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Atzo Atzokoa

Titulos: Plan para las escuelas de primeras letras de Guipúzcoa
Materias: Espa¦a - Historia militar - 1822 - 1823
Editores: Juan Manuel de la Lama, Tolosa, 1824
 
Localizacion: Sign.Topografica         Situacion        Devolucion
Sign.Topografica: C-78 F-13
Situacion: No prestable

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PLAN PARA LAS ESCUELAS
DE PRIMERAS LETRAS DE
GUIPUZCOA

Año de 1824.

CON LICENCIA:

En Tolosa: por D. Juan Manuel de la Lama, Impresor futuro de la M.N. y M.L. Provincia de Guipúzcoa, y Tribunal del Corregimiento de ella.
 

INDICE

Prolegómeno.......................................................   1.
Capítulo 1.º Juntas de inspeccion...........................   9.
1.º Junta principal y sus atribuciones......................   12.
2.º Juntas de pueblo y sus atribuciones...................   17.
3.º Del visitador y sus atribuciones.........................   22.
Capítulo 2.º Maestros y ayudantes..........................   25.
2.º Maestros [la misma página]
2.º Ayudantes......................................................   32.
3.º Maestros de barrios separados..........................   33.
Capítulo 3.º Instruccion.........................................   34.
1.º Instruccion, ó cultura de entendimiento [misma página]
2.º Moral.............................................................   41.
3.º Religion..........................................................   48.
4.º Prácticas de piedad cristiana..............................   52.
Capítulo 4.º Dotaciones y ascensos de maestros........   58.
Capítulo 5.º Discípulos...........................................   65.
Capítulo 6.º Policía................................................   69.
Apéndice..............................................................   76.
 

M. N. y M. L. Provincia de Guipúzcoa.

La comisión encargada por V. S. para formar un relgamento de instruccion pública que se ha de dar en las escuelas de primeras letras de su distrito, penetrada de la delicadeza del encargo con que la honró, y de toda la importancia de un reglamento que ha de producir mejoras considerables en las costumbres; en las prácticas cristinas, y en la instruccion de la juventud Guipuzcoana, no puede dejar de ofrecer ante todas cosas á V. S. el obsequio de su gratitud por haberla distinguido con este encargo, y por haber procurado como tierna madre á todos los hijos de su solar privilegiado la leche de la buena doctrina.

Los individuos de la comision deseando corresponder á la confianza de V. S. y cooperar por su parte á tanto bien, se dedicaron á examinar cada uno separadamente la planta actual de las escuelas de primeras letras en general, y la que debieran tener; y desde luego encontraron un vacío muy grande, no tanto en la falta de escuelas, cuanto en los defectos capitales de estas mismas escuelas. Las principales causas de estos defectos que la comision echa de ver, son la indotacion de los maestros; su inseguridad ó precaria existencia dependiente casi siempre del mal humor ó capricho de alguno ó algunos individuos que mandan en los pueblos: la poca consideracion que gozan en el publico, y sobre todas la falta de considerabilisima de las juntas zeladoras sobre el exacto y uniforme desempeño de las delicadas tareas de estos mismos maestros. La comision está persuadida que mientras subsistan estas causas, nunca serán las escuelas de primeras letras lo que deben ser; y al contrario se atreve á asegurar que, removidos estos obstáculos, las escuelas de Guipuzcoa llegarán á ser bien pronto unos semilleros de virtud y probidad. No son estas unas palabras estudiadas y dichas para lucir solamente; ni los individuos de la comisión, hartos de oir ostentosos discursos que alhagan el amor propio de presuntuosos proyectistas, propondrán imposibles, y mucho menos buscarán en lo que proponen, su propia satisfaccion. Pero tampoco pueden formar ningun reglamento dejando en pie las causas de los defectos que obstruyen los conductos de los grandes bienes que deben esperarse. Sin embargo, muy lejos están de creer que sus observaciones hayan tocado la perfeccion; pero los principios son ciertos, y el plan que presentan, fundado en ellos, irá recibiendo nuevas mejoras que la razon instruida por la esperiencia ofrecerá cada dia; y asi un reglamento debe mirarse, como el fundamento ó tronco del precioso árbol de las ciencias y de las costumbres, que poco á poco irá creciendo y dará despues los hermosos frutos de una educacion cristiana, que por ser ella cristiana será buena.

Algo que no se haya practicado en nuestras escuelas, se encontrará en este reglamento; pero es cabalmente lo que V. S. nos encarga porque no quiere que continúen los defectos capitales que han impedido los bienes que desea y espera ,y á juicio de la comisión, la novedad de las juntas de inspeccion de escuelas y del visitador será el alma de todos los buenos resultados de las escuelas de Guipuzcoa. Tal vez encontrar á alguna contradiccion esta novedad. Algun Ayuntamiento podrá llegar á persuadirse que se le priva de la autoridad inmediata que tiene sobre sus asalariados, y quizá no distinguirá al maestro, á este distinguidísimo asalariado, de los demas dependientes, y no conocerá que vilipendia, y ata unas manos poco ménos que sagradas, que han de dar la hermosa forma de virtud y probidad á sus mismos hijos tiernos y de cera. Guipuzcoanos somos los que componemos la comision, y muy amantes de nuestros buenos usos, y así como en las juntas de casas de misercordia, caridad y hospitales preside siempre el Alcalde; los Alcaldes deberán ser siempre presidentes de las juntas de los pueblos, y á la benéfica y paternal autoridad de los Alcaldes no debe preceder otra en esta especie de juntas: á mas, alguno ó algunos individuos del Ayuntamiento pueden ser al mismo tiempo vocales de las mismas.

Tampoco faltará tal vez algun maestro que chille contra el establecimiento de estas juntas y del visitador, al ver que se instituyen unos fiscales que continuamente examinará su conducta en el desempeño de su delicadas obligaciones, sin advertir que estas mismas juntas los ponen al abrigo del capricho y mal humor de algun mandon que pocas veces falta en los pueblos; pero todo debe ceder á un bien tan grande cual es la buena enseñanza de las escuelas, como luego se insinuará.

Otra novedad se verá tambien en los diferentes títulos que se proponen para maestros, y se funda en la sencillísima razon de que no todos los pueblos pueden dotar igualmente á los maestros, ni todos tienen iguales necesidades; es decir, que hay pueblos que han menester mayor habilidad en el maestro. En su respectivo lugar se hablará de esto.

Tambien se proponen ayudantes de escuela para pueblos bastante numerosos, y una escala de ascensos para maestros y ayudantes. Pero lo que llama la atencion de todo el que desea el verdadero bien; del que eficazmente quiere que las escuelas produzcan los felices resultados que deben esperarse, es la decente dotacion de los maestros, y la seguridad y la religiosidad de su pago: el grado de estimacion que debe gozar esta clase tan distinguida de la sociedad, y que tanto bien hace al hombre. Particularmente se hablará de esto en su debido lugar, como tambien de los maestros de barrios y hermitas fuera de poblacion unida.

Se ha dividido este plan en seis capítulos, cuya division es la mas natural segun los objetos que abraza. El primero trata de las juntas de inspeccion, así de la principal de toda la Provincia, como de las de cada pueblo y visitador, y de las atribuciones respectivas. El segundo de los maestros, y abraza los maestros y sus calidades; el título que deben obtener, y los ayudantes y sus calidades.

El tercero comprende la instruccion, que se subdivide en puramente instruccion ó cultura de entendimiento; en moal ó costumbres; y en religion y sus prácticas.El cuarto habla de la dotacion y ascensos de maestros y ayudantes. El quinto sobre discípulos, sus premios y castigos. Y el sesto sobre policía de las escuelas.

La comision cree que estos seis capítulos comprenden todos los fundamentos de una escuela católica bien ordenada; y aunque ha pasado en silencio alguna que otra parte que haria mas completo un reglamento de instruccion de primeras letras, y no ha hecho mas que ligeras insinuaciones sobre otras, tales como las escuelas de niñas de que no habla; ni presenta determinadas materias que debe saber el maestro para obtener su título respectivo, ni instruye sobre el exámen que ha de sufrir; ni de la uniformidad de enseñanza que debe darse en las escuelas hace mas que una insinuacion; ni ha descendido á mas menudencias, es porque ni el encargo con que V. s. la honró, comprende otra cosa, segun la letra del oficio de veinte de Diciembre último. Sin embargo, si este plan merece la aprobacion, el mismo contiene un principio que dará vida á todas las escuelas, y es la institucion de las juntas de inspeccion de que se ha hecho mencion. Ellas removerán los obstáculos, introducirán la uniforme laboriosidad de maestros y discípulos, deserrarán el capricho y arbitrariedad, y estenderán los bienes de las escuelas de niños á las de niñas, y aun harán que se esperimenten sus felices resultados hasta en las escuelas de las hermitas y barrios separados.

Esta perspectiva alhagüeña para todos los honrados Guipuzcoanos, hace concebir á la comision las mas seguras esperanzas de que se apresurarán los pueblos á arbitrar los medio mas oportunos y mas efectivos para dotar lo mejor posible á los maestros, y sus ayudantes donde sean necesarios, y de que no habrá sacrificio que no hagan po rlos grandes bienes que han de reportar sobre ss mas caros intereses, es decir, el bien y la felicidad de sus hijos. Estos son los bienes, este el objeto que se ofrece á la consideracion de los pueblos. Apenas puede presentárseles otro de mayor importancia, ni que exija mayores cuidados que la enseñanza de primeras letras.

No puede dispensarse la comision de hacer una ligera insinuacion de esta importancia, para llamar la atencion hasta de todos aquellos que miran con cierta indiferencia á unos objetos de tanto bulto y peso, y se hallan bien con todo abuso y defecto, y cuando para corregirlo sea menester violentar algo su apatia é indolencia. Basta para despertar al mas adormecido mirar que la enseñanza de las escuelas es la primera, y única para la mayor parte de los hombres. Las primeras impresiones son las mas fuertes, y casi siempre duran mientras dura la vida. si las primeras máximas que aprende el hombre, son conformes á su naturaleza racional; si este hombre desde sus primeros años conoce las sencillas, pero grandes é importantes verdades de religion; si desde los primeros años se acostumbra á los egercicios piadosos, podrá en adelante esperimentar toda la violencia de las pasiones, podrá sucumbir y dar muchas y muchas caidas; pero en general no será de aquellas almas maliciosamente criminales; será sí envuelta en la desgracia, debilidad, y miseria anejas á la naturaleza humana; pero los primeros principios y la primera piedad le llamarán al cumplimiento de sus obligaciones. Y aun cuando sus descarrios lo llevasen hasta sustituir errores á las primeras verdades, es tanta la fuerza y la eficacia de los primeros principios, que á la primera calma que sienta el agitado corazon, siente tambien toda la estravagancia y horrura de los estravíos, y al fin la verdad triunfa del error, la realidad de la quimera.

La primera enseñanza, siendo sólidamente buena, comunica su bondad y saludable fuerza á las enseñanzas que han de seguirse, y la mala, ó impide adquirir conocimientos de otros grados, ó los corrompe. Mucho han sudado los maestros de todos ramos, y tal vez sin fruto, por enmendar los primeros errores y defectos adquiridos por sus discípulos en las escuelas de primeras letras. Y si tal es la fuerza de las primeras impresiones, y tanto cuesta el borrarlas cuando son malas, aun en aquellos que la Providencia divina distinguió, proporcionándoles despues medios para triunfar de los primeros defectos y errores, y adquirir nuevas luces y nuevas verdades en los colegios, en los seminarios, en las universidades, y demas establecimientos literarios: ¡pobre multitud que se ve privada de semejantes auxilios! Podemos casi asegurar en general que el hombre se gobierna segun los principios primeros, bien si son buenos, y mal y perversamente si son malos. Mucho mejor fuera no hubiese ninguna enseñanza para ser mala; y mucho mejor todavía que no hubiese escuelas de primeras letras para no ser lo que deben serlo, porque es mayor la fuerza de las primeras máximas, y en este desgraciado estremo el infeliz á quien no aguarda ningun otro auxilio é instruccion, deberia contar su mayor felicidad en que no hubiese ninguna enseñanza, porque la instruccion es como una nueva y poderosa potencia para el bien y para el mal. ¡Cuantos males no arrastra consigo la mala educacion! nunca fué mas cruel ni egercitó con mas crueldad su fiereza Dionisio de Siracusa, ni creyó poderse vengar mejor de su enemigo que educando mal, corrompiendo el tierno corazón del hijo de este mismo enemigo, que por desgracia cayó en sus manos malvadas. Algun remedo de semejane egemplar de corrupcion se ha dejado ver en nuestro hermoso suelo, en esta tierra de virtud, y lealtad, cuyos estragos piden el mas eficaz remedio para la presente y futuras generaciones. Concluimos pues asegurando que la primera buena educacion influye poderosísimamente, por no decir absolutamente, en que uno sea buen padre de familias, buen artesano, honrado labrador, militar, leal y vasallo fiel. En una palabra, de la buena educacion primera dependen generalmente las buenas costumbres, y la felicidad de un reino. Dichosos se cuentan los individuos de la comision, si su trabajo contribuye algo para tanto bien.
 

CAPÍTULO I.
De las juntas de inspeccion de escuelas y visitador.

Habrá una junta de inspeccion de todas las escuelas de la provincia, y se llamará Junta principal: una junta tambien de inspeccion en cada pueblo, y se llamará Junta de pueblo, y un visitador de escuelas, vocal de la junta principal.

I.Nunca ha bastado ni bastará jamas cuanto se ha dicho sobre la importancia de que las escuelas de primeras letras sean arregladas, y constantes los preceptos y principios que deben seguirse, si la indolencia de un maestro hace ilusorias todas las reglas, las mas bien establecidas: ó si el capricho ó resentimiento de algun particular, ó individuo de Ayuntamiento, prevalidos de su autoridad, atan las manos laboriosas de un maestro; ó sino goza de aquella consideracion que concilia el respeto de sus discípulos, por el estado de inseguridad y humillante dependencia en que se encuentra. Dos males son estos á que es menester poner el remedio que puedan los hombres, que si no los atajan, al ménos los disminuirán en gran manera. Sí, es preciso hablar claro. El padrinazco de un mandon poderoso, ó que influye en el Ayuntamiento, sostiene mas que alguna vez en un puesto que debiera esar mejor ocupado, á un maestro indolente, descuidado, y tal vez vicioso. Y tambien mas que algunos maestros que pudieran ser muy buenos, pasan la vida estudiando nuevos modos por redimir su humillacion, y casi todos deben resentirse naturalmente de la falta de autoridad para con sus discípulos. Valga la razon y la esperiencia. La idea sola de que al cumplirse la escritura de obligacion con el Ayuntamiento, puede ser despedido, le quita al maestro la libertad necesaria de reprender y castigar cuando conviene. ¿Cuantas veces no se ha visto amenazado un maestro con todo el peso del resentimiento de un particular poderoso, que suspende los efectos de su venganza hasta el año de su alcaldía? Los discípulos observan las humillaciones que esta dependencia degradante causa en el maesro, quien no atreviéndose á castigar ni á reprender á los hijos del poderoso, quizá se vale del injusto y cruel medio de castigar aun con mas rigor de lo que merecen los niños que no tienen protectores, para escarmentar con semejante espectáculo á los que no se atreve á castigar. Teme á sus padres, y los mismos discípulos le amenazan con el resentimiento y el poder de estos mismos padres. ¡Cuantas injusticias é impunidad por evitar semejantes vejaciones! Son incalculables los males que acarea un maestro humillado y sin consideracion. No puede haber órden en las escuelas, ni sumision en los discípulos por faltar la autoridad necesaria al maestro. En una palabra, todo es malo. A los niños, á sus padres, y al pueblo todo, importa muchísimo el que se ponga el remedio que se puede, á tamaños males, y éste será el de las juntas de inspeccion y visitador.

Junta principal y sus atribuciones.

1. Esta junta se compondrá del Diputado general en egercicio y su adjunto, de los Diputados generales de partido cuando se hallen reunidos en diputacion, y de cinco sugestos elegidos de pueblos de la Provincia, sean seculares, ó eclesiásticos.

2. Los cinco individuos han de ser nombrados por la misma Provincia en Juntas, ó por la Diputacion, si se juzga mas conveniente.

3. Su encargo debe durar tres años, y podrán ser reelegidos siempre de tres en tres años.

4. Este encargo es honorífico y propio de los nobles guipuzcoanos, cuya única recompensa es el honor, y la grande satisfaccion que resulta á las almas generosas de hacer bien á sus compatriotas.

5. Se deja conocer que la eleccion debe recaer siempre en sugetos mas instruidos, mas celosos, y del mayor teson para sostener, perfeccionar, y llevar al cabo tan grande obra.
Como la junta principal ha de ser la que ha de sofocar las pasiones mezquinas que obstruyen los canales de los grandes bienes de la primera enseñanza, y desterrar la indolencia y el abandono de los maestros, defendiéndolos al mismo tiempo de las animosidades de los que los inspeccionan de cerca: como esta junta es la que debe alejar del santuario de la inocencia, cual es una escuela de primeras letras, á los que puedan profanarlo, y proporcionar manos hábiles y puras para que obren el bien escogiendo buenos maestros, debe esta junta.
 1.º Recibir todos los partes de las juntas del pueblo: enterarse por ellas y el visitador de los abusos y omisiones culpables que fuesen introduciéndose para remediarlos.
 2. Recibir por el conducto de las junas de pueblo las solicitudes de los maestros sobre ascensos y demas, y determinar oyendo siempre á las respectivas juntas de pueblo y al visitador.
 3. Debe oir al maestro en las quejas que hubiese contra él, y defenderlo de las calumnias.
 4. En general la junta principal debe determinar todo asunto gubernativo en órden á las escuelas de primeras letras, oyendo respectivamente á las juntas de pueblo y al visitador, en especial en la admision y despedida de los maestros; porque lo más interesante de la buena enseñanza es la buena eleccioon de maestro y la pronta despedida del que no puede permanecer con utilidad de los niñosy tal vez sin gravísimos daños de estos mismos niños.
 5. El pueblo que mantiene al maestro interesa mucho en que sea removido un maestro incorregilbe en el abandono de su obligacion; mucho mas todavía si su conducta moral fuese escandalosa. Pero al mismo pueblo interesa tambien grandemente que el maestro goce de cierta razonable independencia, y que no sea víctima de resentimientos mezquinos. Todo se consigue con la junta principal que oyendo á la junta respectiva de pueblo y al visitador que en semejants casos debe estar instruido de los verdaderos motivos por los informes que deberá haber tomado, como se dirá despues, fallará removiendo al que no debe permanecer, y defendiendo al inocente calumniado.
 6. Las mismas razones prueban el tiento y la imparcialidad con que ha de procederse en la eleccion de maestro. Los niños, sus padres, y el pueblo todo está interesado en que el maestro sea bueno: de su buena eleccion pende en gran parte la felicidad de todo el pueblo: este clama por que el maestro sea bueno; el Ayuntamiento dice que el maestro sea bueno, y la jutna de pueblo lo desea mucho; pero todos quedarán burlados, si se yerra en los medios. Mas fácil es buscar uno bueno, que echar al que no lo es; porque nunca faltan empeños, ni una compasion mal entendida, para retener en su puesto al que no debe estarlo. Dos medios hay para enterarse del mérito de un maestro; el de oposicion ó exámen público, y el de informes tomados de los que siendo imparciales conocen bien al pretendiente, porque no siempre es mejor el que mas luce en una oposicion. Podria hacer la eleccion el Ayuntamiento ó la junta de pueblo, ó ambas corporaciones si se quiere, y en este caso por empeños de que apenas puede desentenderse en los pueblos, se hace la eleccion ó á ciegas y sin tino, ó ateniéndose á lo que un maestro examinador dice, y entónces este examinador, y solo él, hace la eleccion. En vista pues de la necesidad y la importancia de elegir un buen maestro, tal como se dirá en su lugar, y entre tantas dificultades como ocurren para el acierto, la comision porpone como el medio mas seguro y mas uniforme: Que cuando resulta vacante en algun pueblo, avise la junta de pueblo á la principal la vacante que ha ocurrido: que esta junta principal mande fijar edictos en todos los pueblos, para que los pretendientes hagan su solicitud; é informada del visitador sobre las calidaes de los pretendientes: informada tambien con toda particularidad del Ayuntamiento y de la junta de pueblo donde ha de enseñar, y aun de las juntas de pueblos inmediatos con todo el conocimiento posible, haga la eleccion del maestro temporal ó interinamente cuando no hubiere enseñado ántes, hasta que el nuevo nombrado dé pruebas prácticas de su habilidad.
 7. A ninguno se le escluye del magisterio teniendo las calidades necesarias, y los méritos adquiridos en otras provincias deberán estimarse en esta con la misma equidad que se aprecian en aquellas los de los guipuzcoanos.
 8. La misma junta principal debe determinar los maestros que se hayan hecho dignos de algun distinguido honor, ó de alguna decoracion que de la bondad de S. M. alcanzase la Provincia para honrar la clase benemérita de los maestros, como desea la comision.
 

Juntas de pueblo y sus atribuciones

I.º En todo pueblo donde hay escuela pública, debe haber una junta de inspeccion, á no ser que se halle inspeccionada de ántes por alguna autoridad particular.

2. Será más ó ménos numerosa, segun la misma poblacion y sus particulares circunstancias; pero no debe pasar de nueve su número, ni bajar de cinco.

3. El Alcalde será presidente de esta junta. Los dos Alcaldes donde hay dos. El cura párroco, ó Curas donde hay dos, deben ser individuos de ella.

4. Los demas individuos deben tener las mismas cualidades que se exigen para la junta principal, y deben ser elegidos por la Diputacion por trienios, conforme se ha dicho de los de la junta principal, y reelegibles como aquellos.
La importancia de una eleccion buena y acertada se conocerá por la calidad y delicadeza de sus funciones.

5. La junta de pueblo ha de celar sobre el exacto cumplimiento de las obligacones del maestro ó maestros del pueblo, y aprovechamiento de los discípulos.

7. Debe para conseguir estos objetos, acercarse á la misma escuela sin previo aviso, y presenciar por sí misma la instruccion que se da, el método que se observa, y demas que se previenen en este reglamento. Estas visitas mantendrán el órden y laboriosidad de maestros y discípulos, desterrarán los descuidos de aquellos, y animarán á estos á la aplicacion y buena conducta, alabando públicamente á los que lo merecen.

8. Pero no pudiendo ser muy frecuentes estas visitas de las juntas en cuerpo, y pudiendo tambien algunas veces servir de embarazo á la misma enseñanza, deberán encargarse los individuos de las juntas de pueblo por meses ó por semanas de visitar una ó dos veces cada semana la escuela ó escuelas, reduciendo á cuatro en cada año las visitas en cuerpo.

9. Las juntas de pueblo deberán reunirse algunas veces para oir los descargos de los individuos que hubiesen visitado á su vez las escuelas: ademas todas las veces que fuese necesario para el bien de las mismas escuelas, y cada vez que alguno de los vocales lo pidiere.

10. El Alcalde, como vocal y presidente, los convocará, y en su ausencia ó enfermedad el teniente de Alcalde.

11. Si desgraciadamente llegase un maestro á faltar á sus obligaciones, la junta de pueblo por medio de un individuo de su seno debe advertirle en secreto y á solas; si esta advertencia no bastase para la correccion, lo hará segunda vez, valiéndose de dos ó mas vocales, á fin de persuadirle á la enmienda, y sino alcanzase esta segunda amonestacion, esta junta dará parte á la junta principal, para determinar definitivamente conforme se dice arriba.

12. Estas mismas reglas deben entenderse aun con mas escrupulosidad, si las faltas del maestro fueren en lo moral ó político.Dícese de faltas criminales, no defectos que mas bien son consecuencias necesarias de la humana naturaleza: dícese de faltas graves, porque de las ligeras ninguno puede eximirse: faltas graves y verdaderas, no soñadas por resentimientos personales de individuos; que la junta de pueblo colectivamente debe discernir y separar las quejas motivadas por semejantes causas mezquinas, de las que merecen su atencion, para que un maestro inocente no padezca. Debe tener presente que el hombre ofendido abulta las ofensas, y que mas que alguna vez hace aparecer á un inocente como criminal.

13. El Ayuntamiento y la junta de pueblo presidirán los exámenes públicos; honarán y alabarán públicamente al maestro y á los discípulos que lo merezcan, y la junta de pueblo dará parte á la junta principal de los adelantamientos, insertando los nombres de los premiados.

14. Debe la junta de pueblo celar la conducta de los maestros de las hermitas, anteiglesias ó barrios separados, por sí misma, ó por alguno de sus individuos, ó por algun vecino honrado, y hacer en el parte que dirijan á la junta principal, mencion de lo que observen en estos maestros.

15. En caso de vacante, dando la junta de pueblo parte á la principal, y entendiéndose con el Ayuntamiento, pondrá un sustituto mientras se provea la plaza, y pase el nuevo nombrado á regentar la escuela, para que no se siga atraso alguno en la enseñanza, y no se disipen los jóvenes acostumbrados al ocio.

16. Dará la junta de pueblo parte á la principal de todo lo que fuese digno con relacion á las escuelas, y por sí misma debe tomar todas aquellas medidas que en el plan solo se indican sobre mejoras, reformas y demas que exigen una buena escuela: este es el campo que deben cultivar las juntas de pueblo.
 

Del Visitador y sus atribuciones.

1. Habrá un Visitador de escuelas, vocal tambien de la junta principal. El Visitador debe ser sugeto que reuna la mayor inteligencia en esta materia, mucha práctica en la misma, y de muy buena conducta moral y religiosa.

2. Como el Visitador ha de ser el alma de la junta principal, y ha de dedicarse esclusivamente á este asunto, debe ser tambien vitalicio su encargo, á no ser en el caso remoto de que se observase que no correspondía á su encargo, y fuese perjudicial su permanencia. En tal desgraciado caso, y despues de suaves amonestacoines de la junta principal, la Diputacion de la Provincia, oyendo primero á los vocales de la misma junta, deberá despedirlo.

3. Como el Visitador ha de ocuparse esclusivamente en el bien y fomento de las escuelas de la Provincia, debe asegurársele de los fondos de los pueblos un sueldo decente, y abonársele los gastos de la visita.

4. Una parte esencialísima del plan es el Visitador; y para establecerle con todo el acierto posible, podría la Provincia ó su Diputacion nombrar por el primer año un sugeto que, sobre la honradez, zelo é inteligencia, tuviese medios de subsistir por sí mismo, y quisiese hacer este servicio de un año sin mas sueldo que el abono de los gastos precisos de algunas salidas de visitas ó inspeccion de escuelas. sus observaciones, y gastos podrían servir para fijar el sueldo proporcionado al trabajo é importancia del destino. Si no hubiese quien lo hiciese sin sueldo, es menester pagárselo aun el primer año.

5. Muchas de las atribuciones del Visitador quedan ya marcadas en las de las juntas de inspeccion; pero particularmente toca al Visitador, como lo designa el mismo nombre, visitar las escuelas de toda la Provincia. No es decir, que siempre ha de estar empleado en estas visitas, porque ni puede ser con utilidad, ni convendría tampoco; pero sepan los maestros que hay un Visitador inteligente y celoso, que sin saberlo nadie, puede presentarse en sus respectivas escuelas, auxiliado por una junta de inspeccion que los cela de cerca, que observa todo, y que da parte de todo á otra superior, y el maestro no se descuidará con tanta facilidad en el desempeño de sus obligaciones.

6. Sin embargo, algunas veces deberá salir á visitar las escuelas, y examinar por sí mismo la enseñanza que se da, y tratar personalmente con la junta de pueblo y maestro sobre mejoras, uniformidad, y demás que dice relacion con la enseñanza.

7. Estas salidas debe hacerlas precisamente siempre que hubiese necesidad, segun los partes de las juntas de pueblo.

8. Siempre dará el Visitador parte de los resultados de sus visitas á la junta principal; de los abusos que se introdugesen; de los descuidos que notase en los maestros, ó falta de celo en los individuos de la junta de pueblo; de las mejoras que le ocurriesen, y de todo lo demas que concierna á la enseñanza. Debe el Visitador tener exacto conocimiento de todos los maestros de la Provincia, y no le deben ser estraños los individuos de las juntas de pueblo. Debe formar un juicio de lo que son los maestros individualmente, y de las juntas de pueblo colectivamente, y presentarlo á la junta principal para su conocimiento; en una palabra, el Visitador puede llamarse la parte activa de las juntas.
 

CAPÍTULO II.
De los maestros y ayudantes.

1. El que ha de regentar una escuela, y obtener el título de maestro, debe presentar una informacion de la limpieza de sangre con la fe de bautismo y de su buena vida y costumbres, conforme está mandado por Real pragmática. Nunca se ponderará lo bastante, ni nunca serán demasiadas las diligencias y pesquisas que se hagan para averiguar la conducta del que aspira á la plaza de maestro. Este ha de ser el egemplar que se les pone á unos niños que imitan los vicios, del mismo modo que las virtudes, de los que son respetables para ellos. Para siempre debe estar cerrada la entrada del santuario de la inocencia para un maestro escandaloso, y de mala conducta moral; nunca jamas debe permitirse el que tales hombres se acerquen á un niño.

2. Debe proceder ademas una informacion franca y amplia sobre la conducta política del que aspira al magisterio de primeras letras. Si sería imperdonable admitir para maestro de niños á un hombre corrompido y de malas costumbres, y aun de defectos chocantes en materia de buena crianza y decoro, no sería menos el admitir á otro que en las circunstancias de los años últimos ha sido griton y alborotador, porque en semejantes hombres se reunen de ordinario dos cosas: primera las malas costumbres y el deseo de vida licenciosa sobre lo mismo que ha alabado ó vituperado; y han dado al menos pruebas de ligereza é inconsideracion; y por lo comun cosas de peor estofa; porque es una verdad, que en épocas y circunstancias ordinarias no se descubren ciertos vicios y defectos, y se manifiestan en ocasiones, y estas descubren como era ya el hombre. Pero una vez conocido este hombre por cualquiera causa que fuere, debe no admitírsele para maestro de niños. Ménos inconveniente habría en admitir a un hombre de malas costumbres y peores ideas en un empleo cualquiera de Estado, que en la enseñanza de niños; porque haría infinitamente mas daño á la especie humana por lo susceptibles y de cera que son los niños, y por la tenacidad con que retienen lo malo que aprenden en la primera edad; y desengáñese cualquiera; el maestro por lo que los niños le respetan, por la autoridad y fuerza que da á sus dichos, y por la superioridad que tiene de alcances, tiene muchísimos medios para insinuarse en los niños, y el sectario no ha perdido jamas, ni perderá ocasion de hacer prosélitos de su doctrina, y mucho mas si es obstinado y poco instruido. Así es que desde que se sepa quienes sean los pretendientes, debe averiguarse lo que son, y si se han manifestado ellos en el tiempo de la licencia con hechos. No se crea que esto sea espíritu de reaccion; es el resultado de lo que es el hombre, y hay necesidad de hacerlo, sopena de que se prolonguen nuestros males.

3. El maestro debe saber lo que ha de enseñar, y el modo de enseñar; y debe querer comunicar sus luces á los discípulos: distincion que siempre debe tenerse prsente, porque de nada sirve saber, si no tiene método y si le falta el deseo y el celo necesario para enseñar.

4. Debe saber el maestro lo que ha de enseñar, y es el primer requisito respecto á su idoneidad; pero no en todos los maestros puede ni debe exigirse un mismo grado de habilidad, ni los discípulos de todos los pueblos tienen las mismas necesidades, ni todos los pueblos pueden dotar igualmente sus escuelas. No son seguramente iguales las necesidades de un niño que en su vida se separará de los terrones y caseríos donde nació, y las de otro que ha de abrir camino para la carrera que le ha de procurar alimento y honra; ni son unas mismas circunstancias de un pueblo de cien vecinos, y las de otro de cuatro mil. Tampoco puede ni debe ser la misma la renta, ni el grado de consideracion de un maestro de quien deben exigirse mayores luces y mayor finura, que de otro de quien se pide menos.

5. Sin embargo, el maestro de la menor aldea debe saber enseñar á leer, escribir, las primeras nociones y principales reglas de la aritmética, y la doctrina cristiana.

6. No debe haber maestro de la menor aldea que no haya obtenido título de tal maestro, espedido en debida forma.

7. No pudiendo exigirse de todo maestro la misma habilidad y finura, ni siendo justo obtuviese igual grado de consideracion el que sabe muy poco respecto de otro que se ha dedicado mucho por adelantar en su honrosa profesion con ventajas conocidas de los discípulos; el mismo bien de las escuelas de primeras letras reclama la distincion de clases por sus títulos, exigiendo más o ménos habilidad, segun la clase que pidiera el que quisiese obtenerlo. Es justa esta clasificacion, porque la instruccion que se exige del maestro, es respectiva al concurso de niños y calidad de estos mismos niños: es ventajosa, porque presenta un estímulo á los maestros de clases inferiores, para que adelanten cada día en su profesion, á fin de obtener títulos de clases superiores con la esperanza bien fundada de sus ascensos, y por consecuencia, mayor renta y mayor grado de consideracion.

8. Por estas razones se proponen cinco clases de títulos de maestros de primeras letras, si de la bondad de S. M. se alcanza primero la necesaria autorizacion. En tal caso, y graduado el coste que suele tener el título de maestros, se deduce que el de ínfima ó quinta clase que deben tener todos los maestros de pueblos que no exceden de 900 almas de poblacion, debería costar 150 reales. El e la cuarta que deben tener los maestros de pueblos que no pasan de tener 1800 almas, debería tener de coste 200 reales, si el maestro que lo solicita obtiene anteriormente el de la clase ínfima, y en caso contrario 300 reales. El de la tercera clase debe ser para pueblos cuyo número de almas no pase de 2500, y deberían pagar por ese título 300 reales los que obtienen ya el de la clase precedente, y 350 sin esta circunstancia. El de la clase segunda para poblaciones que no pasen de 3500 almas, debería pagarse 600 reales por le que no ha obtenido ántes título alguno de los precedentes: 450 reales si solo obtiene el de la ínfima ó quinta clase: 400 si el anterior que obtiene fuese de la cuarta clase; y 300 rs. si el que obtiene anteriormente fuese de la tercera clase. El de primera clase, ó la superior que debe servir para todo pueblo cualquiera, debería costar 700 reales, pero deduciendo proporcionalmente por los anteriores que hubiese obtenido conforme se ha dicho para el de la segunda clase.

9. Cualquiera podrá pedir el título que quiera, sugetándose al exámen respectivo, y correspondiente á la clase de título; y los méritos del maestro se graduarán por las clases de títulos, por los años de buenos servicios, y por el número y clase de discípulos buenos que hubiese sacado de sus escuelas; y los ascensos y grado de consideracion será conforme al mérito.

10. El maestro que quiera establecer una escuela de primeras letras, sin contraer obligacion alguna con el pueblo donde la pusiese, debe obtener el título de maestro de la clase que exige la poblacion en donde la abre; pero siempre debe quedar sugeto á la inspeccion de la junta.

11. No recibirá niño alguno de la escuela del pueblo sin permiso del maestro conducido, y el visto bueno de la junta de pueblo. Celará esta juna, para evitar las discordias que pudieran originarse de palabras que fuesen propalándose poco á poco, á fin de presentar defectuoso, inepto y abandonado á un maestro que ha gozado hasta entónces de toda la confianza y aprobacion de la junta, por levantarse de este modo el aventurero sobre las ruinas de un hombre de bien, caido por calumnias. Es mas que posible el caso.

Ayudantes.

1. En toda escuela en que el concurso de muchachos pase de sesenta, debe haber un ayudante de maestro: porque es imposible cuidar cual corresponde por uno solo, á pesar de la division de clases cuidadas por decuriones, como se hablará despues. Esta clase de ayudantes podrá ser un hermoso plantel de buenos maestros para lo sucesivo; y por esta razon, y con la fundada esperanza de conseguir algun dia un establecimiento en el magisterio, no faltarán jóvenes que se dediquen á este estudio, y se encontrarán quienes quieran servir estas ayundatías por tres ó cuatro reales diarios, y tal vez por menos, seguros de que será atendido el mérito que contraigan.

2. Su conducta moral y política debe ser correspondiente á la delicadeza de la enseñanza: en una palabra, debe tener su conducta las mismas calidades de bondad que se han prescrito para los maestros.

Maestros de barrios separados de la poblacion unida.

1. La especie de poblacion de este solar en barrios separados, y algunos muy distantes de las poblaciones unidas donde se hallan las escuelas de primeras letras, priva á una multitud de niños y niñas de los bienes de esta enseñanza; y lo mas sensible es que los años primeros que no puden ser útiles á las labores del campo, pasan en la ociosidad, sin aprender apenas las primeras obligaciones del cristiano. Sus padres ocupados y cansados que casi no saben de religion mas que algunas prácticas, no pueden servirles de maestros; no pueden oir la voz del pastor en su parroquia sino raras veces por la distancia en que viven; el precepto de la iglesia con relacion á la misma lo cumplen en hermitas, y tanto muchacho de caserio se ve abandonado. No aprenden lo que deben saber por que no hay quien les enseñe; y no ignoran lo malo, porque no han menester maestros para aprenderlo. Esta necesidad clama por el remedio, y no hay párroco el mas celoso que lo pueda poner: predica, instruye, y exorta en su parroquia; pero la grande distnacia, y la dificultad de las malísimas estradas separa siempre á una multitud de sus feligreses. Los únicos que disminuyen en gran manera estos males, son los maestros de despoblado, que en las hermitas ó casas separadas ponen su escuela, y hacen el bien, que solo ellos pueden hacer, por el módico alimento, ó recompensa que pagan los padres pobres del campo. Dícese que son los que disminuyen los males, no que los quitan, porque siempre quedan barrios sin este único é inapreciable auxilio ¡ójala no hubiese un solo muchacho privado de bien tan grande!

2. Estos operarios cubiertos de andrajos, y mal alimentados si se quiere, son hombres muy dignos de toda la consideracion y aprecio de las juntas de inspeccion. Uno de los grandes bienes que deben esperarse de estas juntas, es el fomento que deben dar á estas escuelas del campo. En ellas aprenden el libro de los libros que nos dejó el divino Salvador en su celestial doctrina: aprenden á leer, á escriir y el catecismo: rezan el rosario todos los dias, hacen la devocion del calvario los Domingos de cuaresma y adviento; en una palabra, aprenden las principales reglas de moral, y los fundamentos de la religion. Anímese pues á los maestros, y procúrese multiplicar esta especie de escuelas. Que la junta de pueblo, por algun individuo de su seno, y por algunos hombres honrados de los mismos barrios, cele la conducta de estos maestros; aleje al que fuese conocidamente escandaloso, y honre hasta los andrajos de hombres tan útiles y tan dignos; en una palabra, la junta no tolere que un perverso enseñe á los muchachos, y anime al que es bueno en su conducta: este debe ser el único objeto, y estas las únicas reglas en esta parte.
 

CAPÍTULO III.
Instruccion.

1. No hay duda que aquellas coas á que se mira con cuidado, en que se fija mucho, á que mucho se atiende, se distinguen mejor de otras diferentes, y se conocen en ellas ciertas propiedades que interesan: de aquí se sigue que el medio de saber consiste en lo que se llama atencion: luego los métodos, y los maestros que los ponen en práctica, deben promover la atencion, y mantenerla cuanto puedan en los niños, en cuanto lo permitan la ligereza y volubilidad propias de su edad, apartando todo lo que la distraiga á obgetos que los desvien de lo que tienen que conocer ó aprender.

2. De este sencillo principio se deducen muchas consecuencias. Las escuelas deben ser piezas recogidas, al abrigo de mucho frio y calor excesivo; en situacion distante de parages públicos de mucha bulla, sin que haya obgeto estraño á lo á que allí se va, ni malos asientos que incomodan.

3. El sitio debe ser espacioso cuanto sea menester: buenas graderías para las clases de leer, y buenos bancos con sus asientos cómodos para escribir. Las paredes de la escuela debieran estar en mucha parte cubiertas de máximas morales, escritas en papel y letras de pulgada y media de grande con caractéres bien formados; de manera que puedan leerse por todos los puntos de la escuela; las retengan por toda la vida, y sirvan al mismo tiempo para que se imprima en su imaginacion la hermosura de los caractéres. Debe haber ademas un cuadro separado en que esten bien formadas todas las letras mayúsculas, minúsculas y los güarismos.

4. Es ya muy sabido por todos, y practicado con grandes ventajas, aun en algunas escuelas de Guipúzcoa, el método de clasificar los discípulos; pero no basta, si las ventajas de la clasificacion no se estienden á todas las escuelas. Debe pues ser uniforme el método.

5. Los que solamente leen, deben componer tres, cuatro ó cinco clases, empezando desde la del solo conocimiento del abecedario, ó conocimiento de las letras, hasta la de leer de corrida en un libro. Estas mismas clases deben subdividirse, cuando el mucho número lo exija. Igual clasificacion debe hacerse con los que escriben.

6. Las clases de leer deben estar en graderías, teniendo al frente y en el punto céntrico un poste en que se coloquen en carton o tabla el alfabeto, el silabario, &.&. segun lo que corresponda á cada clase. Todas las clases que preceden á la de los que leen, como suele decirse de corrido, han de ser servidas de decuriones que se tomarán de esta última, procurando alternarlos á cada media hora. De este modo, todo el tiemo de la tarea en estas clases será una continua leccion ordenada y metódica, porque señalando alternativamente el decurion uno de la clase para que vaya diciendo lo que por aquel se le apunta en el carton, y haciendo que corrija cualquiera de la clase cuando no acertase el que estaba destinado, estarán con atencion, y la enseñanza de uno sirve para todos.

7. El mismo método se seguirá con los que no aprenden ya por los cartones fijos, sino por libros; pero deben ser unos mismos, y de una misma impresion y buena, y de caractéres claros, y una misma leccion de cada clase. El maestro, y el ayudante dondde le hay, solo con el cuidado de conservar el buen órden, y hacer ellos mismos algunas preguntas en cada clase, logra tener ocupados con mucha utilidad á todos los que componen las clases de leer.

8. Los que escriben exigen mas trabajo individual de parte del maestro; pero clasificados del mismo modo, debe hacer que cada clase de la que preceden á la de aquellos que escriben letra cursiva, escriba una misma cosa; pero á la última clase debe permitírsele, ó mas bienordenársele, escriba medio pliego ó uno segun el asiento del pulso y flexibilidad de la mano. Libritos hay que enseñan la clasificacion, y debiendo las juntas  de inspeccion cuidar de la observancia del plan y de sus mejoras, no hay necesidad de estenderse á mas: únicamente se añadirá que desde que el pulso esté firme, debe comenzar á escribir aunque no sepa leer corrido.

9. El cuidado de los niños es muy interesante, y no sobra ninguna diligencia que se ponga en las escuelas. Debe pues desterrarse absolutamente el abuso intolerable de que el maestro, aun cuando tenga ayudante, salga fuera de la escuela por diligencias propias ó agenas, ó se ocupe en la escuela en cosas estrañas á la enseñanza, y que le hacen abandonar el cuidado de los muchachos: no debe pues ocuparse ni el maestro, ni su ayudante, en cosa ninguna que les impida el cuidado necesario de la escuela.

10. En general en toda escuela aun en la de la menor aldea debe enseñarse á leer con perfeccion, á escribir, no solo planas, sino tambien la letra cursiva, y acostumbrar á los muchachos á escribir dictándoles el maestro; la aritmética regular que abraza las principales reglas, y su aplicacion en la práctica: la declinacion de los nombres y verbos de la gramática castellana: la doctrina cristiana por el catecismo de Astete, y todo lo que conduce á hacer un hombre bueno y útil para sí y sus esemejantes, como se dirá adelante.

11. La mayor extension de la instruccion respectia á la clase de pueblo y título es asunto de la instruccion particular, que debe hacerse despues de la aprobacion de este plan.

Moral.

1. Si lo que parece casi imposible, los maestros llegasen á entender algun dia que cumplían con sus deberes enseñando solamente á leer y escribir, y si fuera dable sacando discípulos instruidos en todas las ciencias, descuidando la parte moral ó de costumbres, en tal caso sería mejor cerrar todas las escuelas, y que no hubiese maestro ninguno. Porque siendo las ciencias un medio, una capacidad mayor, vendrían á ser una arma, un instrumento dañoso en manos de un frenético, funesto para sí y sus semejantes. El hombre desde sus primeros años manifiesta una corrupcion de su corazon, y una inclinacion y un arrastramiento al mal que los años no hacen mas que fortificar esta inclinacion maldita; y si no tiene quien le advierta y guie, es un ciego que se precipita en mil y mil abismos de iniquidad; las pasiones llegan á dominarlo, y se borran enteramente los sentimientos virtuosos con que vino á la luz de este mundo, preciosos restos de la primera inocencia.

2. La principalísima obligacion del maestro es por consiguiente formar el corazon tierno y flexible de sus jóvenes discípulos. Considerarlos como una masa informe, aunque muy inclinada al mal, susceptible de cualquiera impresion buena y virtuosa. Debe el maestro considerar con especialidad la fuerza, la eficacia, y la duracion de estas primeras impresiones; penetrarse de que el bien y el mal de sus discípulos penden en gran parte de sus cuidados en esta materia.

3. Debe inspirarles amor á la virtud, y horror al vicio; enseñarles lo que es aquella, y en que consiste este, sin abrir los inocentes ojos de sus discípulos á vicios que ignoran. No es superior á la edad de los muchachos de escuela este conocimiento. Es una fatalidad que no se sabe porqué desde los primeros años forma el hombre ideas equivocadas de la virtud. Se la figura como un esqueleto descarnado, insociable y ridículo, y desde aquella primera edad se llega á concebir una especie de horror á la virtud, y se retrae de ella, como de una madastra insufrible y gruñidora. Enséñese lo que es, y en que consiste verdaderamente; hágase patente toda su amabilidad, y encantará y alegrará el corazon de los niños. Se ha observdo que muchos y muchos niños naturalmente virtuosos se alegran, y egecutan con gusto lo que es el obgeto de la virtud: dígase á estos niños continúen en sus egercicios virtuosos, y al nombre solo de virtud se espantan, y tal vez se retren de lo mismo que con tanta satisfaccion de los maestros y gusto suyo egecutaban; prueba evidente de que han formado ideas erróneas sobre la virtud.

4. Estas reflexiones generales indican desde luego la necesidad de que los maestros rectifiquen las ideas equivocadas de sus discípulos en esta parte. Hágales ver con sencillez toda la amabilidad de un jóven aplicado y modesto; lleno de pundonor, sumiso y obediente á los padres, maestros y superiores; bondadoso y pacífico con sus compañeros; compasivo para con todo el que sufre; y cuando hubiesen percibido bien estas ideas, cuando se hubiesen llenado de deseos de ser como el modelo, cuando hubiesen llegado á sentir una envidia noble y santa de aquellos compañeros, de aquellos niños queridos de sus padres, preferidos y alabados por los maestros por estas hermosas cualidades; dígaseles entónces que esta es la virtud; que en estas cualidades y en otras semejantes consiste la virtud, que en estas prendas que llenan de gozo el humano corazon, y hacen que se llame hombre de bien, consiste la virtud; y ya el nombre que ántes les espantaba, hará sus delicias en lo sucesivo. No se diga son demasiado delicadas para un maestro de escuela semejantes esplicaciones: no es tan superior, ni tan metafísico como parece. El hermoso libro que se llama libro segundo de los niños de primera educacion contiene cuantas máximas morales ha menester para modelo. Con ellas, y con lo que el mismo maestro pueda observar en sus discípulos, y con las advertencias de la junta de pueblo y del Visitador, le bastarán para enseñar un cuerpo sólido de doctrina moral cuanto sea necesario para la edad de sus discípulos. Pero lo que importa, é importa mucho, es inculcar muchas veces y de propósito esta doctrina, y estas máximas. No basta que el maestro repita friamente las máximas que vaya leyendo el discípulo; no basta por egemplo que cuando el discípulo dice por su libro el grande principio universal de la moral "no hagas á otro lo que no quieras para ti" repita el maestro con voz ahuecada eso mismo, ni decir en general "esto quiere decir, que no debeis hacer mal a otro, por que tu no querrias que te lo hiciesen" Esto ya sabe el niño, aun ántes de empezar á la escuela, y por eso se esconden los niños cuando hacen algun mal, algun daño á otro. Mucho ántes de los años de discrecion hay en los niños una vislumbre de la razon. Debe pues el maestro esplicar este grande principio, descendiendo á las cositas y pasioncitas que suele haber entre ellos, esplicándose con aquella sencillez y claridad de palabras que le comprendan, haciéndoles repetir si es menester alguna vez. Si por egemplo hay en la escuela un niño chismoso, que no faltan, y que lleve cuentecitos tal vez por vengancilla, ó por encubrir sus defectos á costa de sus compañeros inocentes; en tal caso el maestro esplicando el principio propuesto, debe poner al mismo niño en el idéntico caso del acusado por vagatelas; y como este niño no querria que otro le acusase, en esta comparacion y en otras semejantes conocerá la fuerza del precepto. Hágase esto mismo para hacer conocer y enmendar á un niño murmurador, á un niño que manifestase cierta alegría y satisfaccion al ver se castiga á un compañero, probando de este modo la malignidad de su corazon, porque este mismo niño se ofendería que otro se alegrase de sus penas y de su humillacion. Se han insinuado algunas menudencias, para que hasta el maestro de aldea vea puede facilmente hacer semejantes esplicaciones. Ha sido necesario deternerse algo en esta materia, porque mucho interesa, y porque de ella, y la de religion esperan mas la Provincia y la comision. Sin embargo, no se ha hecho mas que una ligera insinuacion. Abriendo este vastísimo campo al celo y cuidado de los maestros, á las juntas de pueblo les deja el de descender á todas las menudencias, el de perfeccionar esta grande obra, el de cooperar á la laboriosidad del maestro, y á los frutos que deben esperarse, alejando de los niños los malos egemplos de las calles y plazas, y de sus mismas cass. La comision en fin concluye esta materia proponiendo, que pues la moral prescribe reglas, y manda moderar las nacientes pasiones, la aplicacion al estudio, á vivir en paz con nuestros hermanos, el respeto, amor y obediencia á los padres, maestros, magistrados, á los padres espirituales, y con toda especialidad á aquel que el mismo Dios ha colocado por Padre de la grande familia que forma este Reino, debe el maestro esplicar todos los dias una máxima moral, haciendo estudiar de memoria la que debe hacer el objeto de la esplicacion: para todo encontrará hermosas y sublimes máximas en el libro 2.º ya citado, en su parte primera, y perfectísimas lecciones en la segunda.

Religion

1. Mucho se habría conseguido con hacer amable la virtud. Grande sería el bien que se habría alcanzado, haciendo á los niños dóciles, modestos, llenos de pudor, sumisos á los superiores, pacíficos con los iguales, humanos y afables con los inferiores. Un dia podrían ser buenos amigos, honrados artesanos, magistrados rectos; en una palabra, hombres de probidad. Sin embargo, falta el fundamento, falta lo principal que es la religion. ¿Que habeis hecho, decía el Maestro del mundo? ¿Que cosa particular habeis hecho? ¿los paganos y gentiles no hacen otro tanto? Así es: confunde á las escuelas católicas, causan admiracion las esquisitas diligencias que hace, las medidas que toma un Quintiliano para preservar á los jóvenes del contagio tan universal del mal egemplo. Desde la cuna quiere se tome cuidado de los niños. La primera accion que vean y observen, quiere sea unaaccion virtuosa. No permite que los jóvenes educandos hablen jamas con los esclavos, como gente baja, y capaz por consiguiente segun él de comunicar su bajeza y sus groseras pasiones. Séneca quisiera que nunca viesen los jóvenes, ni oyesen jamas sino egemplos de virtud. Filipo de Macedonia no tanto se alegra de tener un hijo heredero de su corona y de su gloria, cuanto de tenerlo en tiempo de un Aristóteles, para encomendarlo á la disciplina y enseñanza de este grande filósofo. Y si se examina el fondo de todo el empeño de estos grandes hombres de la antigüedad por la virtud; si se examina esta virtud misma, no se encuentran mas que motivos puramente humanos, y una virtud pegada, por decirlo así, á la misma tierra. No había entre ellos aquellos poderosos y sólidos motivos, que entre los católicos para la virtud en una Religion que santifica hasta las menores acciones: no tenían, cual felizmente tienen los católicos, un premio cierto y eterno por la virtud. Sus Dioses arrastraban el mismo peso de las pasiones que ellos mismos. En una palabra, la conveniencia propia, y el bien estar de acá aajo, eran los motivos de su virtud, y una razon de Estado su religion.

Pero nosotros nacidos felizmente en mejores tiempos, y trasplantados en el campo fértil de la Iglesia en cuya creencia y religion encontramos el medio mas poderoso y único de la felicidad verdadera, debemos estudiar de la manera que podamos, y alcancen nuestras fuerzas, esta divina religion. Ella nos enseña de una manera segura y fácil lo que no alcanzaron los Aristóteles y Platones sino envuelto en mil errores: sus preceptos, sublimes por su grandeza, nos presenta la religion de una manera tan sencilla, que hasta los parbulitos los comprenden. En esta divina religion se fundan todas nuestras obligaciones, y ella misma nos ofrece un premio seguro y eterno por el puntual cumplimiento de estos deberes, amenazándonos con penas indecibles sino los cumplimos. Es pues de absoluta necesidad el aprender la religion, y la obligacion primera y la mas principal del maestro es enseñársela á sus discípulos.

2. Para conseguir la mas pronta y mas perfecta instruccion de lo que mas importa, deben dividirse todos los discípulos en varias clases: cada clase una misma leccion; corta, diaria y bien aprendida de memoria por el primer paso que debe componerse de los que comienzan á leer, hasta haber pasado tres veces el catecismo del P. Astete: Dos veces á la semana por los que lo han estudiadoya. El catecismo histórico de Fleuri deberá estudiarse por los mas adelantados dos dias a la semana en aquellas escuelas que el número y calidad de los discípulos lo exija; supliendo el maestro la falta de este catecismo respecto á los muchachos pobres, haciéndoles copiar las lecciones con cuidado en lugar de la comun tarea de escritura. Las juntas de pueblo y el Visitador descenderán á todas las menudencias que exige esta mas importante parte de la primera enseñanza. Se entenderán con los respectivos maestros, y teniendo presente el número y la calidad de la escuela; la mayor ó menor estension que se hubiese de dar en ellas, segun los diferentes títulos de que se ha hablado y demas circunstancias, arreglarán po rlos dias d ela semana alternando la esplicacion del primer catecismo, el segundo la de alguna máxima moral, conforme queda insinuado, alguna esplicacion y exorto sobre el respeto con que debe presentarse al templo, y demas de que se hablará.

Prácticas de la piedad cristiana.

1. Como la religion nos propone misterios que debemos creer, y preceptos que debemos observar, su estudio no es una ciencia especulativa sino una ciencia práctica, una ciencia que nos manda obrar lo mismo que nos enseña. No basta pues saber de memoria el catecismo, sino que es menester manifestar por las obras la fé que nos anima, cumpliendo exactamente la divina ley. Dificultades encuentra el hombre en su mismo corazon para el cumplimiento de esta divina ley. Es menester recurrir continuamente á Dios, implorando sus auxilios por medio de la oracion. Todo lo que nos rodea, nos distrae, y el muchacho se divierte hasta con el vuelo de una mosca, y es menester llamar de cuando en cuando por medio de alguna práctica religiosa á nuestro corazon que parece se nos escapa sin sentirlo, y renovar con estos adminículos nuestros sentimientos de religion. No nos dejemos engañar de gentes que viven en la licencia y de la irreligion: los hombres tenemos sentidos, y de lo que recibimos de ellos se excitan en nosotros otras ideas, y si no privamos de lo que aquellos nos dan, no tendrémos las otras: en una palabra, privarnos de los actos de religion, es quitarnos esta, es robarnosla, y hacernos irreligiosos. Bien saben esto, y lo confiesan con los hechos los mismos que nos predican que Dios no exige esterioridades, ni las quiere. Para sus falsos dioses, que son los hombres, ordenan esterioridades, grandes aparatos, palacios, guardias y vestidos, porque conocen lo que valen; y quieren privar á este mismo hombre de los medios de elevar su corazon á un Dios invisible.

2. Fígese pues para siempre el principio justo, el mas razonable, y el religioso de que todas las tareas de la escuela deben comenzar invocando el Nombre Santo de Dios, é implorando sus gracias, para santificar las obras y las tareas que empiezan. Estas primicias que se ofrecen á Dios, y la gratitud por los bienes recibidos, son poderosísimos conductos para atraer nuevos bienes y nuevas luces. El libro 2.º citado contiene una fórmula breve para esta invocacion. Y fígese tambien para siempre que las tareas de la escuela deben terminarse constantemente con los actos de fe, esperanza y caridad concebidos en las mas breves fórmulas; con la oracion dominical, la del Ave María, y la oracion á los patronos de la escuel de que se hablará, debiendo ser la misma que reza la iglesia, pero en lengua vulgar.

3. Debe el maestro procurar inspirar en los corazones tiernos de sus discípulos una piadosa afeccion hácia la Religion santa que profesamos, y sus prácticas: inculcarles mucho y muchas veces, que el principalísimo obsequio, el obsequio agradable á Dios, es el del corazon. Persuadirles eficazmente que nunca recibirá Dios las alabanzas de los labios cuando el corazon no acompaña á estas alabanzas; pero persuadirlos al mismo tiempo de la ncesidad de las prácticas esteriores. Haga el maestro que aprendan de memoria la salutacion angélica, para rezarla en cualquier parte dond ese encuentren, ó solos, ó formando corro cuando se hallasen reunidos algunos compañeros; que de este modo alaben á Dios, santifiquen las calles, ó plazas, ó sitios cualesquiera, en que se hallen; y vean las gentes este egemplo de ternura. Que se arrodillen á adorar el Señor cuando pasase el viático, rezando devotamente. En el mismo libro 2.º se encuentran estas y otras oraciones, que deben aprenderlas de memoria.

4. Pues es tanta la eficacia de la oracion de muchos por la violencia que se hace al mismo Dios con los ruegos reunidos: debe el maestro asistir á la parroquia con sus discípulos al santo rosario, y en pueblos donde no se reza en comun, debe el maestro rezarlo en la escuela. Sería de desear pudiese asistir todos los dias á misa con sus discípulos; y cuando no pueda verificarse, procure que sus discípulos la oigan separados. En dias de fiesta debe asistir con sus discípulos á las misas parroquiales y vísperas, para mantenerse todos con la palabra de Dios, y excitarse los unos con el buen egemplo y fervor de los otros. En las procesiones debe ir el maestro con sus discípulos; y para llevarlos mejor ordenados, los Ayuntamientos y las juntas deben proporcionar lo mas pronto posible un estandarte acomodado á los muchachos con la imágen de la purísima Concepcion por un lado, y los Santos niños mártires San Justo y San Pastor por otro. Así mismo deben proporcionarse en todas las escuelas un crucifijo y la imájen de la purísima Concepcion.

5. Otras prácticas mas importantes quedan todavía, y son los sacramentos que tenemos que recibir. Los muchachos tienen que disponerse para la primera confesion y comunion, y luego tienen que continuar recibiéndolos, y en el prepararlos y disponerlos no es pequeña la parte que le toca al maestro; y tampoco es pequeño el cuidado y celo que éste gran deber reclama de su parte. De tiempo en tiempo debe señalar una porcion para recibir los sacramentos; les exortará sobre la importancia de recibirlos bien y con fruto, renovando la instruccion necesaria sobre las disposiciones. No se puede descender á todas las menudencias, aunque importantísimas, y se deja á las juntas esta parte muy interesante de las escuelas de primeras letras. El maestro y las juntas siembren la buena semilla, y el padre de las misericordias enviará su rocío si le pedimos con instancia, para que arraigue y crezca esta tierna planta, y el fruto de todas las instrucciones y prácticas, de que se ha hablado, se dejará conocer bien pronto en las costumbres de los niños, y aun del pueblo todo, con el buen egemplo de estos mismos niños de las escuelas.

6. En fin, para conseguir tanto bien, es menester poner las escuelas de primeras letras, de Guipuzcoa, bajo la proteccion de Maria Santísima en el misterio de su concepcion, para que por medio de esta Madre purísima alcancen nuestros jóvenes, y todos los demas por su egemplo, la pureza de costumbres. Tambien es muy oportuno que nuestras escuelas tengan por segundos patronos, á los niños mártires españoles San Justo y San Pastor que de su misma escuela, dejando las tablitas del abecedario, se presentaron ante el tirano á defender la fe del Crucificado, dando testimonio de su verdad en medio de los tormentos, y sellándolo con su sangre. Siempre serán los modelos de los niños de nuestras escuelas estos niños santos, y muy obvio su egemplo.
 

CAPÍTULO IV.
De la dotacion y ascensos de los maestros.

1. Ocupando incesantemente á un hombre el desempeño de obligaciones tan penosas y tan delicadas, como las de la primera enseñanza, y pudiendo decir con verdad que nunca será demasiado el esmero, ni excesiva la laboriosidad del maestro en el cumplimiento e sus deberes; pide con la mas rigurosa justicia un hombre tan útil y tan necesario, el que se le mantenga con toda decencia. El buscar con que vivir es la primera necesidad y la mas imperiosa de todas las que rodean al hombre. Si fuera posible, el maestro debiera ser dotado, al ménos, como el empleado público mejor dotado de los pueblos; porque pocos empleados públicos se encargarán de funciones mas delicadas, ni demas consecuencia. Cosa necesaria es tener un médico, un cirujano, porque es pareciabilísima la salud, y por eso se le paga; pero no es ménos necesario el maestro que cura los corazones de los niños, é ilustra sus almas. Pueblos hay que mantienen arquitectos pagados, y lo hacen muy bien, porque la policía urbana, la seguridad y hermosura de los edificios lo exije. ¿Cuanto mejor dorado no deberia ser un maestro de niños, este arquitecto de órden tan superior, que cuida de la seguridad y hermosura del edificio moral de los niños? Causa lástima é indignacion al mismo tiempo el cuadro de abandono é indolencia que nuestras escuelas presentan en esta parte. Pueblos hay, cuyo maestro no tiene dotacion alguna por la falta de fondos, dicen los que gobiernan estos pueblos infelices.. Pueblo hay que paga 3 mil reales á un preceptor de latinidad con catorce ó diez y seis discípulos, y no llega á 1800 reales lo que da al maestro de primeras letras con cien discípulos. Contados son los pueblos que pagan una regular dotacion á sus maestros de primeras letras, á estos padres y amigos de sus hijos. Y mas que algunos maestros se ven mendigando su mezquina renta, ganada con tanta justicia. Y ya no es estraño que el maestro sobre todas las causas dichas no tenga la autoridad necesaria para ser obedecido de sus discípulos: ya no debe estrañarse abandone sus delicadas tareas, deje solos á los muchachos, y se abata y se humille, dedicándose á objetos en que pierde el decoro: ya no es estraño en fin el que las escuelas no diesen los grandes y felices resultados que debían esperarse. Lo que sí debia causar admiracion era el que hubiese sucedido lo contrario; y lo que mas probaria todavía nuestra indolencia sería el esperar bien alguno de las escuelas, dejando en la misma indotacion y vilipendio á los maestros. Es preciso, es indispensable que los pueblos se persuadan de la necesidad de las buenas escuelas: se convenzan que los grandes bienes han de ser solamente fruto de la asidua laboriosidad é inteligencia del maestro en todos los ramos que abraza esta instruccion. Que el maestro por consiguiente, para ser lo que debe, y cumplir sus obligaciones delicadas, es meneser tenga que comer y con que vestir á sí, y á su familia; pero con aquella decencia que reclama la misma educacion, y que sea pagado religiosamente.

2. Es pues indispensable que cada pueblo, como el mas interesado en la buena educacion de sus hijos, arbitre los medios mas prontos y mas cuantiosos posibles, para dotar muy decentemente al maestro, y contribuir con alguna cantidad al ayudante donde fuese necesario. Que no haya pueblo, donde los muchachos que asisten á la escuela, no paguen una modica pension á su maestro, sin distinguir á clases de lectura, ó de escribir y contar, para el mas ó el ménos de su retribucion. Esta distincion debe hacese únicamente con relacion á los medios de los mismos muchachos: es muy justa esta distincion, por que los que mas tienen, reciben mayores bienes en la buena educacion, son mas interesados en las buenas costumbres de todos; son mejor respetadas sus personas y sus propiedades por gentes bien morigeradas. Esta verdad tan evidente reclama con toda justicia esta distincion y novedad pequeña en una pension modica en favor de su maestro.

3. Por esta razon las juntas de pueblo, y la principal, y el Visitador con todo el conocimiento necesario deberán hacer esta clasificacion de discípulos para una pension tan justa. Ella debe tener siempre relacion con la especie de poblacion y demas circunstancias, no exigiendo nada de los pobres de solemnidad declarados por tales por la junta de pueblo.

4. Conviene mucho se doten media docena de plazas para última escala de ascenso para maestros de méritos y servicios superiores; que despues del conocimiento exacto que adquiera la junta principal por las de pueblo y Visitador, de los fondos que hubiesen arbitrado los pueblos, y la suma de los discípulos, forme esta junta principal de provincia con el Visitador una escala de ascensos con las demas plazas de maestros; de modo que los maestros tengan una especie de derecho á estos ascensos, y que puedan confiar casi con certeza de que la junta principal los prefirirá siempre en sus pretensiones de ascensos en igualdad de circunstancias: esto mismo debe entenderse de los ayudantes.

5. Si al maestro, sobre su decente pasar, y esperanzas casi ciertas de obtener algun ascenso que le proporcione alguna mayor comodidad, se le abren las puertas de los honores y distinciones, que nunca debieron estar cerradas, verémos multiplicarse los bienes de la enseñanza. El hombre que goza de una regular comodidad, es muy sensible al honor y á aquella consideracion que le hace respetable. Por una fatalidad inesplicable vemos á los maestros rodeados de una especie de envilecimiento y bajeza, sin mas consideracion que la de un azotador de niños. Una profesion tan delicada, tan necesaria, tan útil, y de tanta trascendencia para el bien y para el mal de todo un reino, por la mayor parte se le mira como una cosa de poco valor. Un preceptor de latinidad se considera de una superior gerarquía, nada mas que por que enseña las reglas del idioma de Ciceron; y no se observa que los bienes de un buen maestro de primeras letras se dejan concoer en el taller de un honrado artesano, educado en su escuela; la paz de una familia, de un barrio y de un pueblo entero publican los bienes de un buen maestro: sus manos activan la laboriosidad, y hacen la rectitud de un comerciante. Hasta los Colegios y las Universidades son deudores al buen maestro de primeras letras, porque su escuela, su doctrina y su egemplo fueron la primera semilla que arraigó y creció, y luego produjo frutos copiosísimos. De aquí es, que los maestros deben ser honrados de todos modos, y aun buscarse nuevos medios para honrarlos mas, porque lo merecen, y porque los beneficios y bienes que deben esperarse de las escuelas de primeras letras, lo exigen imperiosamente.

6. Los Señores de los Ayuntamientos, los eclesiásticos, los padres y los interesados de los discípulos y todo vecino, debieran dar muestras de su estimacion y aprecio hácia el maestro. Las juntas de pueblo con toda especialidad, aun cuando se compusieran de personas de la mas alta estraccion y categoría, deben al maestro una especie de obsequio, de amsitad y particular atencion. Siempre que la junta de pueblo tenga que tratar algun punto concerniente á la escuela, el maestro, no estando ocupado, debe asistir como un vocal, y el mas interesado. No debiera haber fiesta, ó funcion de pueblo, votiva ó estraordinaria, á donde convida la autoridad, en que el maestro no ocupase su debido lugar como el que ocupa el mas distinguido del pueblo.
 

CAPÍTULO V.
De los discípulos

1. De nada servirian todas las reglas, y todos los planes, si los discípulos no son estimulados con premios, y castigos. El premio y el castigo son los poderosos agentes de todo lo que hace, y de todo lo que evita el hombre. Quítese el premio, y todo cae abajo: destiérrese el castigo, inmediatamente viene el desorden. Las acciones buenas, y aun las empresas mas árduas, se egecutan por el premio: y ¿qué desórdenes no evita el temor del castigo? No se debe detener en probar una verdad tan evidente, y gravada en el corazon humano. Digamos en general lo que deben ser unos y otros.

2. Ninguno es mas sensible á las alabanzas y honores que el niño; pero tampoco se encontrará apenas uno que se aplique por el deseo de instruirse y ser bueno. Distrahido continuamente por su natural viveza, y con una desidia y displicencia naturales para todo lo que sea trabajoso, vuelan proponiéndoseles agunos premios. Uno de los principales cuidados del maestro debe pues ser el de mantenerse simpre justo en la distribucion de premio y castigos; porque apenas observan los niños la injusticia, cuando no tienen valor ninguno los premios: y los castigos injustamente aplicados endurecen al niño en el mal. Haga el maestro que los niños conozcan el mérito verdadero, porque se premia, y apreciarán cualquiera distincioncita: castiguéseles con justicia, y convencidos del mérito del castigo, y aplicado este sin colera, con toda la calma y sensibilidad de un padre que á pesar suyo castiga, entónces un castigo ligero obra prodigiosos efectos. No crean los maestros que no hay mas castigo que azotes, los que deben servir siempre en casos apurados, y cuando no alcanzan otros. Castigo es para el niño todo lo que le violenta y le hace sentir: castigo es toda privacion; y un mismo castigo será tambien mayor ó menor, segun sea mayor ó menor la violencia que padece el niño, y mayor ó menor sea la sensibilidad de este mismo niño. Las juntas de pueblo y el Visitador deben individualizar aquellos pequeños premios y castigos de que el maestro debe usar diariamente en su escuela, teniendo presente la especie de poblacion, y por consiguiente la especie de niños que frecuentan sus escuelas.

3. Hay otros premios y castigos (llamémoslos públicos), y son los que públicamente se distribuyen despues de exámenes. Son necesarios estos públicos testimonios de aprovechamiento de los discípulos. Deben pues exáminarse los muchachos de escuela dos veces al año, por los meses de Mayo y Octubre, los dias que la junta de pueblo señale con anticipacion. Debe esta junta procurar solemnizar este acto, convidando á los vecinos honrados y los eclesiásticos, que tanto interesan todos en los bienes de la escuela.

4. Para la distribucion acertad de estos públicos testimonios, el maestro debe presentar una lista clasificada de todos los discípulos sobre la conducta moral y religiosa, y sobre la aplicacion y aprovechamiento en  los ramos á que se han dedicado; distinguiendo la conducta en buena, mediana, y en la que no ha llegado á la mediana: y la aplicacion y aprovechamiento con la misma distincion de bueno, mediano, &c. notando en una y otra parte lo que hubiese observado de particular.

5. En seguida de exámenes el Alcalde distribuirá á los que hubiesen merecido alguna distincioncita, ó algun regalito como algunos dulces ó cositas que estiman los niños, que las juntas juzgasen oportuno; pero el Alcalde, ó el Cura párroco, ú otro por encargo del Alcalde, acto contínuo despues de esta distribucion, alabará públicamente á los premiados sin excitar su orgullo; animará á los débiles con el egemplo de su compañeros, y reprenderá á los que se hayan hecho dignos de reprension. Esta alocucion, las cositas que se les regale que no costarán cuarenta reales, y la presencia de tantos como asistirán, todo el conjunto á que el mas niño se hace sensible, producirá grandes bienes: lo que importa es observar una estrecha justicia en la clasificacion, y teson para no premiar al que no lo merece.
 

CAPÍTULO VI.
Policía.

1. Es un abuso intolerable, pero demasiado comun, el que los padres envien á la escuela á sus hijos demasiado tiernos, porque no ocupen en su casa á padres ni criados; así es que dicen sin que nadie lo estrañe, nos dan paz mientras están en la escuela. Este abuso trae dos malísimas consecuencias: 1.ª que los maestros pierden tiempo, cuando los niños no pueden adelantar: estos alborotan las escuelas, turban el órden, y el silencio con la distraccion que ocasionan á los que pudieran aprender: 2.ª que exigiendo los padres de tales niños que los admitan los maestros, sopena de maltratarlos de palabras, estos quedan envilecidos tolerando un mal que conocen, y que no pueden evitar si han de seguir enseñando. No se quiere decir, que hasta adultos no se haya de ensayar con los niños; porque, cuanto mas tarde empiecen á desenvolverse, estarán mas torpes; sino que no se les admita, cuando no van mas que á estar, incomodar, y perjudicar; que no hagan del maestro y de los muchachos mas adelantados aurzayas, que les limpien sus suciedades.

2. Todo muchacho debe tener seis años cumplidos para ser admitido á la escuela, y aun mas los que son tardíos para cuidarse en sus necesidades; y cuando la estatura del muchacho hiciese dudar; debe presentar una nota del párroco, que esprese el dia de su nacimiento. Muchos pueblos hay que á los niños de cuatro y cinco años los llevan á las escuelas de las maestras, siempre poco numerosas, porque suele haber regularmente mas de una mujer que se dedica á esta primera enseñanza: los niños pues que asisten á semejantes escuelas, no causan los perjuicios que en las de los maestros, y son cuidados por las honradas mugeres que hacen de maestras, y aprenden, á fuerza de repeticiones, las principales oraciones que debe saber el cristiano, y el conocimiento de letras, y aun á leer. Esta costumbre debía estenderse, porque tales niños entran ya en la escuela de los maestros con algun conocimiento, y en disposicion de adelantar sin perjuicio de la comun enseñanza. Las juntas deben fomentar esta costumbre, y cuidar con todo esmero que no haya en las escuelas de maestras ninguno que pase de los seis años.

3. La salud de los muchachos es un punto interesantísimo. No debe pues tolerarse que asista ningun niño con aquellas erupciones malignas, y que se pegan; hay un peligro inminente de contagio de toda una escuela por un solo niño sarnoso, con tiña, ó cualquiera otra especie de maligna erupcion, porque los niños no aprenden en aquella edad, y no puede conseguirse una separacion total en las escuelas: es menester enviarlos á su casa, y no volverlos á admitir sin que el facultativo asegure al maestro su total disipacion y curacion. Para evitar semejante peligro de contagio, todos los dias deberá haber en las escuelas una especie de revista de sanidad, aseo y limpieza, exáminando el mismo maestro una docena de muchachos: el ayudante donde le hay, otros tantos y los restantes, divididos en trozos de diez, por otros tantos adultos y aseados, como trozos, examinados primero estos gefes por el maestro. Los trozos que exáminan por sí mismos el maestro y el ayudante todos los dias, deben ser diferentes; de modo que por sí mismos puedan exáminarlos á todos cada cuatro, ó cada cinco dias. Al muchacho que se le observe alguna señal de mal contagioso, se le enviará á su casa, acompañado de un adulto, con recado del maestro para que lo cuiden sus padres. Al que en este exámen se le viese sin lavarse, ó sin aseo en el vestido, se le enviará á que se lave, y un recado con el mismo ó con otro á los padres sobre el desaseo del hijo para su remedio. Podrá ser pobre el muchacho; podrá llevar remiendos de colores diferentes si se quiere en sus vestidos; pero llevarlos rotos, y descubiertas las carnes, y hedionda la camisa, prueba, ó el abandono de los padres, ó del muchacho. Agua hay con abundancia en el pais; y á una madre pobre, pero aseada y amante de sus hijos, no le faltan medios, para que su hio lleve aseados y compuestos sus andrajos. Si los pobres tienen un derecho que Dios les da á parte de los bienes de los ricos, no le tienen para incomodar, y ménos para apestar y causar asco á los de fortuna mas aventajada.

4. Ordinariamente son seis las horas que asisten á la escuela los niños de nuestro pais, y deben continuarse las mismas. De ocho á once todo el año por la mañna; y de una á cuatro por la tarde; pero desde primero de Abril hasta el último de Setiembre debe ser de una y media á cuatro y media, para que el maestro tenga esos meses de verano un rato de reposo. Siempre que pueda el maestro, debe estar en la escuela cuando entren los muchachos, para evitar bullas, y acostumbrarlos al orden y pausa. No se debe tolerar que ciertos muchachos, hijos de padres acomodados, ó porque comen mas tarde, ó por una especie de distincion, vayan mas tarde á la escuela: á la media hora despues de entrados, el maestro hará leer á dos adultos la lista de todos, divididos en los que leen, y en los de la clase de escritura. Tendrá cada muchacho, designado por el maestro el asiento que ha de ocupar, lo que debe hacer, y otras mil menudencias que podrán parecer impertinencias, pero impertinencias que influyen poderosamente para acostumbrarlos al órden y método que trae para entónces y para siempre mucha economía de tiempo, y facilidad para hacer todo bien.

5. Las juntas de pueblo, y la principal con el Visitador, dispondrán si alguno ó algunos dias que siguen á los exámenes, deberá haber de vacaciones. Respecto al maestro, seria muy justo que las juntas pudiesen proporcionarle unos quince dias al año. Ningun dia de fiesta habrá escuela; y el dia de los Santos niños patronos debe ser fiesta solemne para todas las escuelas de Guipúzcoa.

Estas son las ideas que la comision propone á la Provincia para mejorar las escuelas de distrito; y si un pensamiento soloe s útil para cosa tan importante, estará muy satisfecha de su pequeño y ligero trabajo, y pronta siempre á cooperar al bien público en este y cualquier otro ramo.

Vergara 28 de Junio de 1824.=Domingo de Iribe.=Mariano de Arizmendi.=Juan Enrique de Urrutia.
 

APÉNDICE

Para conseguir los fines que se intentan por la novedad de títulos diferentes que se proponen en el párrafo 8.º del capítulo segundo, puee por la mayor sencillez sustituirse á cuanto dice relacion á la variedad de títulos, la censura del Visitador con los infórmes de las juntas de pueblo.

Esta censura deberá estar fundada en los resultados de los exámenes generales de las escuelas, en la especie de poblacion y clase de discípulos, y en la habilidad, celo, y años de servicio del maestro; de modo que su mérito graduado de esta manera le ábra el camino á sus ascensos, y mayor consideracion.


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