamábanlos algunas veces latinos, francos y hasta italianos, y con más frecuencia con su propio nombre nacional. Mas, a pesar de todo, la acusasión es vaga; es confusa. No la oimos tampoco directamente de la boca misma de Atumano, cuya carta no conocemos, y que, repetimos, de haberse conservado tanta luz arrojara en los sucesos de aquella oscura época; es una voz que sólo oimos de rechazo al través de la retórica, hinchada y poco precisa respuesta de Cidonis. Pero nos sume de nuevo en la incertidumbre la afirmación de este último de que los autores de aquellos horrores se dispersaron, cosa que sólo, al parecer, puede conenir al éxodo de los leales de D. Pedro IV a Atenas, Eubea y otros lugares vecinos. De todas suertes no deja de ser sumamente curioso el juicio despectivo del citado escritor bizantino, ya se aplique el equívoco epíteto de Españoles a los Navarros, ya a los Catalanes, no sólo en cuanto al sentido étnico de su origen, sino respecto a la lengua que unos y otros hablaban, que es calificada de grosera o inculta; desprecio tradicional, heredado de los antiguos griegos, y muy en carácter en un sabio bizantino, para quien, a la para que para aquéllos, debía sonar como bárbara cualquier lengua occidental.
 

VII
SUCESOS POSTERIORES A LA CONQUISTA DE TEBAS

Saqueo de Tebas.
Las frases que acabamos de comentar dan a entender claramente que la conquista de Tebas por los Navarros, fué precedida, acompañada y seguida de innumerables violencias y crueldades, parecidas a las que señalaron la aparición de la Compañía catalana, sesenta y ocho años antes en aquellos mismos territoriso. Pero no todas se han de cargar en cuenta a la desesperada defensa de los Catalanes, si es que a ellos quiso únicamente referirse el prelado tebano. Parece también que Juan de Urtubia saquéo y destruyó la vieja ciudad de Cadmno, y pasó al filo de la espada a los moradores que cayeron en sus manos (75). Del violento saqueo sabemos que fueron víctimas no sólo simples ciudadanos como el caballero catalán Francisco de Folgueres o Roger de Puntigano, sino aún los mismos bienes sagrados. El propio Atumano lo fué a la larga también y participó del despojo que sufrió la sede. Las rentas del arzobispado de la catalana Destives en el siglo XIV, se calculaban en unos 15.000 florines (76). Privado de sus emolumentos cayó aquel prelado en la mayor miseria. De ella se quejaba a su docto amigo de Constantinopla, si bien que reconociendo al recordarlo, que esa misma pobreza le hacía más grato y más justo a los ojos de Dios (77). Pero no fué el único prelado privado de sus bienes, ni la suya la única sede esquilmada por las violencias de la guerra. De otras expoliaciones tuvo noticia el rey D. Pedro IV, por lo cual ordenó al vizconde de Rocaberti, en 1380, que en llegando a Grecia devolviera a todos los prelados de aquellos sus lejanos dominios cuantas posesiones pertenecieran a las iglesias de su jurisdicción, de que hubieran sido violentamente despojadas (78). Razón tenía dicho rey al dirigirse al papa Urbano VI en exclamar que de la invasión de los Navarros se habían seguido infinitos males y escándalos (79).

Estado de los Tebanos.
Pone el sello al triste cuadro que acabamos de presentar la fuga a la desbandada y casi colectiva de los Tebanos catalanes y griegos que pudieron salvar su vida, a la Eubea, a Atenas y a otros lugares cercanos. Que muchos Catalanes se refugiaron en la capital del Atica, dejando abandonados a las invasores sus bienes y hacienda, lo afirman categóricamente los llamados capítulos de Atenas que tan al vivo nos describen la triste situación, los afanes y pobreza de esta ciudad en 1380 (80). Pero la mayor parte de los Tebanos buscó amparo en la cercana isla del Negroponte o de la Eubea, que entonces al igual que ahora, sólo separaba un puente de la tierra beótica, por lo cual recibió idcho nombre, equivalente al de isla del puente negro. Por ella vagaron largo tiempo los infelcies desterrados con sus rebaños o sus animales y su pobre ajuar, esperando en vano, la hora del regreso a sus hogres (81). Muy numeroso debió de ser el éxodo de los tebanos cuando el rey de Aragón al tratar de comunicar en 1381 a la universidad o sea al común de Tebas, el nombramiento del vizconde de Rocaberti, como vicario general de los Ducados, lo hizo dirigiéndose sólo a sus vasallos, así frnacos (nombre con que se designaba también generalmente a los Catalanes), como griegos, arrojados de la ciudad de Estives que habitaban en el Negroponte (82).

La historia se repite. En efecto, la costumbre de refugiarse en la vecina isla de Eubea los habitantes de la Beocia y del Atica, sobre todo los de la primera para huir de los horrores de las guerras civiles o extranjeras, arranca de la más remota antigüedad. Cuando la guerra del Peloponeso, los Atenienses, como ahora los Catalanes, buscaron también en ella su salvación. Asimismo los fugitivos de 1379 se encontraron allí con más de un descendiente de aquellos francos que al ser tomada Tebas por la Compañía en 1311, acudieron a refugiarse también en su fértil suelo. El presentaba grandes garantías de seguridad, porque pertenecía a Venecia, la cual ofrecía benevolamente hospitalario albergue en su colonia insular a cuantos lo necestiban. No todos los que huyeron a la Eubea en esta época lo hicieron por el temor de los Navarros. Algunos griegos que no disfrutaban de los derechos de ciudadanía concedidos sólo a los conquistadores, reducidos a la lamentable condición de siervos de la gleba, hallaron en aquel turbulento estado de anarquía la ocasión propicia para recobrar en dicho asilo su perdida libertad (83).

Ignoramos si la fecha cierta en que la traición abrió las puertas de la Estives catalana a los Navarros. La noticia del suceso llegó a Barcelona después del 13 y antes del 30 de septiembre de 1379 y fué que no teniendo confianza en el mantenimiento de su dominio en el ducado de Atenas, anuló el nombramiento de Vicario general en fecha, y confirmó en la última al Vicario anterior D. Luis de Aragón, hasta nueva orden. Ahora bien, teniendo en cuenta la larga duración de los viajes marítimos en aquellos tiempos, podemos calcular que la caída de Tebas pudo muy bien tener lugar antes de empezar el verano de dicho año. (84).

Duración de la dominación navarra en Tebas.
Con la conquista de Tebas desaparecen los Navarros casi por completo de su historia. De su estancia en la Grecia continental sólo conocemos unas pocas noticias relativas a la toma de las dos principales ciudades de la Beocia, Tebas y Livadia, y a la efímera de Atenas; ninguna relativa a la duración, ni fin de su dominio; mientras que respecto de la Morea podemos determinar con exactitud el principio y el término de aquél, la sucesión de los caudillos que gobernaron la Compañía, y sus principales efemérices históricas en los cuatro lustros que se sostuvo en aquella península.

Los Navarros vuelven a aparecer en la historia del Ducado en 1389, deseosos de reconquistar las tierras que les fueron arrebatadas por Nerio Acciajuoli, su antiguo aliado, a quien siempre consideraron como un usurpador. Cierto que al caer aquel prisionero de su caudillo, Pedro de San Superano, ofreció a éste por rescate Tebas y otros lugares del Ducado, pero de todo ello no nos incumbe hablar ahora, y además este episodio forma más bien parte de la historia de la Compañía en el Peloponeso, que de la de la Helade. La ciudad de Tebas no volvió a formar parte del Ducado catalán. El vizconde de Rocaberti en su expedición a Grecia en 1381 no pudo ya reconquistarla, y nos consta que en 1383 no pertenecía a los Catalanes (85), pero no podemos afirmar si todavía se hallara gobernada por los Navarros, o si había sido recuperado por los Griegos. La paz o la alianza formada entre el vizconde de Rocaberti y la Compañía navarra en 1382, da lugar a suponer que Juan de Urtubia y los suyos habían evacuado la Beocia y unídose a sus hermanos del Peloponeso. A principios de 1388 Tebas estaba sometida ya a Nerio Acciajuoli. Sabemos que en esta época refugióse dentro de sus mruos, para huir de la peste que asolaba Atenas (85), cuya Acrópolis aún no había caído en su poder. Es de creer que la Beocia fuera ocupada también por los florentinos cuando en 1387 Nerio expulsó a los Catalanes del Ducado.

Suerte ulterior de los personajes que han figurdo en este episodio.
Escasas son también las noticias que nos han llegado respecto a la suerte de algunos de los principales personajes que han aparecido en el escenario del sangriento drama que se ha desarrollado ante nuestra vista. Del capitán de la Compañía, Juan de Urtubia, perdemos todo rastro desde fines de 1380, última vez que se presenta en escena con motivo de la porfiada guerra que le hacía D. Luis de Aragón, para restaurar el país ducal. Menos afortunado que su conterráneo Mahiot de Coquerel, que lo logró en la Morea, no pudo fundar para su hueste en la Beocia un principado como el navarro que sustituyó en aquella península a los antiguos dominadores francos y napolitanso. El nombre del conquistador de Tebas no figura ni entre los magnates de la Compañía que firmaron en 2 de Enero de 1382, el convenio de paz con Venecia, ni entre los que ocmponen la lista de los señores navarros que en 1390, se habían repartido ya los feudos del Peloponeso.

Pocos son asimismo los dato sque se han salvado acerca de los restantes personajes que tomaron parte en la defensa o entrega de Tebas. De los leales que desde Atenas volaron en su socorro, nos consta que en mayo de 1380 se encontraba ya dentro de sus muros Pedro Balter, quien solicitaba del rey después de libertado pingües recompensas en cambio de sus servicios. Galcerán de Peralta también a fines del mismo año, o principios de 1381, había regresado a su Cetines, rescatado del cautiverio, gracias a la mediación, como ya se ha consignado, del gran maestre Heredia (86). En cuanto a Simón Atumano ya hemos indicado, hace poco, que a fines de 1381 o pirncipios de 1382, debía de hallarse en Roma. Sólo para que nada falte en este grupo de los supervivientes de la catástrofe tebana, recordaremos aquí que en la segunda mitad del año 1389 aparece Micer Arner sitiando la aérea e inexpugnable acrópolis de Neopatria, penúltimo baluarte de los Catalanes, pudiendo así ostentar el título de libertador de dos históricas ciudades de la antigua Helade; Tebas e Hypate. (87).

La relación de los restante sucesos de la campaña de los Navarros en los Ducados catalanes no entra en el limitado cuadro del presente estudio, ya sobrado extenso. Todo ello ha de fomrar parte de nuestra todavía inédita Historia de la dominación navarra en Grecia, que Dios mediante, pensamos ofrecer algún día a la más alta institución de cultura del noble solar vascongado.
 

INDICE

PRELIMINARES.-Estudios procedentes acerca de la Historia de los Navarros en Grecia.-Consideraciones sobre esta historia.
I.-LOS NAVARROS EN LA ALBANIA.-Derechos de D. Luis de Evreux a la Albania.-Formación de la Compañía navarra.-Los Navarros al mando de D. Luis de Evreux. Toma de Durazzo.-Los Navarros en Durazzo.-Los Navarros ofrecen sus servicios a D. Pedro IV de Aragón.-Los caudillos de la Compañía navarra.
II.-LOS NAVARROS EN LA MOREA.-Fracaso de las negociaciones con D. Pedro IV.-Los Navarrso son invitados a pasar a la Morea.-Nerio Acciajuoli y el ducado catalán de Atenas.-Los Navarros y los Hospitalarios.-El Maestre Heredia en la Morea.-Gauchier de la Bastida, y el Maestre Heredia toman partido contra los Catalanes.
III.-LOS NAVARROS EN EL DUCADO DE ATENAS.-Situación del Ducado de Atenas. Antecedentes de Juan de Urtubia.-Invasión del Ducado por Urtubia.-Urtubia se dirige contra Tebas.-Los señores del Archipiélago y de Bodonitza corren en su auxilio.
IV.-TEBAS EN LA ÉPOCA CATALANA.-Importancia política de Tebas.-Su descripción.-Su vida mercantil e industrial.-Tebas monumental: el castillo de Sant-Omer.-Sabios prelados de la Iglesia tebana.
V.-CONQUISTA DE TEBAS POR JUAN DE URTUBIA.-Ataque de los Navarros contra Tebas. Ausencia de ella de Bernardo Ballester.-Los defensores de Tebas.-Derrota y cautiverio de Peralta veguer de Atenas.-La derrota de Peralta alienta la rebeldía y la traición.-Participación del elemento griego.-Aner, Domingo y Conominas maquinan la rebelión de Tebas y Atenas.
VI.-EL ARZOBISPO SIMON ATUMANO.-¿Puede considerarse traidor al arzobispo de Tebas, Atumano?. Su reivindicación como prelado.-Su participación en la caída de Tebas.
VII.-SUCESOS POSTERIORES A LA CAIDA DE TEBAS.-Saqueo de esta ciudad.-Exodo de los tebanos.-Duración de la dominación navarra en Tebas.-Suerte ulterior de los personajes que han figurado en este episodio.
 
 
 
 
 
 
 

(1) "Das Austreten der navarrischen Compagnie in Morea ist bisher in tiefste Dünkel gehüllt gewesen". Griechelnad im Mittelalter. VII. p. 12.
(2) Hopf, Griechenland in Mittelalter, vII, 34.
(3) Constantin Jirecek: Geschichte der Serben. Gotha 1918-II. 106.
(4) Los Navarros en Grecia y el Ducado catalán de Atenas en la época de su invasión... Memorias de la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona. Tomo IV (1887). p. 427 Vid. Documentos del Archivo de la Cámara de Comptos de Pamplona, publicados en esta obra, y especialmente el núm. VII.-Aunque con alguna confusión e inexactitud, tratan del origen y alistamiento de la Compañía de Luis de Evreux, los siguientes historiadores de Navarra, a saber: el P. Francisco Aleson: Anales de Navarra. Tomo IV. Ed. de 1709, cap. X-José Yanguas y Miranda, Historia compendiada del reino de Navarra. San Sebastián, 1832, p. 209 y s.s.- José de Moret. Anales del reino de Navarra. Tolosa. E. López. 1890-1892. (12 vols.).-Pedro de Madrazo. Navarra y Logroño. Barcelona. 1886 t. II, p. 450.
(5) Los Navarros en Grecia, etc., p. 529. Vid. doc. n.º IV del Archivo de Pamplona antes citado.
(6) Archivo de la Corona de Aragón, Barcelona, 23 junio 1377. Se halla este documento en nuestro Diplomatorio del Oriente Catalán, en curso de impresión. Siempre que en adelante tengamos que referirnos a algún testimonio de esta colección, lo haremos, para abreviar, en esta forma: D. del O.C.
(7) C. Jirecek: Geschichte der Serben, II, 109.
(8) Arch. Cor. Ar. Doc. de 21 y 23 Junio 1377. D. del O.C. Carta de D. Pedro IV a Mossen P. de la Saga y Mahiot de Cocarell, camarlengos del rey de Navarra, y Juan de Urtubia y Guarro, escuderos, en la que les recomienda que "ensemps amanets vostres cavalls e vaixells del quals havets compliment..." D. del O.C.
(9) C. Jijrecek: Geschichte der Serben. Gotah, 1918, II, 169.
(10) Arch. Cor. Arag. Valencia 12 Septiembre 1382. D. del O. C.
(11) Delaville-le Roulx. Les Hospitaliers à Rhodes jusqu'à la fin de Philibert de Naillac. París 1913. p. 210.
(12) A. Rubió y Lluch. La Grecia catalana desde 1377 a 1379. Anuari de l'Institut d'Estudis Catalans. Vol. VI. Barcelona 1920. p. 63 y 64. (Tiraje aparte)
(13) Delaville-le-Roulx. Les Hospitaliers à Rhodes, p. 210.
(14) Delaville-le-Roulx. Ibid, p. 210.
(15) Delaville-le-Roulx Ibid. pag. 210. nota.
(16) Arch. Cor. Arag. Lérida 23 Septiembre 1380. "percepimus quod vos sepius requissivitis ac requiri fecistis eundem Ludoicum, ut cum Johanni de Ortobia et sequacibus suis iniret pacem, cum conminacione quod nisi hoc faceret, vos procederetis ad faciendam guerram contr aipsum, gentes et terras suas..." D. del O. C.
(17) A. Rubio y Lluch. La Grecia catalana desde 1374 a 1379. p. 64.
(18) Arch. Car. Arag. Lérida 10 Septiembre 1380.-He aquí en qué términos lo pide el rey de Aragón al Maestre Heredia "Quapropier religionem vestram requirimus et rogamus quatenus dictum nobilem Galcerandum de Peralta faciatis per dictum Johannem de Ortobia liberari..."
(19) Dos cartas del rey, guarda el Archivo de la Corona de Aragón escritas en este sentido, fechadas las dos el 10 Sept. de 1380. La primera va dirigida sólo al gran Maestre Heredia; la segunda al mismo y además a Bertran Flota, gran Comendador del Hospital. En la segunda se leen las palabras citadas en el texto: "nec videmus causam ob quam vos invasores terrarum et genium nostrorum debeatis aliquatenus sustiner. D. del O. C.
(20) Arch. Cor. Arag. Barcelona, 10 Mayo 1378. D. del O. C.
(21) Arch. Cor. Arag. Barcelona, 2 Agosto 1379. D. del O.C.
(22) Arch. Cor. Arag. Lérida, 10 Septiembre 1380 "percepimus quod aliqui vestrum minantur dictos homines ducatuum invadere..... sicut jam alias es damna divers intulerunt....." Los Navarros en Grecia, p. 250.
(23) Obsérvese que en el documento que acabamos de citar se dice percepimus quod aliqui vestrum minantur, etc.
(24) Arch. Cor. Arag. Zaragoza, 8 Mayo 1381. D. del O.C.
(25) Los Navarros en Grecia, etc. p. 167.
(26) La Grecia catalana desde 1377 a 1379. Anuari de l’Institut d’Estudis Catalans. Vol. VI. Barcelona. 1920. P. 178.
(27) Archivo Real y General del Reino de Navarra. C. 18. F. 128.
(28) Doc. De Estella de 14 febrero 1374. Arch. Real y General del Reino de Navarra. C. 28. F. 38. Firma como testigo, Mossen Peres de Laxaga cavaleyro, a quien hemos visto figurar como uno de los jefes de la Compañía navarra, en Durazzo, después de la muerte del Infante D. Luis.
(29) Doc. Datado en San Juan del Pie del Puerto, el 18 febrero 1374. Ibidem. En estos documentos se llama a nuestro caudillo Johaneo Durthubie, o Durthubia. En los del Archivo de la Corona de Aragón se le designa con los nombres de Ortubia y Ortobia. Nosotros adoptamos el del citado archivo de Navarra. No hay que decir cuan desfigurado aparece este apellido en otras fuentes extranjeras.
(30) Arch. Real y General del Reino de Navarra. Doc. Datado en Estella. Compto 1375-75. R. 152. F. 12.
(31) Los Navarros en Grecia..... Barcelona 1886. Vid. Sobre todo el doc. VII, ya en otro lugar mencionado.
(32) DELAVILLE LE ROUX, Les Hospitaliers à Rhodes, p. 209
(33) Arch. Cor. Arag. Barcelona 30 Septiembre 1379. D. Del O. C. Intelleximus quod Johannes de Ortovia..... tenet captum nob. Galcerandum de Pealta qui..... eamdem civitatem (Thebarum) defendit....
(34) Proviene este singular título de la gerarquía feudal franca de la época del reparto del Imperio bizantino entre los cruzados latinos. No hubo un islote perdido en aquel intrincado dédalo de islas, que une la Grecia con el Asia Menor, que no tuviese su barón, lombardo, genovés o veneciano. Marino Sanuto, duque de Naxos, obtuvo en 1210 del emperador latino de Bizancio, Enrique d’Angre, la soberanía sobre aquel grupo insular, y se intituló Duque del Archipiélago o de la Dodecanesia, por estar constituído de doce islas. G. SCHLUMBERGER, Numismatique de l’Orient Latin. P. 392.
(35) En la primera organización de la isla del Negroponte o de Eubea después de su conquista por los Francos, fué repartida entre tres señores, que por esta razón se llamaron terciarios. Estas tres partes eran la de Oreos al norte, Chalcis al centro y Karystos al sur.
(36) “Nicoluas iste aveva tratado cum una compagnia de Navarresi..... per signorizar la citade de Negroponte.” Estrati degli annali veneti di Stefano Magno. Vid. Horr. Chroniques greco-romanes. Berlin 1873. P. 183.
(37) Item lo Marques de la bandoniça, qui es tingut cscun any de presentar al Vicari del Ducam IV cavalls armats. Arch. Cor. Arag. R. 1559. Fol. I. D. Del O. C.
(38) Los Navarros en Grecia..... p. 216, 217. “Et prohibeatis ducem del Archipelech, Marchionem de la Bondoniá et quosdam alios vassallos et subditos dicti Communis Venecie qui manifeste sunt nobis et dicis Ducatibus contrarii dictis navarris hostibus nostris quem posssunt impendendo favorem ne talia de cetero attentare presumant....” D. Del O. C.
(39) HOFF, Griechenland im Mittelaler..... Leipzig. 1870. VII. 23.
(40) W. MILLER. The Latins in the Levant. Traducción greiga de Sp. P. Lambors. Atena 1909-19190. T. II, 469. Decíamos en 1886 en nuestra introducción a la obra ya citada, Los Navarros en Grecia, etc. P. 15: A los Navarros “no ha de serles indiferente saber que sus antepasados reinaron largo tiempo en la misma ciudad de Nestor y en la Mesenia que hicieorn famosa las guerras espartanas y que en triunfal paseo recorrieron desde las costas de la Albania hasta la antigua Pylos, al sur del Peloponeso. Porque ¿qué pueblo no consideraría como legítima gloria nacional haber subyugado el suelo mismo de los héroes y los dioses..., etc”.
(41) Para conocer todavía con más detalles, y con la enumeración de las fuentes de consulta, el boceto de la Tebas catalna que intentamos trazar en el texto, vean los lectores mis monografías, casi inéditas, tituladas: Els goberns de Matheu de Moncada y Roger de Lluria en la Grecia catalana (1359-1370). Bercelona 1912. (Anuari de l’Institut d’Estudis Catalans. MCMXI: p. 47 y ss.) y La Grecia catalana desde 1370 a 1377. Barcelona. 1914. (Anuari de l’Institut d’Estudis Catalans. MCCXIII-MCMXIV. P. 84 a 91)
(42) MUNTANER. Crónica. cap. 244.
(43) Archivio di Stato di Palermo. Canc. XI. F. 110. Mesina 6 abril 1368 D. Del O. C.
(44) W. HEYD. Histoire du commerce du Levant au moyen age. Leipzig 1885. T. I, 478. CAPMANY: Memorias históricas sobre la marina, comercio y artes de la antigua ciudad de Barcelona. Madrid. 1779, no trae noticia alguna sobre el comercio de los Catalanes con Tebas.
(45) F. GREGOROVIUS. Geschichte der Stadt Athen in Mittelatter. Suttgart. 1889. II, 307.
(46) MONS. GIOVANNI MERCATI. Se la versione dall’Ebraica del codice veneto-greco VII sia de Simon Atumano. Arcivescovo di Tebe. Ricerca storica con notizie e documenti sulla vila dell’Atumano. Roma 1916. p. 32.
(47) El governs de Matheu de Moncada y Roger de Lluria en la Grecia catalana. De l’Anuari de l’Institut de Estudis Catalans, MCMXII. Barcelona 1912. p. 56.
(48) Arch. Cor. Ar. Zaragoza 14 Febrero 1381. D. Del O. C.
(49) Venecia. Arch. Di Stato Commemoriali. VII. 583. En este documento se le llama Sir Pietro Infolgerio (En Folgueres). Vid. HOPF. Storia di Karystos. (Traducción italiana de Sardagna).
(50) Arch. Cor. Arag. Lérida 10 Sept. 1380. D. del O. C.
(51) Arch. Cor. Arag. Lérida 22 Septiembre 1389. D. de O. C.
(52) Arch. Cor. Arag. Zaragoza 8 Mayo 1381. Documento publicado en Los Navarros en Grecia, p. 221. Se trata de la donación de unos bienes que habían pasado ya al fisco, poco después del año 1367. El rey los cede ahora a Puntigano, “non obstante quod PROPTER OCCUAPTIONEM DE DICAT CIVITATE (por los Navarros)..... posset nostri pro parte allegari, post ejus recuperationem, dicta bona fore nostro fisco aplicatas”.
(53) Arch. Cor. Arag. Capítulos de Atenas de 20 de Mayo de 1380 Rg. 1366 f. 49 y ss. Publicados en Los Navarros en Grecia, etc., p. 461 a 471, “Item supollicam.... a la dita majestat..... de girar los ulls envers el noble En Galceran de Peralta..... lo qual es estat pres e encativat ell e sos companys e familia defensat lo dit pahis reyal e ducal..... e li placia per pietat..... li sia recomanat axi com..... aquell que habia espanduda sa sanch per los faels de la dita majestat.....” Otro documento posterior puntualliza ya más claramente que Peralta cayó prisionero al defender la ciudad de Tebas, en poder de Juan de Urtubia. Arch. Cor. Arag. Lérida 10 Septiembre 1380. D. del O. C. Johannes de Ortobia..... tenet captum nobilem viurm Galcerandum de Peralta.... qui.... candem civitatem (se refiere a Tebas, citada anteriormente), defendit..... De la prisión de Pedro Balter nos informa también los mismos capítulos de Atenas: “lo qual (Balter) defenent lo dit pahis reyal e ducal fou pres per los enemichs en lo DESBARAT que fo pres En Galceran de Peralta”.
(54) Arch. Cor. Arga. Barcelona 30 Ept. 1379. D. del O. C. Carta del rey al citado Peralta, en la que dice: “E sapiats que a nos ha desplagut molt la vostra presó.....”
(55) A.RUBIÓ Y LLUCH.- La Acrópolis de Atenas en la época catalana. Barcelona. 1908. P. 28. Doc de Mesina, 7 Enero 1372 Arch. di Stato de Palermo. Reg. Canc. R XIII 20. D. del O. C.
(56) Arch. Cor. Arag. Barcelona 3 Enero 1390. D. del O. C.
(57) En una de las peticiones de los llamados capítulos de Atenas, acordados en 20 de Mayo de 1380, donde se hallan casi todas las noticias expuestas en el texto, sobre la vasta conjuración tramada por Aner, Domingo y Conominas, se conceden por el rey de Aragón a Guerau de Rodonella, los bienes que en aquella ciudad poseía Juan Conominas “quondam o qual dit Johan se troba esser bo en la perdua de Estives, tractant ensemps ab micer Aner” – El 10 de Septiembre de 1380 el rey concedía a precario a Juan Boyl, obispo de Megara los bienes que en Tebas poseía Oliverio Domingo “per obra del qual la ciutat de Estives se perde e no romas por ell que la ciutat e castell de Cetines nos rebellassen”. Arch. Cor. Arag. R. 1366. Vid. Los Navarros en Grecia. P. 250. Rodonella y Boyl, enviados a Cataluña por la ciudad de Atenas, son los que debieron informar al rey de todos los interesantes detalles de los recientes sucesos de la invasión navarra.
(58) Arch. Cor. Arag. Lérida 8 Septiembre 1380. D. del O. C.
(59) Arch. Cor. Arag. R. 1550. F. 8. Este documento que lleva la fecha de 5 de Mayo 1380, no nos ofrece confianza, porque en él se considera como vivo, e incluído entre los indultados por el rey, juntamente con Lenda, Tomás Pou, y los hermanos Dardani o Ardoino (¿) a Bonifacio de Aragón, que murió antes, tal vez hacia 1374. En otro documento de igual fecha copiado cabalmente en el mismo registro 1559 dos folios antes. (fol. 6) se habla de Bonifacio ya como difunto, quondam, y como difunto se le cita asimismo en los capítulos de Salona de 1.ª de Junio 1380. Arch. Cor. Aragón, f. 366 fol. 79 No es de extrañar tampoco que en este documento se indulte a Francisco de Lenda, después de haber sido dos veces reo de lesa majestad, y de haber sido concedidos sus bienes a Guido de Regio. Vid. Doc. Citado en la nota anterior.
(60) A. RUBIÓ I LLUCH. Joan I humanista i el primer periode de l’humanisme catalá (Estret del “Estudis Universitaris Catalans”) Barcelona. 1919. P. 40 y ss.
(61) Arch. Cor. Arag. Lérida 11 septiembre 1380. D. del O. C. “Nam archiepiscopus de Constaninopoli ortus est, paterque ejus juit Turcus eel mater ejus scismatica”
(62) MERCATI, op. cit., p. 16. 27, etc.
(63) MERCATI, op. cit. p. 30 “consideratis grandium virtutum meritis quibus personam tuam Dominus...... insignivit.....” En términos también muy parecidos recomienda a dicho prelado Federico III, rey de Sicilia, en dos cartas de 10 de Marzo de 1387, a la universidad de Tebas y al vicario Roger de Lluria “innate sibi virtutes et mores laudabiles, de quibus tam fama, quamque indicia plenam fidem assumpsimus.....”
(64) Cuatro son los documentos que he hallado en el Archivo de la Corona de Aragón relativos a Simón Atumano, que llevan respectivamente las fechas de 10, 11 y 12 septiembre de 1380 y 31 de diciembre de 1382. D. del O. C.
(65) Arch. Cor. Arag. Lérida 11 septiembre 1380. D. del O. C. “Et dum foret Calogerus grecus ob grandia vicia que propter corum ovribilitatem aferre omittimus, IN QUIBUS NUNCA PERSEVERAT, fuisset ignis incendio concrematus, nisi latenter ad partes se transtulisset alienas in quibus se honestum cum falsis informationibus, ut nunc docet experientia, archiespiscopatum a dicto papa Gregorio obtinuit supradictum” No fué del papa Gregorio XI de quien obtuvo Atumano la archidiócesis tebana sino de Urbano V, como ya se ha dicho antes.
(66) MERCATI, op. cit. p. 43. El elogio a que en el texto nos referimos, está sacado de una epístola de dicho Cidonis, que ha de ser más de una vez en estas páginas aprovechada, escrita en contestación a otra anterior de Simón, que por desgracia no ha llegado hasta nosotros.
(67) PREDELLIS, I libri Commemoriali di Venezia. T. III. p. 696
(68) FRANCESCO NOVATI. Epistolario di Colluccio Salutati. Roma 1883. II, 482.
(69) La carta está dirigida al papa Urbano VI, de quien en el fondo era Pedro IV fervoroso partidario, a pesar de la afectada neutralidad o indiferencia como él la llamaba, que aparentaba y quería guardar en la cuestión del cisma.
(70) Arch. Cor. Arag. Lérida 11 septiembre 1380. D. del O. C. “Santisime pater: certum est nobis quod tractatu et opere archiepiscopi civitatis destives.... cadem civitas ab hostibus fuit capta......”
(71) MERCATI. op. cit. 16.
(72) Arch. Cor. Arag. Uldecona 31 diciembre 1382. D. del O. C. Pedro IV pide de nuevo al papa Urbano VI la concesión de la archidiócesis tebana a fray Juan Boyl, alegando hallarse ésta vacante sin insistir ahora en sus terribles acusaciones anteriroes contra Simón..... intellecto siquidem, beatissime Pater, quod archiepiscopus Thebarum est in dignitatem aliam transferendus, SEU ARCHIEPISCOPATUS EIUSDEM QUAVIS ALIACAUSA EST  de PRESENTE VACATURUS..... etc. Siguen otras cartas sobre el mismo asunto dirigidas a diversos cardenales y procuradores de la Curia Roamana. Con todo, a pesar de las instancias del rey de Aragón, el sabio Atumano conservó su dignidad de arzobispo tebano hasta su muerte, que debió acaecer poco antes de 1387, año en que los dos papas de Roma y Aviñón, Urbano VI y Clemente VII, nombran cada uno un prelado distinto para llenar dicha vacante. Vid. MERCATI. op. cit. p. 38, 42. etc.
(73) En la contestación de Cidonia publicada por Mons. Mercati se alude a la guerra entre Venecia y Génova, que terminó con la paz de Turín en 3 de Agosto de 1381. La carta de dicho escritor, pues, y la de Simón debieron redactarse antes de esta fecha.
(74) MERCATI. op. cit. p. 55...
(75) En una carta del rey de Aragón al gran maestre Juan Fernández de Heredia se afirma que el capitán navarro “civitatem Thebarum invasit et gentes in eas habitantes DESTRUXIT” Arch. Cor. Arag. Lérida 10 Sept. 1380. D. del O. C. En otra carta posterior del mismo al prior del Orden del Hospital, Gauchier de la Bastida, se vuelve a afirmar que Urtubia pridem civitatem Destives improvide DISRAUBABIT ET CONSUMSIT. Arch. Cor. Arag. Lérida 23 sept. 1380. D. del O. C.
(76) MERCATI, op. cit. p. 35 quien saca esta curiosa noticia de la obra de E. GÖLLER, Die Einnahmen des Apsot. Kammer unter Johan XXII. (Vatikanischen Quellen zum Gesch. des päpst. Hof und Finanzen-erwalthung. 1316-1378) Ed. De la Görr. Ges. P. 134 etc.
(77) MERCATI. Op. cit. p. 60.
(78) Arch. Cor. Arag. 10 sept. 1380. Los Navarros en Grecia..... p. 254.
(79) Arch. Cor. Arag. Lérida 11 sep t. 1380. D. del O. C. “cuius occasione (la conquista de Tebas por los Navarros) infinita mala et scandala devenerunt.....”
(80) Arch. Cor. Arag. Atenas 20 Mayo 1380 Req. 1366. F. 69. Fueron publicados por vez primera estos interesantes capítulos en mi obra, Los Navarros en Grecia, etc. Memorias de la Real Academia de Buenas Letras. Barcelona. 1887. T. IV, p. 461. “Item placia a la dita Reyal majestat que totes aquelles persones que habien bens e posesiones en la ciutat de Estives e en les altres parts dels Ducats, les quals se son trobats es troben fins al jorn d’huy en Cetines..... que ab Deus ajudant recobrantse la dita ciutat puguin haver e recobrar los llurs bens e posessions.....”
(81) Arch. Cor. Arag. Barcelona 19 octubre 1379. El rey de Aragón da las gracias al baile y capitán venecianos de la Eubea, porque “dum Civitas Thebarum per illam cohortem gentium armigarum Navarrensium capta fuit, et dicti fidelis vassalli nosri camdem deserer habuerunt, in Civiatem et insulam de Negroponti recotligistis et admissisti”. En otro documento de fecha poco anterior, que tal vez pudiera referirse también a una emigración precedente causada por la guerra civil, pero semejante en sus efectos a la que nos referimos, el rey notifica al Dux de Venecia que “plures ex vassallis nostris dicti ducatus ad civitatem Nigropontis..... cum eorum animalibus atque rebus se contulerunt.”
(82) Arch. Cor. Arag. Barcelona 13 sept 1379. D. del O. C. Arch. Cor. Arag. Zaragoza 31 abril (sic) 1381. Los Navarros en Grecia. P. 218 “Als feels nosres tots aquells qui son foragitats de la ciutat de Estives, axi franchs con grechs que son en Negrepont.” D. del O. C.
(83) Arch. Cor. Arag. Lérida 10 sept. 1380. D. del O. C. En este documento vemos al antes citado Folgueres reclamar del baile del Negroponte la restitución de los villanos y villanas de su pertenencia, refugiados en aquel territorio.
(84) Arch. Cor. Arag. Doc. de Lérida él 13 y 30 sept. 1379. D. del O. C.
(85) Arch. Cor. Arag. Tortosa 10 abril 1383. D. del O.C. Pedro Iv concede al notario Dimitri Rendi algunos bienes de Tebas, “si eta quendo (dicha ciudad) ad.... obedientiam nostram venire contingat.....”
(86) GREGOROVIUS-LAMBROS. Traducción greiga de la Geschichte der Stadt Athen im Mittelalter.T. III. P. 119 Carta de Jaime de Prato a Messer Donato Accojuoli de 9 mayo 1388.
(87) Arch. Cor. Arag. Zaragoza 5 mayo 1381. D. del O. C. Con esta fecha el rey de Aragón le felicitaba por haber alcanzado su libertad.
(88) Arx. Cor. Arag. Barcelona 3 Enero 1390. D. del O. C. “Entes hauem que vos sots aqui en la ciutat nostra de la Patria asseiat per Micer Arner, enemich nostre capital.” Defendía la ciudad su capitán y veguer Andrés Zavalt.


 



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