2017ko martxoak 31, ostirala
Atzo Atzokoa

Autor: Isusi, Esteban de, (autor)
Titulos: Nuestros derechos nacionales y nuestra unión / E. de Isusi.
Nota: 24 p.; 15
Consulta en microficha.
Uno de los ejemp. procedente del Fondo del Departamento de Cultura del Gobierno Vasco
Digitalizado
Editor: Bilbao: Imp. Jesús Alvarez, [19--?]
Materia: Nacionalismo--Euskadi.
CDU:  323.17(466)

Localizacion         Sign.Topografica
FONDO DE RESERVA         C-364 F-50
Estado NO PRESTABLE

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E. DE ISUSI

NUESTROS
DERECHOS NACIONALES
Y NUESTRA UNIÓN

IMP. JESÚS ALVAREZ.-BILBAO

 

NUESTROS DERECHOS NACIONALES Y NUESTRA UNIÓN

 

E. DE ISUSI

NUESTROS
DERECHOS NACIONALES
Y NUESTRA UNIÓN

IMP. JESÚS ALVAREZ.-BILBAO

 

OPRESIÓN Y LIBERTAD

Los pueblos todos, que han sufrido la imposición despótica de dominaciones extrañas, en todos los tiempos y todas las edades lucharon con todo su esfuerzo, por la defensa de sus personalidades respectivas, procurando conservar incólume el tesoro de su libertad.

Recorriendo las páginas de la historia de los siglos, nos encontramos con ejemplos vivos de patriotismo, que son como oleadas sagradas del convencimiento íntimo de los pueblos al derecho que les asiste, como sustancias vivas, al goce y disfrute de sus atribuciones soberanas, sin ingerencias contagiosas de poderes extraños, que merman sus derechos y coartan sus propias características nacionales y nos encontramos con castigos ejemplares para la soberbia.

El pueblo hebreo, sometido a la ferocidad de los Reyes de Egipto, recorre con Moisés el desierto, huyendo de la persecución de los Faraones y luchando por su personalidad.

Holofernes sitia a Bethulia, queriendo dominarla con la fuerza numérica de sus tropas y una gran patriota, la joven Judit, corta la cabeza del caudillo, salvando a su pueblo de la acometividad de sus enemigos.

Los lacedemonios, que sufrían la dominación de los mesinios, son librados de la esclavitud por Tirteo.

Roma la conquistadora e Italia fueron saqueadas y asoladas por las huestes de Generico.

Carlo Magno y los doce pares de Frnacia con él, héroe de las fantasías populares, Roldán, son derrotados en las montañas de Roncesvalles, por Lupo, Duque de Vasconia.

Numancia arde en llamas antes que caer en poder de sus enemigos.

La república Dominicana con Juan Pablo Duarte en 1844, Méjico con el cura Hidalgo, La Argentina con las batallas de Tucuman y Salta, en 1812 y 13, y Cuba con la última guerra vencieron la dominación Castellana, volviendo a gozar de su independencia.

En los momentos actuales, Irlanda, Polonia y todos los pueblos, que encierran en su seno características vitales propias, se aprestan a mostrar ante la faz del mundo esas características y reclaman les sean respetados sus justos derechos de libertad.

Y Euzkadi sometida a la dominación extraña.

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Fundamento de nuestros
                                      derechos nacionales.

Ya hemos visto, que todos los pueblos luchan por recuperar sus derechos nacionales, veamos ahora si el pueblo vasco tiene derecho a ser nación propia y por lo tanto a figurar entre la categoría de los pueblos libres.

La raza, el lenguaje y el territorio son características de nacionalidad, los vascos tenemos una raza peculiar, un lenguaje propio, distinto a todos los idiomas, un territorio nuestro, que guarda los despojos de nuestros mayores y que encerrará los nuestros y los de nuestros hijos, como santuario de las generaciones vascas; y esa raza, ese lenguaje y ese territorio, unidos al hecho histórico de nuestra independencia y al espíritu colectivo, al alma popular vasca, con su arte, sus costumbres y sus leyes constituyen el fundamento de la nacionalidad vasca.

Y esta nacionalidad fué conservada a través de los siglos, sin que romanos, godos, árabes, ni castellanos, lograsen vencer la indómita fiereza de los euzkeldunes.

Y esta energía acumulada por generaciones y generaciones, no puede ser una substancia muerta, es algo vivo, que anida en nuestros pechos, como brote espontáneo de la raza, constituyendo nuestro espíritu nacional, nuestros cariños colectivos a una patria, que es nuestra porque la amamos.

Y estos cariños, son la consecuencia directa de nuestra raza, de nuestro idioma, de nuestras leyes, de nuestras costumbres, de nuestra historia y de nuestro propio espíritu.

Nunca uno tomará por nación a un pueblo, que no encierre en su seno estas carácterísticas, que son las suyas propias y en cambio las extendrá hasta allí donde las encuentre.

Es un principio elemental de clasificación, el unir lo semejante y separar lo distinto y querer unirnos en un apretado lazo nacional con las provincias españolas, cuyas características son tan diversas de las nuestras, es una aberración tan grande, como querer disgregar los estados vascos considerándos como pueblos separados.

Y resumiendo: existiendo una raza vasca, unas leyes vascas, un idioma vasco, un espíritu vasco, y un idioma vasco debe existir una nacionalidad vasca.

 

Usurpación de nuestros derechos.

Hubiéramos seguido disfrutando de la plenitud de nuestros derechos soberanos, sino nos hubiéramos metido en una guerra aventurera, en la cual aprovechándose del arraigo de nuestros mayores a su Dios y sus fueros, explotaron la sinceridad de los vascos comprometiéndoles en una revuelta, que nada les afectaba, pues a los vascos no debía interesarles los pleitos de casta ni de dinastías de pueblos extraños.

Esta aventura de nuestros mayores unida a la perfidia de quiénes, llamándose liberales, no tuvieron inconveniente en esclavizar a nuestra patria, fueron los fundamentos de la ley de 25 de Octubre de 1839, en la cual de un solo plumazo se echó por tierra aquel glorioso proceso de tantos siglos.

En esta ley se dice: Se confirman los fueros, pero sin perjuicio de la unidad constitucional de la monarquía. De una parte nos dejan nuestros derechos, pregonan nuestra libertad, pero de otra nos someten a gobiernos, leyes y lenguaje extraños, unciéndonos al carro soberbio de Castilla como una de tantas provincias españolas.

Fácilmente se descubre lo cínico e injusto de esta ley, que además de esclavizar a un pueblo arbitrariamente, nace con la cobardía y se sanciona por la traición.

Y siendo injusta, es de derecho que desaparezca y vuelva de nuevo el país vasco a goazar de sus justos derechos, de sus derechos nacionales.

 

Cuales deben ser
         nuestros derechos
                   y nuestras aspiraciones.

Y existiendo una nacionalidad vasca, tenemos derechos inherentes a esta nacionalidad que son emanados de nuestra personalidad viva; y estos derechos on el de un gobierno propio, nuestro, sin sumsiones a gobiernos impuestos, el uso y disfrute de nuestra lengua, como lengua oficial, la libertad en la enseñanza, con ámplias facultadaes para organizar el plan docente, nombrar los maestros y elegir los textos de enseñanza, la supresión del servicio militar, que obliga a servir a una patria extraña derramando la sangre por locas y quijotescas aventuras, como la de Marruecos, regirnos por nuestras leyes, que nada envidia a las leyes del mundo, sin que leyes extrañas rijan nuestros destinos y juzguen nuestros actos.

Esta debe de ser nuestra aspiración, la aspiración de todo buen vasco, que se haya hecho cargo del papel que debe desempeñar el solar euzkadiano en la historia futura y no la petición de una simple autonomía, siempre mezquina e injusta.

La autonomía es un pequeño trozo del todo que nos corresponde, que nos pertenece y transigir por ella, sería lo mismo que una renuncia a los derechos del país y ponernos a nosotros mismos el anillo de esclavos, pasando de una tiranía despótica de hecho a una sumisión voluntaria de derecho.

Tenemos derecho a ser nacionalidad propia, no debemos contentarnos con medias tintas regionalistas ni autonomistas, debemos aspirar que luzca para Euzkadi el sol de la libertad omnímoda, con plena soberanía, política, legislativa, ejecutiva y judicial.

Y esto con separatismos y sin separatismos, pues lo primero es obtener lo que se nos debe de derecho, luego podemos pensar en lo que nos exigen por fuerza y si antes tuvimos una historia, una raza, un lenguaje y un territorio y fuimos libres, ahora tenemos en nuestro haber otro nuevo saldo y es nuestra capacidad nacional de gobierno.

 

Nuestra capacidad nacional de gobierno.

Tenemos los vascos potencialidad para regirnos a nosotros mismos, tenemos, dentro de nuestro suelo, fuerza vital suficiente que ampare nuestras leyes, tenemos organismos vivos de riqueza, que sirven de sostén a nuestra libre vida, tenemos mentalidad cultural y lo que vale más tenemos un pueblo laborioso y emprendedor.

Estamos por lo tanto capacitados para ser libres, ¿cuál es pues el motivo para que no se derogue esa odiosa ley del 39 esclavizadora del pueblo vasco, al romper nuestra organización foral? ¿por qué no se reconocen nuestros derechos? Porqué los Gobiernos de España, marchan muy bien sobre el tinglado de su farsa, imponiendo su voluntad dentro de un régimen autocrático y dictador, cubierto con un falso ropaje de libertad y saben que el día del triunfo de la libertad vasca será el día del triunfo de la democracia vasca, pues luchando por los derechos de Euzkadi luchamos por la igualdad de los vascos todos, pues somos totalmente iguales, totalmente nobles, con una nobleza innata, mil veces superior, a esas noblezas mendigadas y adquiridas por humillaciones y bajezas.

Además, existen instituciones que se amparan mutuamente y temen, no sé si con razón o sin ella, el que van a flaquear sus hegemonías, sus privilegios de casta y uniforme concediendo a los pueblos libertades, que igualarían los derechos de los hombres todos.

Estas instituciones son la Monarquía, la nobleza y el militarismo.

La Monarquía es el sostén de la nobleza, la nobleza es el apoyo de la Monarquía y el militarismo la cuña, construída con el oro y la sangre del pueblo, que sostiene los escudos, blasones y coronas.

Pero todos estos recuerdos de grandezas tradicionales, símbolos de opresiones y tiranías, han de desaparecer en el siglo de las grandes democracias.

Las Monarquías se tambalean, la nobleza teme el castigo de su soberbia y el militarismo español se mira en el espejo del militarismo mundial y siento ya su próxima caída, con los acuerdos probables de la conferencia de la paz, pero aunque unas y otras ven entre el exterior de su agenda la proximidad de su muerte, se agarran a sus viejos recuerdos con ansias de vivir y prefieren arrastrar al país al descalabro, negando justos derechos, antes que ceder su dominio y opresión.

Estas razones anteriormente apuntadas, unidas a algo que hace relación a la vida económica, son la causa de que las voces de los vascos no sean escuchadas por el poder Central y que tengamos que sufrir la influencia nefasta de la absorción centralista en todos los ramos y manifestaciones de la actividad.

 

Necesidad de que sean
                   reconocidos nuestros derechos.

Pero es necesario que desaparezcan estos duros barrotes centralistas reforzados por el egoísmo y por la envidia, si queremos, al mismo tiempo que salvar a la patria, salvar nuestra iniciativa, nuestro comercio y nuestras industrias.

Estamos completamente atenazados por la opresión y necesitamos libertad.

Si es en cuestión de enseñanza, además de darse esta en un lenguaje que no es el nuestro, las universidades radican fuera del país vasco y son necesarios grandes recursos para poderse examinar de una facultad, quedando por lo tanto esta calse de estudios, reservada a las personas adineradas constituyendo una marcada injusticia, pues las clases humildes del país, tienen derecho a culturizarse y ostentar títulos académicos, que muchas veces solo sirven de papeles decorativos en poder de las clases elevadas, y que en poder de quien tiene que luchar por la existencia, darían días de gloria y esplendor para su patria.

Si es en cuestión legal, además de la dualidad legislativa siempre confusa que hoy tenemos, con el derecho foral y el derecho común, no pueden muchas veces aplicarse las ventajas o sanción de las leyes dentro de la justicia que debe presidir el orden social, porque los funcionarios de tribunales y notarías al no entender el euzkera, o no pueden conocer las aspiraciones de los euzkeldunes, o tienen que valerse para su conocimiento de intérpretes que no siempre se hallan a mano, sobre todo en lo que hace relación a las últimas voluntades, causando por lo tanto graves perjuicios a los herederos.

Si es en cuestión industrial o comercial para todo hace falta el permiso del papá Estado y es un papá, que está en siesta continuada, mientras los expedientes, contagiados por él, duermen entre el polvo del olvido y únicamente entreabre los ojos ese papá, cuando se encuentra con alguna visión que representa influencia o favoritismo y a veces negocio, no para el país, porque entonces seguiría durmiendo, sino para su bolsillo particular.

Es pues necesario que se reconozcan nuestros derechos, necesidad que puede alcanzar hasta la misma España.

Pues las únicas provincias, del actual lrégimen español, que tienen vitalidad propia, son aquellas que se han hecho cargo de su personalidad, los vascos y los catalanes y es pues conveniente para la misma España el reconocimiento de las peticiones de Euzkadi y Cataluña.

Pobres los pueblos que en estos difíciles momentos de justicia universal no se hagan cargo de sus necesidades internas.

España perdió a Cuba, por no hacerse cargo a tiempo, de sus necesidades de autonomía, no vayan a surgir complicaciones de más trascendencia, si ahora los Gobiernos, no atienden a las justas demandas de los pueblos que oprimen.

 

Nuestra unión.

Lo que nos falta para llegar al logro de nuestros justos y necesarios anhelos, es cohesión de voluntades que unidas todas convenzan al centralismo despótico de Madrid, de que aquí hay un pueblo que debe ser libre, que quiere ser libre, que puede ser libre.

Todas cuantas soluciones esperemos vengan de Madrid, no llegarán, ya habéis visto la solución que han dado en esa comisión extraparlamentaria a las aspiraciones del país, es necesario que nosotros tomemos la justicia por nuestra entera mano y todos unidos, alcancemos lo que de derecho nos pertenece.

Nuestra Euzkadi necesita el esfuerzo de todos, no desoigáis sus gritos, que son como lamentos dolorosos de nuestros padres, de nuestros hermanos, de nuestras esposas, de nuestros hijos, defendamos el patrimonio de nuestros mayores, unámonos todos ante una misma expresión, ser vascos y solo vascos.

Es necesario que el estado de cosas anterior termine, es preciso que en la escala del tiempo se inicie una nueva era de reparación y de justicia, nuestra dignidad lo demanda, el triunfo de la democracia lo exije.

La esclavitud de los hombres ha pasado para siempre, pero aun subsiste la esclavitud de las naciones y si para desaparecer la primera fué preciso una gran conmoción social, debemos ir todos unidos a esa conmoción si necesario fuera, para procurar la libertad del país vasco.

Estos no son momentos de discusión, no son momentos partidistas, son momentos de concentración vasca, el alma del pueblo vasco tiene que dar señales de vitalidad, y rompiendo las ligaduras de ambiciones y egoísmos, debe acordarse de su nacionalidad.

Este ideal nacional existe en el interior de todo vasco, como una semilla falta de calor, pero este ideal dormido en muchos corazones debe convertirse en un sentimiento externo y este sentimiento ser el ideal vivo, la aspiración colectiva, la necesidad substancial del pueblo vasco, que no pudiendo resistir por más tiempo dentro de una pasividad ideológica, quiere pasar a acción y ser como algo propulsor de una actividad política renovadora.

Y este sentimiento debe ser una manifestación espontánea de la vida nacional, un estado psicológico de nuestro ser, nuestra verdadera idiosincracia.

Debemos por lo tanto reconcentrar este sentimiento unánime, que es como el brote colectivo del espíritu patrio en torno de una aspiración, de un solo objetivo, salvar al país.

Y no deben distanciarnos, ni las cuestiones sociales, ni las ideas religiosas.

En cuestión social deben convencerse todos, de que la libertad de un pueblo no está reñida con la libertad de los demás, de que no deben confundirse nuestra demanda de libertad con el separatismo, de que el separatismo llegará si se desoyen nuestras peticiones, pues el látigo es mal código de afectos, deben comprender, que no puede hallarse informado el espíritu vasco de ideas de odio, porque las ofensas en espíritus cristianos se cubren con el manto de la caridad, deben compenetrarse, de que hoy día es solo la dominación castellana, con las leyes castellanas y el idioma castellano, la que esclaviza a los estados peninsulares, pues no es España la nación que manda, sino Castilla, el pueblo que tiraniza; deben persuadirse de que al velar por nuestros derechos, no vamos contra la persona del hispano que pueden libremente y al amparo de nuestras mismas leyes desarrollar sus iniciativas, sino contra la intromisión del espíritu ajeno en el gobierno y organización interna de nuestro pueblo, deben enterarse de que no se quiere que muera España, sino que dejen vivir a Euzkadi, con la plenitud de su antigua soberanía, de esa soberanía que disfrutó hasta el 25 de Octubre de 1839.

Y la cuestión religiosa no debe separarnos, los vascos en general tenemos una misión que cumplir y es la libertad de Euzkadi que es nuestra patria, dejando la cuestión religiosa a la conciencia individual y a los elementos que, por su investidura sacerdotal, están obligados a propagar las verdades cristianas, sin que nosotros nos entrometamos en la cuestión religiosa, ni tratemos de dogmatizar, ni el clero se inmiscuya en asuntos políticos, porque sería rebajar su condición de ministros de Dios y convertirse en enredadores de pueblos.

La misión nuestra está en lo social, económico y político procurando laborar por el engrandecimiento de la patria, aportando cuantos beneficios se puedan al país.

La religión es algo que habla al interior del individuo, es algo personal relacionado directamente con nuestra conciencia, cada cual puede, interiormente, pensar con completa libertad, no debiendo por lo tanto las ideas religiosas, perturbar los lazos de unión que deben existir entre quienes siendo vascos tienen una misma raza y una misma nacionalidad.

Es una pena, que en el país vasco existan discrepancias religiosas, siendo un pueblo tradicionalmente católico, pero es una realidad, todo lo triste que se quiera, pero una realidad al fin, a la cual no podemos poner más que un solo remedio, el ejemplo y el convencimiento, nunca la imposición.

Porque si imponer a uno lo que ha de hacer, es despótico obligar a una colectividad lo que ha de pensar, horriblemente tirano.

Aunque sintamos de distinta manera en cuestión religiosa, debemos sentir los mismos amores en cuestión vasca, no creo que deben cerrarse a nadie las puertas de la patria, la religión nos separará en el Cielo pero el amor a Euzkadi debe unirnos en la tierra.

La nación euzkadiana, puede lo mismo ser católica que acatólica, monarquía que república, autocrática que democrática, porque será la voz del pueblo la que informe la constitución futura vasca, pero lo necesario es, que sea pronto nación libre, después trabaje cada cual por sus ideas particulares.

He procurado manifestar lo que deben ser nuestros derechos y la necesidad de nuestra unión, unirnos, se implacables no solo con los gobiernos que nos dominan, sino también con esos vascos que fingiendo amores falsos a patrias que no quieren y abandonan en trances difíciles (acogiéndose a los beneficios de la exención militar, en vez de derramar su sangre, como tantos pobres inocentes en tierras africanas), ridiculizan nuestra raza, ultrajan nuestro lenguaje, pisotean nuestra personalidad; esta debe ser nuestra divisa.

Y debemos unirnos, si queremos legar a nuestros descendientes lo que en derecho les pertenece y no queremos que nuestras cenizas sean malditas, por quienes deben venerarlas.

El momento de Euzkadi es este, no lo desperdiciemos, luchemos sin tregua ni cuartel contra todos los que se opongan al logro de nuestras justas demandas.

Fijémonos en los catalanes, allí están todos unidos y piden libertad y si los catalanes tienen aspiraciones que conseguir, nosotros tenemos derechos que defender, justo es que nos unamos para defenderlos.

No debe haber entre los vascos más que un solo propósito, la lucha; una sola esperanza, el triunfo, y un solo ideal, el amor a Euzkadi.

 

 


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