2017ko maiatzak 29, astelehena
Atzo Atzokoa

Autores:   Evans, Luis
 Titulos:   Memorias sobre la guerra de Navarra, las provincias y la espedición ¢sic! de Gómez
 Materias:  España - Historia - Guerra carlista, 1833 - 1840 / Euskadi - Historia - 1833 - 1840
 Editores:  Imprenta de D. Francisco Oliva, Barcelona, 1837
 
Localizacion: Sign.Topografica         Situacion        Devolucion
Sign.Topografica: C-120 F-11
Situacion: No prestable

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MEMORIAS SOBRE LA GUERRA DE NAVARRA, LAS PROVINCIAS Y LA ESPEDICION DE GOMEZ.

POR

Don Luis de Evans,

TENIENTE DE CAZADORES DEL REGIMIENTO INFANTERIA DE CORDOBA 10 DE LINEA

Dedicadas al Ejército de Operaciones del Norte  

Barcelona: IMPRENTA DE D. FRANCISCO OLIVA, CALLE DE LA PLATERIA. 1837
 

GUERRA DE NAVARRA
 
 

Esta obra es propiedad del infraescrito: todos los ejemplares irán firmados y rubricados por él mismo
 
 

MEMORIAS SOBRE LA GUERRA DE NAVARRA, LAS PROVINCIAS Y LA ESPEDICION DE GOMEZ.

POR

Don Luis de Evans,

TENIENTE DE CAZADORES DEL REGIMIENTO INFANTERIA DE CORDOBA 10 DE LINEA

Dedicadas al Ejército de Operaciones del Norte

Barcelona: IMPRENTA DE D. FRANCISCO OLIVA, CALLE DE LA PLATERIA. 1837
 
 

El Editor.

EL asunto de interés mas general en el dia es á no poder dudarlo esta interminable lucha de principios opuestos y de encontrados intereses que devasta y aniquila nuestro suelo. Ni un solo español puede ser indiferente á tales sucesos, que además trascienden á todos los pueblos de Europa. Hasta ahora nadie se ha empeñado en publicar una relacion seguida de los acontecimientos de la guerra civil que nos aflige, y parecerá acaso poco oportuna para ello la época actual, por lo mismo que son recientes los sucesos, y porque podria resentirse la susceptibilidad de personas de alto coturno, que han sido ó son actores en esta tragedia. En efecto, en parte es así: la historia de la guerra civil de España, escrita con aquella filosofía profunda que desentraña las causas mas ocultas, que investiga los resortes de los acontecimientos, y al paso que los refiere acompaña su relacion con observaciones y reflexiones de alta política, sacando de cada hecho mil consecuencias; semejante historia podria con razon tacharse en la actualidad de intempestiva; pues la meditacion filosófica mal se aviene con la efervescencia de los espíritus. Pero el referir sencillamente la parte militar de nuestra contienda, sin comentarios, sin aplicaciones ni deducciones de ninguna especie, no solo no es impropio de esta ocasión, sino que debe preferirse á cualquier otra: ahora es cuando en los cometidos errores debemos estudiar el modo de conducirnos mas adelante para evitarlos, y de lo pasado deducir lo venidero, manifestar la apatía que ha reinado en esta lucha, para estimular en lo sucesivo á mayor energia los personajes que de nuevo dirijan el ejército, que evitarán se publiquen sus actos y se delaten á la opinion pública como se hace con sus antecesores. Además, ello al cabo habrá un partido enteramente vencido y otro vencedor, y este último entonces si no se hubiese escrito sobre la materia, podría acaso aprovechar su posicion para desfigurar los sucesos y trasmitirlos á la posteridad bajo el aspecto que le fuese mas favorable y deprimiese á la parte contraria, la que ni fuerza tendria para defenderse. Al presente el escritor no puede menos que referir las cosas según su justo valor; pues hay un contrario que desmentiria sus asertos en caso de parcialidad, exageracion ó espíritu de partido. Tenemos las mejores garantías de la exactitud de este escrito; pues el Autor ha sido testigo presencial de las acciones que describe, ha estado en contacto con los personajes que mas figuran en ellas, con los pueblos y lugares que son el teatro de la guerra; circunstancias, que unidas á su imparcialidad, harán muy útiles estas MEMORIAS para el que tome el encargo de escribir la historia de la guerra actual, é instruir á todos los españoles sobre acaecimientos que se les han presentado envueltos en confusa obscuridad y misterio. Por todos estos motivos hemos emprendido la impresión de esta obrita, y confiamos que el lector nos quedará por ello agradecido.
 
 

Al Ejército

¡QUÉ mas grato que cantar tus virtudes!

¡Qué mas encantador si debidamente mi pluma pintar pudiera tus heróicas acciones!

Ni los reveses, ni las desgracias, ni las alteraciones políticas en la crisis misma del peligro, ni las hambres, ni los disgustos mas sensibles, capaces de enervar el mas entusiasta pecho en el momento mismo de la confusion mas aciaga y peligrosa; nada, nada suficiente ha sido para arredrarte. Constante siempre en el cumplimiento de tu deber sagrado, sigues impávido con planta firme y serena frente el camino de la victoria ó de la muerte.

Alguna hoja desprenderse pudo de tu sien ceñida de laurel glorioso. ¡Mas qué importa si la palma del sufrimiento con aquella á la par renace!

¡Ojalá que tu sangre fertilice el suelo español, y que los ensangrentados manes de las víctimas sacrificadas en aras de la LIBERTAD no lloren al contemplar sus esfuerzos malogrados por el espíritu de division que siembra entre los libres el partido mas férreo y ominoso.
 
 

Introduccion.

Es imposible pintar la guerra que nos devora sin ver antes en la historia de los tiempos su origen, sin conocer las causas que la sostienen, y por último sin clasificar detenidamente el cálculo político que dio impulso en su principio á su mágico incremento.

Debiendo batirse el ejército con un enemigo que completaba su victoria con solo sostenerse, haciendo una revolucion sensible en la disciplina y la táctica; eran necesarios cuerpos acostumbrados á su clase de guerra selvática para herirlo por los mismos filos. De lo contrario sus nubes de tiradores insultaban y mortificaban continuamente nuestras maas; la sque estrechadas por el órden y disciplina mas indispensables, les era imposible ofender ni defenderse de quien les daba la muerte impunemente. ¿Qué hacer con un enemigo que corrompiendo las bases de la milia por convenirle así en su clase de guerra de puestos y partidas; su virtud militar consiste en el desórden, la dispersion y la fuga? Los axiomas militares de que la union constituye la fuerza, y el órden la victoria, eran desmentidos por los efectos que podrucian nuestras persecuciones y ataques. Nunca se les atacó sino en posiciones y circunstancias elegidas por ellos: jamás ventajas decisivas adquirieron nuestras armas.

Sin embargo, la guerra hubiera finalizado pronto, si se hubiera dividido la opinion del pais. Entonces los Minas, Jáureguis y Gurreas, hubieran sido los Sertorios de este siglo, y el laurel de la victoria hubiera brillado en sus orladas sienes; ¡pero ay! colosal ya el enemigo y destituidos estos de los elementos que necesitaban, sus nombres solos no podian producir batallones ni compañías de voluntarios. A pesar de ser pcoos los que espontáneamente se han decidido á favor de nuestra causa, les vemos temerarios encantar nuestra admiracion con sus acciones.

Aun es tiempo, el oro podria producir divisiones en los pueblos mas comprometidos al partido retrógrado; y la ribera, dominada por nuestra caballería, se convertiria en una herizada selva de bayonetas, coluna tan formidable por su influencia como por sus efectos. Sin este recurso, dictado por la prudencia de todos los inteligentes en esta clase de guerra, será dificultoso lanzar de las empinadas cumbres de los montes los hijos fanáticos del despotismo; y convertidas en Amézcuas todos los valles, todos serán arcas de sus frutos y rapiñas, mirados con respeto por nuestros soldados.

Las mas sagradas afecciones están imbuidas en el pecho faccioso por el clero seductor. Ellos creen que defendiendo su suelo de las castellanas huestes, defienden su rey, religion y fueros, y que son sus libertades; y fieros en la conservacion de sus antiguas instituciones, que otros pueblos cobardemente han permitido usurpar; fácil es hacerles creer que se amenazan sus regalias en cualquiera cambio político que no adule el poder del teócrata.

Sumida Córcega á diferentes repúblicas, pasaba en un silencio sepulcral su desconsuelo, y mordia en el frenesi postrero á la muerte los hierros con que la encadenaron sus tiranos. Hubo momentos que, dorados estos con un título engalanador, pudo hacérselas mas llevaderas: pero cediendo en fin á una rabia que permanecia íntegra en sus pechos; se enarbola el estandarte de la independencia, y he aquí el origen del patriotismo y el amor á la libertad.

El poder de Génova y sus aliados se agota en el seno de su conquista; y observada continuamente por el pueblo que se batia por sus mas sagrados intereses, jamás llegaron las invasoras tropas á sellar con inmunda planta los altos baluartes dó respiraban los libres. Mil veces sus falanges impertérritas esgrimieron heróicas el acero, y mil veces vencedoras de las colunas enemigas, cimentaban su independencia sobre torrentes de sangre. Amadeo les conduce á la gloria en los combates: débil el enemigo le ataca en el campo, y prudente á una mayoría inmensa, permanece fiel espectador de sus operaciones. La constancia por último les hace vencedores de sus enemigos, y el gran Paoli, dulcificando sus costumbres, crea leyes, establece reformas, y da el sér de regeneracion á los hijos de la selva, á los hombres de la intemperie. Sucumbió por fin no á su antiguo enemigo, sino al colosal poder de la Francia; y esta destruyendo los bosques y desmontando los pasos difíciles, se elevó señora de una isla respetable por su valor, y digna de mejor suerte por sus virtudes.

Tal es el hombre: la situacion topográfica, el clima, las costumbres, la legislacion y el fanatismo, influyen de un modo enteramente sensible en su moral, y cualquiera de estos resortes que halagando sus deseos le ofrezca el camino de la muerte, es seguido con la ceguedad de los mismos principios que inspira.

No son humilladas con tanta faciliad unas provincias que, batiéndose por sus prerogativas, están dotadas por su fanática educacion de la mas odiosa intolerancia, de la mas arriesgada preocupacion, del carácter mas belicoso, sostenidas por la posicoin mas áspera é inaccesible.

Las gargantas de la Suiza fueron el sepulcro del terror de la Europa, y aquel que vencido y venciendo un mismo calor le animaba en los reveses, frio, helado, y yerto, coronó la independencia de la patria de Guillermo Tell. Vimos entonces desplegarse todo el carácter de los habitantes de los Alpes con todas las señales guerreras con que los describe J. César, y les vimos capaces, según su pintura, de tragarse la mitad del ejército que el jóven Héroe de Cartago condujo al Rubicon y al Pó para hacer temblar á Roma.

En estos mismos sitios donde se bate á un enemigo comun en Europa, á un enemigo sórdido y vil, á un enemigo mas temible que la miseria y el despotismo, en este mismo sitio se nutrieron nubes de hombres que, sin mas gefes que su inestinguible entusiasmo, y sin mas conocimientos militares que su natural fiero y guerrero, desafiaron audaces al africano orgulloso con una posesion de ocho siglos, destrozaron sus escuadrones, aniquilaron sus legiones, y le condujeron mas allá de las colunas de Hércules. Semejantes entonces los habitantes de las montañas á un torrente inundador, por la rapidez en conquistar su suelo, lo purificaron en parte de la larga permanencia de la usurpacion.

El lenguaje exótico de los habitantes de estas provincias, la fiereza de sus costumbres unida á una sencillez y dulzura dignas de compararse con los tiempos patriarcales, la frugalidad en las comidas, los sencillos alimentos, el escaso uso de los licores fuertes; y su situacion topográfica que les obliga á correr con riesgo y sin temor sobre los precipicios, despreciando los peligros y batiéndose á mano fuerte con las fieras, les mantiene puros respirando el aire fresco de sus elevadas montañas, y robustos ejercitando su fuerza, que continuamente crece y no vegeta. Cunas siempre de la libertad sus profundos valles, el laberito de sus bosques, y lo inaccesible de sus riscos, han sido los baluartes que, robustenciendo su debilidad, los han hecho fuertes y prudents. Siempre hicieron temblar á los tiranos, y nunca las agarenas huellas mancharon su suelo tan antiguo como las aguas del Océano. De aquí sus fueros, de aquí sus preeminencias, de aquí una libertad tan estensa en Vizcaya que ninguna república democrática ha podido igualar, y de aquí por útlimo el orgullo nobilísimo que les distingue de las provincias meridionales.

Este orgullo añadió combustible á la llama patriótica que iba á espirar sofocada por tantos reveses: A las armas gritó la patria á los habitantes de las montañas, y convertidas las hordas en legiones, las tropas que habían marchado á la sombra de la victoria desde el Danubio hasta las ardientes arenas de Cádiz, encuentran la muerte en la desesperacion de los que se batian por su independencia, y su sepulcro en las profundas gargantas y angostos desfiladeros. Treinta mil hombres, mandados por los mejores mariscales del Imperio, se veian no pocas veces precisados á abatir su orgullo al intrépido gefe de siete miserables batallones navarros: y los vencedores de Austerlitz, Jena y Wagran veian marchitarse sus laureles, muriendo al impulso del que hacia momentos habia desamparado el arado.
 
 

Libro primero.

EN los principios puede sofocarse fácilmente toda revolucion; pero cuando esta favoreciendo á la mira de un político permite su incremento, no debe olvidarse de preparar todo lo necesario para destruirla de un solo golpe cuando sea ya inútil á sus intereses. Desgraciadamente palpamos los efectos contrarios á esta máxima. Sin una revolucion no hubiera nuestro trono hecho otra cosa que mudar de dueño, y quizá el Código que debió haber predispuesto la Nacion á mejoras mas sensibles no hubiera existido. Probóse entonces que era necesario de hecho la guerra civil, para patentizar que los solos que podrian contrarestar el poder del tirano Pretendiente eran los comprometidos por un sistema contrario al despotismo y los jóvenes prosélitos de las luces del siglo.

Erróse el cálculo en su conclusion, pues conocida la intencion diplomática, degeneró en particularidades de interés personal, y consiguientemente á la corrupcion de la causa fueron prostituidos en su razon los primeros efectos. Tal trascendencia tienen los órganos del poder cuando diferiendo sus deberes, lejos de sacrificarlo todo á la República, sacrifican la Nacion á sus intereses.

Animados sin embargo algunos gefes con la brillante perspectiva de la gloria que les acarrearia la conclusion de una lucha que cada dia adquiria una reputacion giganesca, tentaron los medios únicos de finalizarla, y ya casi exánime íbamos á cantar el triunfo, cuando se coartan de un golpe las facultades que nos hubiera conducido á la paz; y avaro el gobierno de la sangre enemiga, impidió derramar gotas tan solo para obligarnos á verter torrentes sin objeto. Crece el prestigio de los enemigos al separarse del ejército el Gefe que por medio de la mas violenta persecucion lograba ventajas decididas sobre ellos, y se aumentan considerablemente venciendo en Alsasua á nuestras tropas, mandadas por el reemplazó á Valdés.

Los sitios que marchitaron laureles que á tanta costa se tejieron los héroes ya en el oriente, en el norte, y en el mediodía, obscurecieron tambien los que por solo una intervencion pasiva, se coronaron con el pomposo renombre de vencedores en Portugal. Entró por fin el ejército espedicionario: acampóse en las espaciosas y secas llanuras de Mendavia, frente de los seis ó siete batallones que formaban el de Navarra.

El carácter de la guerra se transformó en una persecucion particular, y se ven diez ó doce mil hombres tras el Pretendiente por los desfiladeros de Guipúzcoa y Navarra.

El genio organizador de Zumalacarregui aprovecha esta coyuntura impolítica para dar el sér á inmensas turbas de paisanos, que se presentaban á sus órdenes, seducidos los mas por el confesonario, y otros, aunque pocos, arrebatados del seno de sus familias por el mas atroz decreto. Créanse en Navarra el 6.º, 7.º, 8.º y 9.º batallones, aumentándose en Guipúzcoa y Vizcaya otros en proporcion; y las hordas enemigas toman el aspecto de batallones brigadas y colunas.

La defeccion del secretario del comandante general de la provincia de Burgos al partido insurgente, proporcionó á Zumalacarregui elementos preciosos á sus intenciones, apoderándose de un comboy de fusiles, y aprisionando la compañía de cazadores provinciales que lo conducian.

Ningun dique habia que contuviese el torrente amenazador de las armas revolucionarias: su marcha despues de apoderarse del comboy, principal origen de su gloria, era anticipada por el terror, y los dispersos grupos de la caballería que quiso oponerse á su curso inspiraban temores á los pueblos mas lejanos. A Cenicero solo estaba confiado confundir el orgullo del Caudillo rebelde, y aquel que un año antes su asistente era su ejército, y una pequeña cartera el depósito de sus planes, vió furioso estrellarse su rabia seguido de una numerosa division contra la serenidad estóica de un puñado de libres refugiados en el campanario de la villa. Este sagrado castillo, cuya inmunidad violada por los defensores de la religion persenta un aspecto que incita á saber su historia, es un monumento de gloria: sus anchas y dilatadas grietas ostentan ennegrecidas los efectos del fuego devorador. Ansioso el viajero que va á Navarra, desea encontrar este trofeo digno simulacro de otra Zaragoza; é impaciente de ver el último espectáculo que le recuerda sus fatigas ya pasadas, lo saluda con veneracion el infeliz militar que abandona la guerra, llevando quizá recuerdos en su persona de esa lucha fratricida tan tristes como la muerte.

Armados todos los batallones con escelentes armas, y vestidos la mayor parte con los vestuarios que se conducian al ejército, fácil era no seducir, sino encantar á unos pueblos que, fanatizados por su educacion, creen sagrada la causa que defienden, y por lo tanto sancionan de milagro ciertas ventajas que solo pueden atribuirse á la perfidia. No era sola esta causa la que tan magnéticamente les conducia al error. Sorpréndese Viana, y apodéranse los enemigos de diez caballos y de la mayor parte del primer batallon del regimiento de Castilla: atácase en las peñas de San Fausto, y perece casi entero el provincial número 34 cayendo prisionero el conde Villa-Manuel, que á pocos dias fué fusilado en Lecumberri; y por último coronan su primera serie de triunofs pasando á cuchillo los desgraciados prisioneros de las funestas jornadas de Alegría: ¡jornadas de horror, de sangre y de muerte! Los laureles que adquirió en esta batalla el cruel Zumalacarregui, fueron manchados con la sangre de los vencios: los ojos del viajero miran con horro el campo que fué tumba de aquellos desgraciados, sacrificados los unos por inercia, los otros quizá por la mala fe.

Alarmada la patria viendo teñidas sus sacrosantas aras con la sangre de sus hijos, quiso buscar en vano el remedio en D. Gerónimo Valdés, único que en su principio hubiera triunfado de la revolucion. Careciendo de las masas necesarias para batir al enemigo, se esfuerza en variar su posicion ofensiva en puramente defensiva, y le vemos despues de la triste espedicion de las Amézcuas reconcentrar las colunas para defenderse con el cuerpo del ejército. A pesar de este plan de unidad, Treviño es tomada casi á la vista de veinte mil hombres; y el estruendo de los primeros cañonazos que oyó el ejército del enemigo, fueron el preludio de nuestras desgracias. A pocos meses siguióse la pérdida de Villafranca, Vergara, Ochandiano y el abandono de Tolosa, coronando esta serie de espediciones con el atrevimiento de sitiar á Bilbao.

Las-Heras hubiera dirigido la maracha del ejército á este punto si el espíritu político de Córdoba, que no desconocia la influencia que merecia esta accion, no se hubiera presentado como mas antiguo á su cabeza. Poca tenacidad hubo por parte de los enemigos en abandonar lo que ocupaban á costa de la muerte de su caudillo Zumalacarregui. Reedificóse la fortificacion estableciendo líneas esteriores, y el ejército siguió el movimiento enemigo que se habia dirigido á sitiar Puente de la Reina. Esta espedicion, que no indicó el menor proyecto, ejecutada con la rapidez de veinte horas é ignorada del ejército hasta el momento del bloqueo, produjo una marcha rápida de cuarenta leguas de perímetro hasta aquel punto. Orgulloso el enemigo con sus victorias, tan superiores á todo cálculo como lejanas de probabilidad, intentó oponerse al ejército entero, que no deseaba mas ocasión que el enemigo engreido osase medir sus armas fuera de las gargantas y los desfiladeros.

En efecto: los pintorescos campos de Mendigorria fueron el teatro de una accion que iba á decidir la suerte completa de los enemigos ó la gloria de la patria. Dos colunas numerosas emprendieron el ataque de frente y de flanco, y mil caballos ostentaban orgullosos unas lanzas que no se habian esgrimado aun en un terreno, que por su situacion plana se les hacia mirar como genios tutelares de la victoria. Nuestras masas, arma al brazo é impávidas, arrojaron de las alturas á los enemigos, rompieron su centro, envolvieron sus alas, y sembraron el desórden, la confusion y la muerte en sus filas; mientras que el gefe de la caballería, espectador de nuestros prodigios, no quiso coronar la victoria de aniquilar el ejército enemigo, apoderarse del Pretendiente y todo su estado mayor. Satisfechos de este medio triunfo, lejos de perseguir en su completo desórden apoderándonos de Ciraugui, Mañerú, Estella, y obligarles á reunirse en las entrañas de la sierra Andía, el rio Arga fué nuestro límite por el flanco izquierdo, y la posesion de Puente de la Reina satisfizo toda la sed de triunfos, no ignorando que no es victoria aquella en que se dejan de adquirir ventajas que se pudieron. Sin embargo, en todos los ángulos de la Monarquía resuenan las pomposas noticias de dispersion y derrota enemiga; prodigando los papeles públicos el mas adulador incienso al Regenerador de la moral del ejército, al jóven Héroe. ¡Qué de contradicciones en la historia de la revolucion! Qué de contradicciones en los monumentos que deben proclamar la opinion pública!

Las consecuencias de una jornada tan brillante se limitaron á obligar al enemigo á levantar el sitio de Puente la Reina, haciéndole conocer la superioridad tan sensible de nuestra heróica infantería. Lección débil, resultados mezquinísimos, comparados con los efectos positivos que debieron haber producido.

El no saber aprovecharse de las circunstancias de una accion ganada es el mayor defecto de un capitan. La rígida censura de la historia deberá caer sobre el lisonjeado Vencedor de Mendigorria, y la posteridad, dirigiendo su vista imparcial sobre los hechos, despreciará altamente el servil adulador.

El ejército siguió su marcha, y parte de él coronando las alturas del Perdon descolló hácia Pamplona.

Este punto no ofrecía al sistema enemigo mas ventaja que el de hacerle escasear de provisiones, cometiendo en esto uno de los mayores errores acerca de sus intereses; pues la libre circulacion de estos y efectos mercantiles hubiera abierto á su hacienda un manantial inagotable de recursos, que sacrificaban ciegos al mas brutal rencor. El ejército seguia con sus movimientos los del enemigo, lo cual proporcionaba una fatiga continua en el seno mismo del descanso. Por último amenazada Vitoria marchó rapidamente á contener tamaño golpe trazando un ámbito de treinta leguas. La vista del ejército cubierto con los tiernos laureles de Mendigorria ahuyentó las huestes enemigas, obligándolas á ocultarse en las escarpadas rocas que dividen Alava de Guipúzcoa.

Desde este momento la guerra tomó un aspecto enteramente opuesto al anterior; y las entrañas de las provincias mas felices en riqueza y fecundidad, se presentaron como teatros donde debian representarse las mas sangrientas escenas.

No vemos ya los habitantes de las montañas defender tenazmente sus cunas de los diferentes enjambres guerreros que intentaron asolarlas, ni defenderse al favor de las calizas rocas y los inmensos bosques de los ejércitos con que los tiranos pretendieron despojarlos de sus libertades, no; les vemos fieros y orgullosos desafiar nuestras legiones á la sombra de la disciplina y de las armas auxiliares, haciendo mas inespugnables con el arte, las gargantas y elevados montes que los separan de nuestra vista.

Las primeras acciones que se dieron en las alturas de Arlaban hicieron conocer al enemigo que nuestros cazadores y las formidables masas que los protegen, desprecian las alturas donde la nieve es eterna.

Esta conviccion unánime obligó á Eguia, general en gefe del ejército enemigo, á fortificar Villareal, obstruyendo de este modo la comunicación que podria establecerse con Bilbao. La serie de parapetos desde aquel punto hasta Guevara, castillo en el alto de este nombre, será un radio de dos leguas.

Guevara, situado á la izquierda del camino real de Vitoria á Pamplona, fué el primer punto fortificado por los enemigos.

El sabio objeto de poseer un centro que corta todas las comunicaciones por aquel sitio despues de abandonada Salvatierra, les ofrecia ser atalaya del ejército acantonado en Vitoria, y les servia al mismo tiempo de apoyo en su línea defensiva.

El observador menos juicioso no podrá dejar de convenir en que nuestro ejército indicó al enemigo el sitio donde debia de hacer uso del arte de fortificar. Atraido este por el deseo de la gloria á las faldas de las montañas de Arlaban, hizo ver alenemigo que, á pesar de su disciplina y posiciones, era tan efímero su orgullo al presentarse delante de nuestros soldados, como presuntivo é insolente en sus carteles de desafio. Vencidos y rechazados en los encuentros que mas los favorecian, conocieron cuan inútil pelearia siempre la disciplina naciente contra la táctica y mas estricta subordinacion; y deseando no arriesgar mas batallas, mudaron la guerra en sorpresas y partidas, hiciéronse fuertes en las montañas, obstruyendo los pasos que nuestra marcha les indicó.

La reconcentracion general de sus fuerzas en Guipuzcoa, y el aumento prodigioso de sus batallones, sin embargo de poseer todo el pais de las cuatro provincias, á escepcion de los puntos dominados por nuestras armas, les obligó á separarse en algun tanto de su guerra selvática, metodizándola en puramente defensiva; n olvidándose de fatigar nuestro ejército con escaramuzas á los cuerpos avanzados de la línea, y acciones particulares de puestos renovadas continuamente. Podia atacárseles á cada instante, nunca podia alcanzárseles en su fuga, ni adquirir ventajas que fuesen decisivas.

Este nuevo sistema mixto por su esencia, y en que podian desplegarse conocimientos, pues eran ya necesarias todas las armas, y el cuerpo de ejército enemigo ocupaba un punto fijo, por su complicacion reclamaba un genio vasto, reclamaba un astro que hiciese brillar sus luces en medio de la densa obscuridad de nuestro horizonte. Rayos brillantes emanaron sin duda de Córdoba; pero incapaces de poder subsanar el error cometido en las fértiles llanuras de Mendigorria. La legion francesa, al manod del sereno Bernell fué trasladada de la cúspide de Arlaban á Zubiri. Este rasgo, unido á la disposicion de confiar todos los puntos de la costa de Vizcaya al valiente é infatigable Ewans, proporcionó en Navarra que los Valles de Erro, Salazar y Roncal, tomasen las armas contra la usurpacion, estableciendo una no interrumpida comunicacioin de Pamplona y Pau; y en Vizcaya trazar la ensangrentada línea de la venta de Hernani hasta Pasages.

Era de esperar que la legion inglesa, novicia aun pero con sublimes elementos, diera un dia de gloria á la libertad española, y de satisfaccion á su patria. No convenia al carácter del intrépido y prudente Ewans ver ondear la bandera usurpadora delante de sus falanges, y el estampido del cañon europeo irritaba ya al último habitante de S. Sebastian. Intentan por último castigar con todo el rigor de la espada á los sitiadores. Fortificado el campo de estos por numerosos reductos, y sostenidos por el destructor fuego de la artilleria gruesa, desafiaban orgullosos las inglesas huestes; cuando sostenidas las colunas británicas de ataque por el fuego horroroso de su pequeña escuadra, salen, envisten, y coronan los reductos enemigos á costa de una intrepidez indecible, y de un heroismo sin par en las circunstancias que se describen. La coluna enemiga huyó á la vista de masas que, despreciando su mortífero fuego, se coronaban con el laurel de la victoria, arrancada con mano tan audaz y temeraria, como prudente. Al asombro de una serenidad que tiene muy pocos ejemplares, sucedió el desórden, á este una resistencia digna de la deseperacion del mismo peligro que los esponia, terminando en una fuga que fué seguida de una cuchilla inexorable, victoriosa, vengativa. El campo quedó cubierto de cadáveres y entre ellos Sagastibeltza, gefe de los sitiadores. La division española rivalizó en valor y serenidad con la inglesa. La impetuosidad de aquella escitaba la admiracion de esta, y dignos unos de tremolar el pendon de los Vivares, indicaban á los otros como únicos en prodigar su sangre por la libertad agena. Tamaña accion, digna como única en su especie de ocupar un lugar distinguido en la historia de nuestra revolucion, fué el primer paso para establecer lalinea que debe proporcionar comunicacion con Oyarzun é Irun. Este cálculo no consumado á pesar de la actividad mas infatigable, resolverá la cuestion de dominar parte de la Guipúzcoa occidental y dividir la opinion. Pues siendo indudable que en esta república existen muchas familias, que agobiadas por la fuerza, son fuente inagotable de interés para el partido insurgente; los pueblos é infinitos caseríos situados en el espacio de la costa y la línea, serán aumentados como por encanto por los vascos limítrofes.

La política deberia animar esta colonia ilustre, en que cada individuo será un soldado, y hacer sacrificios si era posible para acelerar este paso gigantesco para nuestra causa, y consecuente en el órden estratégico.

Los esfuerzos del general Ewans son insuficientes mientras tenga dependencia inmediata de un general en gefe en que su plan estribe sobre el quietismo y la inercia.

La sombra de los verdes laureles de San Sebastian debia ofender la pasiva permanencia del jóven Caudillo.

Estendida la línea inglesa admirablemente, era imposible con sus cortas fuerzas atender á la ofensiva, y solo el gran tino de los conocimientos militares, pudo precaver las diferentes tentativas enemigas, que se estrellaron contra la impavidez de los destacamentos que la guarnecian.

En vano la ansiedad pública, manifestada por las conversaciones, cartas y ciertos periódicos, reclamaban actividad y movimiento; en vano la parte pura del ejército apyaba estos mismos sentimientos: la especiosa máxima de economizar la sangre, y de evitar laureles sin resultados manchados con acciones fratricidas, daba un campo vasto para hacer esperar la esplosion de un plan, que ojalá hubiera tenido los mismos resultados que el parto del monte. Este sistema fundado sobre la quietud debia tener muchos prosélitos. El soldado, tranquilo en sus acantonamientos, dormia profundamente á la sombra de una deseada paz, comiéndose los recursos de que despues se careció tan notablemente y con tanta frecuencia.

Era digno de admirar ver el ejército del centro en las preciosas estaciones del año sin mas marchas que las necesarias á los cuerpos las relevar las líneas avanzadas. No así el infatigable Espartero: situada su coluna en la prolongacion del camino de Orduña, protegiendo los trabajos de Villalba, é impaciente en humillar el orgullo enemigo, se aprovecha de una circunstancia favorable, corona la erguida peña con su division, y desciende á las llanuras seguido solo de su vanguardia. Los rebeldes, en número de un batallon y dos escuadrones, sorpréndense á la vista del temerario arrojo del Caudillo de Isabel. Un año hacia que los fértiles campos de Orduña no habian sufrido el peso de nuestras huestes, cuando por primera vez fueron el teatro de una accion gloriosa. Los escuadrones de húsares de la Princesa, mandados por el heróico y malhadado Elío, cargan con impetuosidad sobre la caballería enemiga, protegida por dos compañías de su preferencia. Su carga, mas liegera que la de los Númidas, desordena á los enemigos, y mas rápido que se describe, arrebatan la victoria con la presa de 200 prisioneros: ¡victoria costosa comprada con la sangre de un gefe valiente! Mas fogoso que prudente, empeñóse demasiado en una refriega personal, el plomo enemigo cortó sus dias, é hizo descender con rapidez hácia su ocaso un astro que principiaba á lucir con el esplendor mas digno de veneracion. Los 200 prisioneros fueron conducidos á Vitoria. La division siguió en breve sus paso concluida la fortificacion de Villalba; y el ejercito enemigo, amenazando á un mismo tiempo diferentes puntos de los nuestros, obligaba á algunas divisiones á una constante inquietud.

Atacado continuamente el ejército de la izquierda ó de reserva, fué necesario aumentarle despues de la pérdida de Balmaseda; pues los cuerpos de mayor prestigio siguieron á Ewans, por considerarse débil para levantar el sitio de San Sebastian. La marcha de la coluna protegiendo la division que debia reforzarle, fué seguida de un ataque obstinado y horroroso, donde una sabia combinacion no tuvo poca parte en el feliz suceso de la espedicion.

La brigada Rivero señoreaba las alturas de Unzá, puerto donde debia retirarse el general Espartero despues de prestado el auxilio á las brigadas destinadas á la reserva. Ignorante el enemigo de este movimiento, intentó por una marcha rápida apoderarse del punto dominado ya por la brillante division de vanguardia. Su tenacidad fué solemnemente estrellada por la serenidad de nuestras masas, y la ordenada retirada de Orduña á Unzá ofreció el brillante espectáculo de la disciplina y valor, siempre vencedores del enfurecimiento.

La noche terminó la lucha, y la imperiosa necesidad de trasladar cuanto antes los heridos á Vitoria obligó á marchar al ejército sin el mas mínimos descanso.

A la publicidad de estas victorias, el ejército descansaba en las llanuras de Vitoria.

La ansiedad pública no quedaba satisfecha con ellas, deseba resultados, y estos eran imposibles sin una combinacion general de todos los ejércitos. Este cálculo estaba en oposicion con el sistema del General en gefe; pues ofreció á primera vista ventajas sensibles al Héroe británico. Y esta permanencia letárgica, producida por esta causa, animaba á los enemigos en sus trabajos, obstruyendo los caminos que conducian á Guipúzcoa, con cortaduras, zanjas y talas, y las fadas y cúspides de las montañas desde Villareal hasta cerca de Salvatierra, coronadas de reductos y parapetos numerosos, colocados de un modo científico.

El ejército acantonado veia sin alterarse estos preparativos, y la larga permanencia inhóstil era ya murmurada descubiertamente.

El espíritu de partido que Córdoba supo crearse acallaba murmuraciones que, si bien eran nacidas del odio de su engrandecimiento en unos, en otros no eran sino constantes pruebas de su ardiente celo en destruir el coloso, que se robustecía con sola la inaccion. Esta octaviana estacion, no despreciada por el enemigo, engrosaba sus legiones con los reclutas que sus decretos le proporcionaban. Los alcaldes de los pueblos fueron creados de hecho capitanes á guerra; la ley no esceptuaba sino á la vejez decrépita y la infancia de empuñar el fusil, y el acento marcial resonaba en los valles, montes, caseríos y ciudades de las Provincias; todo presentaba el mas guerrero aspecto.

Las hermosas fábricas de Eyban, Plencia y de las Amézcuas se empleaban felizmente en la confeccion de armas de toda clase. Las campanas suministraban metales, que suplian los de Rio Tinto y Méjico, para la fundicon de cañones de batalla y de sitio; y las fraguas de las Provincias tomaron el carácter de parques de artillería.

Los intereses de los particulares eran la caja, el erario público: todos tenian obligacion de aumentarla y de defenderla de los abusos y monopolios.

Creáronse academias para los gefes y oficiales, y el teatro mismo de la guerra era la escena de la instrucción de los mismos soldados.

Dictáronse leyes para el aumento de la caballería; y desde aquel momento los oficiales cedieron sus caballos obligando á los subalternos á marchar precisamente á pie. Castigábanse con el mayor rigor las faltas de subordinacion y disciplina; haciendo ejemplares con los individuos que se entregaban á la crápula ó rapiña. Y por último, hízose entender al soldado que defendiendo su patria, religion y fueros, de las huestes irreligiosas, su prest se limitaria á la racion y alojamiento; evitando con este savio modo las turbulencias que entre las mas disciplinadas tropas se dejan ver á causa de la pobreza.

El peligro hizo una masa compacta de los sectarios de Cárlos, y los tiros de la política se hubieran embotado en la égida de su modo de pensar homólogo. En una palabra, el conocimiento de su misma debilidad les hizo prudentes, valientes y juiciosos.

Los labios del bello sexo olvidaron los cantares del amor: Eguido se convirtió en el fiero Marte, y esta metamórfosis originada, animada y sostenida por la afeccion mas sensible, convertia al jóven en guerrero, y al guerrero en héroe.

El talento fascinador unió todas las causas particulares á la general: y la pasion á la gloria de su triunfo estaba unida con apretados lazos á las ilusiones exaladas del amor, interés y brillo en el corto círculo de su sociedad.

Para destruir esta masa tan informe por su posicion y moral, eran necesarias afecciones conocidas por todos los corazones, que aun cuando no fuesen iguales en sublimidad metafísica á las del enemigo, obraran iguales efectos. Es cierto, que la abundancia reinó por entonces en los acantonamientos; pero tambien es indudalbe que faltaba el sublime resorte de la equidad en los premios, y de la remuneracion al desgraciado que despues de sacrificada su vida en las aras de la patria, el horror de la miseria era el presente á su malograda familia.

El abuso de la virtud del ejército tuvo no poca parte en este abandono: veia el gobierno en él un monumento de sufrimiento en su silencio, y por lo tanto olvidaba sus principales deberes.

Tal era el estado moral y político de los ejércitos beligerantes antes de la preciosa espedicion de Arlaban.

El ministerio temia en esta época su posicion, á pesar de las apariencias democráticas á su favor, y el deseo de afirmarse en sus sillas por el feliz resultado de una accion, obligó á Córdoba á sacar el ejército de la inaccion, y hacer con él el brillante y majestuoso reconocimiento de Arlaban. Llamo reconocimiento á las cinco jornadas de la espedicion; porque si Córdoba hubiera tenido intenciones de ocupar Guipúzcoa, se hubiera puesto en combinacion con Ewans, gefe de la línea de San Sebastian, con Bernell, gefe del ejército de la derecha, mandando adelantar las escasas tropas de la reserva.

El ejército del centro se puso en movimiento; y se ven veinte ó mas batallones divididos en cuatro divisiones, mandadas por el intrépido Espartero, Escalera, Mendez Vigo y Rivero, señorear la llanura de Vitoria; remontar las escarpadas montañas de Maturana, Aranzazu, y San Adrian, despreciando al enemigo audaz y fiero en el seno de sus riscos y posiciones.

Nuestros cazadores se abrieron paso por medio de las nubes de tiradores enemigos y los mas sensibles obstáculos no fueron suficientes para detener el torrente inundador de nuestras bandas esploradoras. Las fortificaciones fueron envueltas por el ataque inesperado del flanco izquierdo, y las posiciones reputadas inespugnables por las mejores tropas del universo fueron tomadas por decisivas é infatigables cargas á la bayoneta. Destruido con esta sabia marcha el gigantesco y colosal plan de Eguia de encerrar la provincia de Guipuzcoa destinándola centro de todas sus operaciones, nuestras colunas trazaron una línea de tres leguas, y la izquierda de ella, que pasó á la vista del castillo de Guevara, cayó sobre Villareal por su flanco. Los parapetos y las fortificacines de los pueblos fueron demolidos, y cinco dias de un sufrimiento atroz, vivaqueando constantemente frente del enemigo sobre las posiciones mas inaccesibles, nos proporcionaron la victoria mas completa si se hubieran cogido los resultados.

Furioso Eguia atacó nuestro centro con intencion de romper la lïnea; su saña se estrelló en la serenidad y firmeza de la primera division. En vano la coluna de granaderos y cazadores hacen prodigios de valor; en vano amagan los flancos y atacan el centro: las bayonetas de esta coluna predilecta de Eguia se cruzan con las nuestras; y las sombras de la noche coronan con la victoria los laureles de nuestra constancia.

Aterrorizado el enemigo, marchó á ocltar su vergüenza y desesperacion en los ásperos bosques de Cegama.

Nuestros cazadores desde las encumbradas cimas de Salinas contemplaban la corte del Usurpador, y anhelaban el momento de oir el agudo acento de la corneta que les indicase la marcha de frente.

La órden de retirada despues de vencidos los mayores obstáculos hizo estremecer al ejército; y su marcha fué una serie de sensaciones tristes, producidas por la vista de los cadáveres sacrificados tan solo por el mas frio cálculo político, que no tuvo ningun resultado positivo.

El ejército tomó los mismos acantonamientos, con el sentimiento de ver faltar de sus filas mil de sus valientes compañeros.

Una órden que no se dejó traslucir arrancó al General en gefe del ejército mandándole pasase á la Corte; y durante su permanencia en ella el ejército permaneció pacífico espectador de las obras enemigas, reedificando sus demolidas fortificaciones, y apoyando las líneas de estas sobre obstáculos insuperables.

Su pronta vuelta fué seguida del reconocimiento del ejército de Navarra compuesto de la division de la Rivera y de la legion francesa. Mientras Córdoba reconocia la línea de Zubiri y admiraba el estado de fortificacion de Lerin, Lárraga, y Puente la Reina, Espartero con su division y la legion portuguesa al mano del baron Das-Antas amagó sobre Villareal fingiendo forzar su paso.

El objeto de esta espedicion fué llamar la atencion sobre este punto, evitando de este modo en algun tanto la espedicion de Gomez á Castilla. Esta determinacion no produjo resultado, y la division que creia dormir en Ochandiano forzando las trincheras de Villareal, tuvo que retroceder, volando en pos de Gomez, que habia penetrado en Castilla por el valle de Losa.

Componíase su division de cuatro batallones de ochocientas plazas, cuatro compañías de la guardia real de ciento y veinte hombres, de dos escuadrones de lanceros, y media batería de montaña.

Una marcha rápida desde Orduña le condujo cerca de Baranda, y el ala izquierda del ejército del Norte, compuesta de una division mandada por el general Tello con el nombre de ejército de reserva, tuvo la indiscrecion de permitirle el paso del rio Ribero sin el menor obstáculo. Este descuido no podia dejar de ser de buen agüero al General enemigo: en él se veia retratada la debilidad, ó la inercia, ¡cualidades sublimes para ser vencidos!

La division de reserva, apoyada en las posiciones de Baranda, tomó la ofensiva sobre las fuerzas enemigas, ya dueñas del puente del rio, y del bosque de su flanco izquierdo.Denodadas cargas á la bayoneta lograron desalojarlos de sus favorables obstáculos, y el descuido vituperable de abandonar á la ventura el único paso del Ribero, fué resarcido por el valor de los bravos tiradores ocupándolo á viva fuerza.

La division de Gomez fingió retirarse: nuestras tropas, engañadas por el movimiento retrógrado, lo realizaron; y no bien las masas habian desamparado las posiciones y abandonado el puente, cuando un torrente de cazadores enemigos les inunda, sorprendiendo con un fuego horroroso nuestra retaguardia, y envolviendo con sus estensas alas nuestros flancos. El desórden sucedió á la sorpresa de tamaña evolucion, siendo la victoria el resultado. Confusos y poseidos de un terror pánico vagaban en grupos dispersos por todos lados los soldados de la reserva, coronando el triunfo con 500 prisioneros cogidos por su caballería.

La noticia de tan infausta nueva alarmó la division Espartero, y no hubo soldado que desde el acantonamiento de Villaba no jurase vengar los ensangrentados manes de sus compañeros, inmolando sin compasion los enemigos que cayesen en sus manos. ¡Qué podia esperarse de una division, orgullo del ejército, que contaba treinta victorias, y la destruccion de la faccion invasora iba á dar nuevo esplendor á sus brillantes dias de gloria!

La España desde este momento fija la vista sobre Gomez, coronado con los laureles de Baranda: cree verle detenido en los desfiladeros de las montañas de Leon, y le ve cual abrasadora lava destruir y aniquilar el suelo que pisa, y burlar completamente sus fundadas esperanzas. Nada se opone al no imprevisto torrente de la faccion espedicionaria; sus rápidas marchas le conducen desde el orígen del Ebro á los altos puetos de Asturias; los ánimos de sus habitantes se sobrecogen de terror, y las cunas de nuestra antigua independencia y los desfiladeros de pelayo se ven inundados por el enemigo comun. En vano infatigable Espartero sigue sin interrrupcion sus huellas, sin la menor órden de persecucion; en vano la idea de verlos detenidos en los puertos de Asturias anima y sostiene en la fatiga mas penosa y asidua al soldado; en vano se disponen de los momentos mas precioso de descanso para dedicarlos á la persecucion mas atroz: todo se frustra, y el soldado gime al ver malogradas sus gotas de sudor y de sangre. ¡Qué hacer cuando todo abre paso al enemigo! (1)

Las autoridades civiles y militares de comun acuerdo abandonaron la ciudad de Oviedo, creando la primera una junta delegada de todos los poderes para evitar los efectos anárquicos que pudieran suceder en la ausencia de las autoridades legítimas.

La milicia Nacional siguió á las órdenes del coronel de provinciales, D. N. Pardiñas, y en este estado de cosas entró Gomez en la Capital sin la menor oposicion, despues de haber sido invitado por la Junta provincial.

Las circunstancias reclamaban imperiosamente el descanso de algunos dia. La política dictaba que algun tiempo legitimaba la conquista, y lo contrario era un triunfo efímero y pasajero. Estas razones unidas á las mas poderosas de hacer el alistamiento de los jóvenes del pais, recibir los cuantiosos socorros de toda especie del vecindario, y dar reposo á sus tropas, decidieron á Gomez á conceder dos dias de descanso. Tiempo precioso, pasado el cual solo les separaba de la division perseguidora una jornada.

En efecto la division Espartero llegó á la Pola, distante de Oviedo dos leguas: hora crítica en que se reunian los mozos de diferentes concejos para formar la division asturiana. La presencia de nuetras armas volvió el gozo á los dóciles jóvenes que iban á sacrificarse á la ambicion usurpadora y las esperanzas á sus familias.

Nada era menos prudente, á pesar de la confianza que prestaban las tropas, que aventurar una accion dentro de Oviedo donde se encontraba el enemigo: y nuestras fuerzas, aun cuando se hubieran unido con las del Capitan general de Castilla la Vieja, eran insuficientes para sitiarle. Atendidas estas poderosas razones, era necesario amenazarle y obligarle á desamparar la ciudad, lo que efectuaron al reconocer se dirigia á ella Espartero.

Solo horas precedieron de la salida de los enemigos á la entrada de las masas perseguidoras; la que se efectuó con todo el órden que reclama la mas rígida disciplina, á pesar de creerse el pueblo en mal sentido, tanto por las fiestas espontáneas que hizo á la entrada de Gomez, como por la creacion de un batallon compuesto de voluntarios, que tomó el nombre de Oviedo, primero de Asturias.

La division pernoctó en la Capital del Principado, sirviéndole de descanso el dia de jornada, momentos de reposo únicos en el espacio de sesenta leguas, é indispensables para la estraccion de efectos de primera necesidad, de que se carecia como tambien para dejar al hospital un número considerable de enfermos y aspeados. Subasanada la falta personal con el aumento del tercer batallon de Borbon, compuesto todo de recutas, y dependiente de la coluna del general Manso, que entró en Oviedo cuatro horas despues que la division (2), prosiguióse la marcha al siguiente dia hácia Grao, pueblo donde habian pernoctado los enemigos dirigiéndose á Tineo. Estas jornadas nada ofrecen de particular hasta Grandas de Selime mas que una infatigable persecucion, y una carestía completa y absoluta de víveres.

El tránsito indispensable políticamente por pueblos recien abandonados del enemigo, que no ofrecian mas cuadro que el de la miseria, y la rapidez de nuestras marchas por paises escabrosísimos, inutilizaban las prevenciones de diferentes concejos que proporcionaban toda clase de alimentos, que no se podian disfrutar.

Un objeto dignísimo era el agente que hacia se desantendiese las primeras y mas interesantes necesidades, para seguir sin interrupciones las huellas del enemigo.

El paso del rio Eo no podia efectuarse sino por el solo punto de Selime. La posicion que antecede y que es necesario remontar, el estrecho que sirve de puente defendido por el pueblo de Selime, y la altura escarpada y formidable que es preciso domar para llegar á Grandas, primer pueblo de Galicia; es una barrera respetada en todas épocas, y que indudablemente debió haber sido el sepulcro de la faccion espedicionaria, si el Comandante general de la provincia de Lugo hubiera tenido á bien defenderla.

Malogradas las penalidades, engañados los mas justos y razonables deseos, por convencimiento llegóse á conocer que la suerte de la patria dependia inmediata y directamente de la coluna que iba en pos de los enemigos; y convencida de su posicion, reconocióse de hecho la coluna sostenedora y el áncora de sus derechos. De aquí su sufrimiento, de aquí el placer unánime que confundia los soldados de todos los regimientos que formaban la division en un solo cuerpo, y de aquí por último el deseo de esterminar unos enemigos que sembraban el terror por su nombre y la suerte de sus armas.

Desconcertados los planes del general por el abandono de Selime, vióse en la precision de descansar en Berdioledo para esperar las reuniones que venian á nuestra retaguardia y no habian podido alcanzarnos desde la salida de Oviedo.

Los víveres fueron esperados con el ansia de la primera calamidad: su tardanza era un tormento tanto mas cruel, cuanto que siendo irremediable se veia ausentarse el enemigo. Satisfízose por último la necesidad de la division, y un cuarteron de pan de pésima calidad se concedió al soldado, despues de muchos dias de una falta absoluta de toda clase de víveres. Este escaso alimento era suficiente para exigir prodigios: la marcha se emprendió con la misma actividad despues de un dia de término, y á pocas jornadas llegóse á la vista del Miño.

El proyecto de abandonar Lugo á la merced del enemigo se hubiera realizado, á pesar de contar de tres mil infantes y trescientos caballos su guarnicion, si los oficiales no se hubiesen opuesto á una resolucion que envolvia todo el misterio de mala fe. Sin embargo, su magnánima resolucion no llegó á tiempo para evitar saliese un comboy de dinero dirigido á la Coruña. Dicho comboy retrocedió por espresa órden del general Lastre al ver frustrado su proyecto de fuga; y fué preso su mayor parte por la vanguardia de Gomez, á pesar de la esforzada defensa del destacamento conductor, que pudo acogerse al fuerte de Sobrado.

Las tropas de Lugo sufrieron el bochorno de ver pasar el Miño agua á la cintura y á tiro de cañon de la plaza á las tropas de Gomez, por el vituperable quietismo de su Comandante general.

Solo la mas inflexible disciplina pudo reprimir los efectos del descontento general, retratado en el semblante de todos los soldados.

Gomez atravesó la provincia de Lugo invitando á los párrocos de los pueblos para que preparasen á sus feligreses á una insurreccion general, y dirigió su ruta á la capital de Compostela. Su Gobernador contaba suficiente fuerza para haberse mantenido en ella, pero la órden terminante de abandonarle del encargo de capitan general le obligó á desampararla, por no esponerla á una resistencia que se creía inútil á la fortuna de las armas enemigas.

La division Espartero entró en Lugo al oscurecer, donde no se pudo encontrar el suficiente pan para la tropa, artículo de que carecia desde Oviedo; y sin mas que pernoctar una noche prosiguióse la persecucion.

Los enemigos entraron en Compostela antecedidos de un pueblo numeroso que les victoreaba, llegando hasta el esceso de abrazar las piernas de los lanceros de la vanguardia, haciendo con ellos las demostraciones mas evidentes de los sentimientos que les animan.

El decoro con que Gomez trató al cabildo de la primera catedral de España le valió el salir de Santiago sin la suma que le ofreció, y conmenos artículos de los que racionalmente pudo contar.

Su permanencia en Santiago fué violenta é inquieta, las órdenes que á cada momento anunciaba con estrépito el tambor, mantenían á las tropas en un continuo movimiento, y estaban todas marcadas con el sello de la alarma. En una palabra, Gomez hubiera sido completamente feliz si como su sombra no hubiese vistounida á su division la de Espartero. El dia anterior al que se habia destinado el alistamiento general, salió Gomez con precipitacion á las doce de la noche por anunciarse la entrada de la division perseguidora, la que se efectuó á las seis de la mañana con el mayor órden.

La ciudad parecia inhabitable, escasas eran las personas que se veian asomar á los balcones y ventanas; y no hubo ni un solo grito de aquellos que inflaman el corazon del guerrero, y le indican que está entre su pueblo.

La posicion de Gomez era crítica: el sentido y posicion de Pontevedra y Orense era una carrera que su prudencia debia respetar, mientras que el rio Eo por su nordeste le indicaba la dificultad de atravesarlo por ninguno de sus puentes ni pasos accesibles. De modo que encerradas las salidas á las montañas de Leon, al Vierzo, y á Asturias, habia muchos grados de probabiliad para obligarle al ataque, y mucho mas habiendo dirigido su marcha hácia Mondoñedo.

El punto estratégico de las tropas de Lugo era Castro-Verde, desde él amenazando los pasos del Eo en Grandas y Becerrea cubria la ciudad. Cualesquiera de estas posiciones son sumamente defensibles.

Retiradas las barcas de Nabia, y puesta en armonía esta combinacion, hija toda de la imprudente marcha de Gomez al norte de la Provincia, nuestra posicion militar era Santiago, por ser la provincia de Orense la mas débil, y no podia estar á los alcances de ninguna perspicaz estrategia el creer fija la direccion de Gomez á Mondoñedo, por encerrarse entre la corta y espaciosa ria del Nabia. Sin embargo, la sorpresa se sucedió á la admiracion, cuando se supo que realmente se dirigia á la Capital de esta provincia de Galicia. Este movimiento audaz del enemigo no podia ser nacido sino de algun nuevo error. La division puesta en movimiento pernoctó en Sobrado; pero la rapidez de nuestra marcha fué ya inútil para impedir que entrase Gomez en Mondoñedo, é incapaz de cubrir el punto que veíamos amenazado del enemigo para pasar el Eo.

El talisma que cubria nuestros ojos se rasgó á la vista de estos sucesos, y el último soldado se inició en el gran secreto de nuestras desgracias.

La debilidad disfrazada de prudencia pudo habernos alucinado algun tiempo acerca del comportamiento de algunas autoridades, particularmente de las de Galicia; pero este último suceso nos patentizó cuan grande éramos, y que en nosotros solos estribaban las libertades y el trono de nuestra patria.

En efecto, nuestra conducta, grantizada por nuestra persecucion activísima, por nuestros padecimientos y por nuestros deseos, solo faltaba coronarla por algun hecho de armas que abatiese el orgullo enemigo, é hiciese conocer á la España que no todos temblaban á las bayonetas espedicionarias de la revolucion.

El Eo, que en las alturas del Nabia participa de los dotes del Océano, fué pasado con una rapidez increible, y nuestra marcha por Castro y Loarca cubria la parte mas rica y decidida de las Asturias. Esta marcha de flanco, dirigida á ganar la cabeza de la coluna enemiga, nos proporcionaba el placer de pisar el mas bello pais del Principado; pero sin poder gozar de sus pintorescas vistas, pues las marchas se hacian tan rápidas como exigentes y variadas.

El enemigo, que según su direccion á Oviedo reconoció que esta ciudad podria ser ocupada antes por las tropas de Espartero que por su vanguardia, debido todo a la sabia marcha de flanco, varió su direccion, y llamándonos la atencion sobre la Capital por un cuerpo escogido de sus tropas, se dirigió á las montañas del Vierzo. El destacamento, indicado el movimiento, siguió el de su division á retaguardia; Oviedo nos proporcionó ideas exactas de la direccion de la faccion, y el puerto de Pajares nos abrió el camino de las fértiles vegas del Elza.

El pueblo leonés admitió en sus hogares á la division enemiga despues de haber salido en turba y con algazara á victorearla, y la aumentó con un batallon de la ciudad, creado en el momento, y á quien se le dió el nombre de 1.º de Leon.

Organizadas completamente sus fuerzas castellanas con los cuadros de oficiales y sargentos que traian al propósito, y engrosada prodigiosamente la caballería por la inflexibilidad de sus requisiciones, la indicaciond e Gomez á su precipitada salida de Leon, se dirigia á Reinosa. Este movimiento retrógrado alarmó el ejército, que situado sobre el Ebro en Puente-Larrá, debia acudir como el rayo sobre el punto que se amenazase por el enemigo.

Una brillante division del ejército del Norte haciendo marchas forzadas atravesó el Pisuegra, y colocándose sobre el Cea, forzó al enemigo á cambiar su direccion ó batirse. Gomez prefirió abandonarse á la rueda de nuevos acontecimientos, por no tentar la suerte de las armas con tropas conocidas, y dirigióse de nuevo á las montañas de Asturias. Estas marchas, en que el mas leve indicio de masas del ejército hacia variar la direccion, perdian mucho de su regularidad y rapidez, por cuya causa al siguiente dia se llegó á las manos con el enemigo.
 

La division pernoctó en Juano: pocas horas hacia que la retaguardia enemiga habia desamparado el pueblo, y solo la noche y la calidad del terreno, enteramente inaccesible sin la claridad del dia, obligó al General en gefe á pernoctar en él.

Puesta la coluna en movimiento al amanecer, la vanguardia, compuesta de las seis compañías de cazadores de la division y una mitad de húsares, emprendió la marcha. Los escasos paisanos que se encontraban en las estrechas gargantas de las montañas eran interrogados con ansia y con placer por los oficiales y soldados. El grito hoy sangre! animaba la marcha tan veloz como el deseo, y los himnos guerreros eran por primera vez entonados con una confusion armoniosa que tenia algo de sublime: y el delirio, y el frenesí, hijo todo del deseo de ataque, fue el complemento de sus ansiedades al avistarlos.

Soldados y oficiales formaban una masa compacta, y animados por identidad de sentimientos, ven aproximarse el momento en que la patria les ofrece la palma de mártir si perecen en el combate; la gloria, su reputacion, su mismo amor propio se encuentran comprometidos, y las armas van á tejer el laurel que deberá orlar las sienes del dichoso. La muerte venciendo, y la gloria sobrevivir venciendo, corren á la par al templo de la inmortalidad, y su perspectiva encantadora fortalece el alma del débil, enagena al valiente, y corona al héroe.

Las cargas de la caballería enemiga se estrellan sobre un puñado de cazadores, sus erizadas bayonetas inutilizan la fogosidad del bruto, el valor del ginete y la desmedida lanza. El fuego se propaga en toda la latitud del valle de Boca de Huérgano; y solo seis compañías de cazadores conducen en desórden casi toda la division enemiga. Gomez, situado á la vanguardia de su division, elige posicion, y á la sombra de los cuerpos de la cabeza forma la batalla sobre alturas inespugnables. Las compañías de cazadores, formadas en masa, esperan con impaciencia ver solo los primeros batallones para no compreterse imprudentemente: su deseo se cumple, y el pueblo de Ezcaro es ocupado á la bayoneta. Una mitad de húsares y otra del 5.º ligero de caballería hacen prodigios de valor: los tiradores se confunden con los enemigos de esta arma empeñada en un desfiladero obstruido por sus carros y equipajes, y todos ellos perecen ó son prisioneros. Las masas por la izquierda y el centro se obstinan escudadas en sus fuertes posiciones; el mortífero fuego de l aartillería de montaña no arredra á nuestras filas, y el paso de los vencedores no es detenido sino para salvar algun gran obstáculo de la naturaleza. Por último la dispersion y la fuga se pronuncia en los enemigos, y la venganza se satisface principalmente sobre los voluntarios de Oviedo y de Leon. La noche evitó lograr todos los resultados que nos ofreció esta accion con el orgulloso Gomez. En el campo quedaron doscientos cadáveres, entre ellos muchos gefes de caballería, habiéndose hecho algunos prisioneros de la clase de oficiales. El dia siguiente, dia de esperanza del esterminio completo de los enemigos, amaneció tan sumamente niebloso, que imposibilitó la marcha: la lluvia sucedió á la niebla, y á aquella una tempestad de granizo que hizo los puertos intransitables por aquellos momentos. La falta de comunicaciones en semejante crisis, solo ofrecia la indecision sobre cual puerto debia remontarse para descender á Asturias, donde entraron los enemigos, despues de organizarse algo en el valle de Sajambre.

Imposible en haber evitado la reaccion en las desmoralizadas tropas carlistas, el carácter de la guerra tomó el mismo aspecto que anteriormente, y la persecucion siguió con el mismo calor.

El número de pasados á nuestras filas fué tan considerable, que se organizó un batallon de tiradores, que despues por su bravura y fidelidad se hicieron dignos de denominarse Guias del General.

Muchos de los voluntarios del pais se volvieron á sus casas, lo que unido á las bajas de prisioneros, pasados, muertos y heridos disminuyó notablemente su fuerza.

Los puertos de Asturias fueron pasados alternativamente por las divisiones enemigas, y Cangas de Onís vió desaparecer los primeros enemigos que habian hollado el pais asturiano, con el placer con que se ve alejar la tempestad impelida por un viento benéfico.

A los escollos y precipicios de Asturias y Leon se suceden las fértiles llanuras del Elza y del Carrion. La huella enemiga es reemplazada por la perseguidora, y sin embargo la marcha de Gomez es audaz, es temeraria, y aun admirable. No parece sino que leia en el libro del destino la suerte que le preparaban sus mismos descalabros, y que forzaba á la suerte á serle propicia.

Palencia abre sus puertas á los espedicionarios. Muchos nacionales, indignos de haberse confundido en un tiempo en las filas del honor, reciben al Gefe enemigo entre las demostraciones mas vivas de entusiasmo, y le ofrecen como garantía de su adhesion las mismas armas que la patria confió en sus manos para defenderla de la usurpacion y la anarquía.

Prodíganse las armas y toda clase de efectos militares. Caballos hacen parte de esta donacion, al parecer violenta; y los restos de la division enemiga se reaniman, al ver la abundancia en sus filas derramada por un pueblo fanático. Sin embargo, la alarma indicada á tambor batiente arranca de la ciudad los enemigos que creen ver el polvo de la vanguardia perseguidora. El Pisuegra es pasado á la vista de la coluna Samper. Doscientos caballos de la guardia y mil quinientos infantes no inspirarian suficiente confianza á dicho Gefe. Los enemigos esperando por momentos un ataque brusco de un cuerpo de tropas selectas, marcharon con el mayor órden para evitar algun tanto el primer ímpetu de la iniciativa: su justo temor fué vano debido á la prudencia del Gefe de la coluna.

El Carrion y el Duero es pasado con la misma impunidad, y los temores de Segovia asaltan el sitio de San Ildefonso y conmueven á la Capital de la Monarquía.

La exaltacion de dos partidos opuestos en el seno mismo de la Metrópoli, y el estoicismo estudiado del partido neutro, eran dos rumbos distintos en sus deseos, pero que convenian en sus temores.

El alarma se hace sentir por la rapidez en la ejecucion de los designios del gobierno y el brigadier Lopez, tan desgraciado en la direccion del mando de las armas, como feliz en las refriegas, desnuda otra vez el acero para batir un enemigo que debió haber sufrido todo el peso de su brazo en Mendigorria.

Hubo un tiempo que oculto el enemigo en los espesos bosques y resguardado por los accidentes del terreno, temblaba al nombre solo del batallon que formaba la coluna espedicionaria de Madrid, la que adornada con el título de invencible era suficiente para vencer, pero corrompida la disciplina de aquellos veteranos, las cicatrices que brillaban en sus personas no eran entonces mas que un momento de lo que fuero ¡A tal estremo de degradacion llegaron los primeros cuerpos de la legion de la Soberana! (3)

Avístanse los enemigos en la inmediacion de Jadraque: engreida la tropa con la ventaja adquirida el dia anterior sobre dos batallones que exploraban el campo, arde en deseos de llegar á las manos. Gomez busca en vano todos los medios para imponer á sus contrarios eludiendo el ataque, y el ardid de colocar sus numerosos prisioneros en segunda línea figurando tropas de refresco, unido á la indisciplina de sus pocos enemigos le concede la victoria.

El brigadier Lopez debia hacer un estudio en reprimir sus miras de ataque, hijas de su carácter fogoso, por comprometer su reputacion militar si los resultados no eran adornados con la gloria de vencer. Y al efecto la órden de retirada que le ponia á cubierto de los tiros de la maledicencia, le acarreaba el nombre de prudente: título tan grande, tan pomposo, como el de vencedor.

El soldado lejos de obedecer, acostumbrado á dictar la ley, y á destruir la barrera que la disciplina tan justamente levanta entre el instrumento del mando y el superior; murmura, resiste, se opone y ordena por sí el ataque apellidando cobardes á los gefes que les obligaban á la obediencia. Nunca lucha de afectos mas opuestos ni mas grandes ha agitado al pecho del oficial: el deber y el honor.

Poco era necesario para que la corneta supiese el impulso ya provocado del gefe. La multitud solo pudo pronuncia impunemente el título de la mayor afrenta; y la desesperacion arma al diestra del Caudillo justamente resentido.

La accion principia por brillantes cargas a la bayoneta. Los resultados no secundan las primeras intenciones, y al furor de la iniciativa sin efecto favorable sucede el desórden. Sin embargo, el ataque se restablece y se obstina, debido todo al coraje é intrepidez de los oficiales; y la pequeña masa logra algun resultado contra sus numerosos contrarios, semejante á aquellas oscilaciones de claridad que indican el pronto fin de la moribunda llama. Acosado el triste batallon por un enemigo muy superior en fuerzas, capitula despues de haber apurado todos los recursos de salvacion. Una mitad de coraceros rehusó entrar en transaccion, y espada en mano se abrió paso por entre las bayonetas y caballería enemiga. La suerte no quiso recompensar su valor, y obligados á dispersarse por la naturaleza del terreno, fueron presos en detall, y consideraos como prisioneros de guerra.

El general Espartero es nombrado general en gefe del ejército de operaciones, por haber abandonado la Península D. Luis Fernandez de Córdoba, que poseia el mando de él.

Los votos de las tropas se cumpliron con semejante eleccion, y el pueblo mismo le incensó con el sobrenombre de único. En su consecuencia, abandonado Espartero la division en Lerma, recayó su mando en el brigadier D. Isidro Alaix, gefe de estado mayor, quien poseyendo la confianza de dicho Gefe, era digno por sus no conocidos talentos, valor, esperiencia y firmeza en el mando, de toda la veneracion que inspiran tan sublimes cualidades.

Sin embargo, la injusta y voluble prensa se desata contra él, á pesar de verle coronado con los inmarcesibles laureles de Villarobledo y Alcaudete, y su modesto silencio lejos de confundir la asalariada pluma fué un nuevo motivo de acrimonia.

El soldado derramó lágrimas al ausentarse el Gefe que les habia merecido el sobrenombre de padre. La rapidez en la persecucion tomó el mas activo é imponente carácter, y á pocos dias la batería cogida en la malograda accion de Jadraque fué recobrada por las compañías de la vanguardia.

Gomez, calculando su posicion, no se deleitó en la pasiva contemplacion de sus victorias: huia al menor rumor de la coluna perseguidora, y separándose de una petulancia que le pudo ser funesta, fué prudente hasta Villarobledo: en donde trece escuadrones y doce batallones, le pareció suficiente número para resistir la victoriosa marcha del brigadier Alaix, quien con solos dos mil quinientos infantes y doscientos caballos se atrevió á arrancarle el laurel de la victoria en medio del corazon de Castilla.
 
 

FIN DEL LIBRO PRIMERO

Nota. El autor tendrá el honor de continuar estas MEMORIAS y ofrecer al público sus trabajos, á medida que aglomere ciertos datos.

1. Cuando se considera imparcialmente la marcha de Gomez por el pais de las Asturias, cuando se medita profunda y detenidamente por que se dejaron indefensos los obstáculos mas insuperables animados por muy escasa fuerza: y cuando se ve el atrevimiento imprudente de esperarles con un batallon de provinciales y algunos nacionales sobre al izquierda del Nulon, habiendo abandonado Oviedo: una porcion de consecuencias tristísimas se suceden. ¿qué resultados tan diferentes hubiera producido si los mil cuatrocientos hombres hubieran defendido el puesto que se hubiere visto amenazado? La imaginacion se pierde en la deliciosa perspectiva de sus consecuencias. Al contrario, ¿sobre quien recaerá la responsabilidad de la funesta jornada de Peñaflor?
2. Mucho se ha comentado y hablado acerca del comportamiento del capitan general de Castilla la Vieja don José Manso. Sus fuerzas es cierto eran enteramente insignificantes para oponerse á la faccion, tanto por su poco número, como por constar una mitad y una tercera parte de reclutas: en esta suposicion fué prudente objetar justísimamente, dado caso que pudo, porque no se reunió con la debida anticipación con Pardiñas, comandante general del Principado, para defender los puertos, y en el último caso la Capital. Como mi espíritu no es el de criticar las operaciones, suspendo el juicio acerca estos acontecimientos. El tiempo desenvolverá el problema de un modo mas puro que lo pueda hacer la pluma mas imparcial en este momento.
3. Desarmadas aquellas masas que entronizaron y sostuvieron el despotismo, se creyó indispensablemente necesario armar aquella parte de pueblo que en contaposicion con las primeras, fuera la salvaguardia del progreso social. Diferentes gefes de provincia, sin consultar mas que sus intereses y reconociendo una perspectiva brillante en el sistema democrático, armaron una fraccion elegida del pueblO, y lo que debió haber sido la espresion de las cámaras colegisladoras fué el resultado de un pacto tácito entre él y un partido que creyó sacudir los hierros de su opresion con solo empuñar el fusil. Estraño es á la verdad que incurriesen en este acto de arbitrariedad hombres que elevados al poder sobre el pavés de la segunda contrarevolucion, debian temer la responsabilidad de sus resoluciones por abrogarse una facultad peculiar solo de la Representacion nacional. Resuelto el problema que ofrece una causa por sus resultados, el agente principal de esta, ve en la frente de los espectadores las sensaciones diferentes que obran las innovaciones. Si el sello de la felicidad marca los efectos, el pueblo le señala por su idolo; ¡pero desgraciado si las consecuencias de sus doctrinas, aunque fuesen aplaudaids en su teoría por el pueblo mismo, son conrarias á las que figuraron! Entonces el mérito del legislador se empaña, y aun cuando su nombre haya sido grande en la revolucion, la venganza se estiende desde su nacimiento hasta el sepulcro. Tales son siempre las masas populares, siempre ligeras, siempre inconsecuentes, siempre frenéticas. Dificultoso hubiera sido y fuera del caso perorar en el templo de las leyes contra un esceso del poder que iba sellado con toda la aprobacion del pueblo liberal, y se creyó necesario. Y en el nombre de urbanos vió el prosélito de los antiguos abusos el de milicia nacional, y en el de Estatuto el primer paso á una constitucion mas democrática. Las Cámaras legisladoras sancionaron el armamento de las masas, y el enemigo de Cristina se constituyó tambien enemigo de sus principios, de su sistema político. En vano un ministerio sabio, despues de ofrecer al pueblo el producto de sus luces y profundas reflexiones en un nuevo código, coloca la España con el aumento de un nuevo código, coloca la España con el aumento de una cámara al nivel de los primeros gobiernos representativos de Europa (a), la constitucion dictada por la esperiencia de veinte años, repugna á una gran parte de los liberales, y el sistema que debia predisponer la nacion á mejoras es murmurado alta y descubiertamente. Las armas que la patria habia concedido al pueblo para su seguridad y contra el enemigo del trono y del progreso, intentan esgrimirse contra los libres, y la guerra civil arde en el corazon del partido de la regeneracion. La emancipacion de ciertas provincias deja vacantes las sillas ministeriales y conmueve la patria. El hombre del pueblo (Mendizabal) ocupa el lugar presidencial, y el programa alucina al fascinado partido de la exaltacion. Solo el ejército en aquella época de anarrquía permanecia impasible á los esfuerzos del carlismo, que viendo sus intereses en la desunion de los liberales, formaba con todo conato el partido de la exaltacion en el estreno mismo de ella. Unido, cerrado á la vista del peligro inminente que amenazaba la patria, era un valladar erizado de bayonetas donde se estrellaban las tentativas del mas audaz de los enemigos. Engrosadas las filas nacionales con todas las clases del pueblo, lejos de ser sus mismos batallones el mas firme baluare de la libertad legal, se han visto ser desgraciadamente el primer elemento del desórden y la anarquía. Nada mas consecuente. El populacho generalmente es democrático y revolucionario: su pobreza y desenfreno se hallan tentadas en los tumultos, y miran las leyes que les imponen la sujecion y el órden como á sus enemigos naturales y constantes. A estas masas corrompidas, á estas pasiones juntas, son á las que los químicos revolucionarios han aplicado siempre su filosofía esperimental. Reprimidos empero en la Capital de la Monarquía con mano fuerte los desórdenes consecuentes á la imprudencia de armar sin distincion, disfrutóse algun tiempo de una tranquilidad parecida á la precursora calma de la tempestad. Las sociedades secretas aumentando el número de los iniciados, la jerga incomprensible de los deseos, la ambicion descabellada de muchos, y la prostitucion de la regularidad y rectitud en todos los ramos: ofrecian un campo vasto á las victorias del enemigo comun, quien feliz hasta lo increible, todos eran instrumentos de sus adelantos. Seducidas las tropas de la Capital por el oro corruptor de la revolucion, y encantada la clase de sargentos con el vistoso porvenir de mejorar de clase, vendieron sus juramentos, su deber, y abandonando lo mas sagrado, se constituyeron en genízaros de la desgraciada patria. Corrompida la fuerza úncia que podia contrarestar la revolucion, realizóse de un modo digno de sus groseros ejecutores: y violada la majestad real por una soldadesca vil (b), fué obligada á sancionar lo que se decia era espíritu general del pueblo, promulgando la Constitucion de 1812 y ascendiendo al poder el Autor del programa. Veinte y cuatro años de esperiencia enseñaron á los autores de las primeras constituciones restablecidas, que siendo la constitucion de un estado el barómetro por donde deben medirse los progresos del sistema social, esta debe ser el producto de la ilustracion. La sangre de Lanuza y los héroes de Villalar dejó por desgracia escasas semillas de libertad. El pueblo se acostumbró á ver sus fueros é inmunidades holladas por el tirano cuyo poder creyó emanado del cielo: y meciéndose dulcemente en las negras cadenas del despotismo, besaba estasiado de amor y veneracion los hierros que lo constituian esclavo. Los autores de la primera institucion de este siglo, desentierran las leyes que el poder del déspota, en armonía con el orgullo apostólico, habia sumido en el pesado sueño del olvido; y de aquí la oposicion á su admision por todo un pueblo teócrata. La ignorancia hace ver á la muchedumbre innovaciones nunca conocidas en el suelo ibero, y el derecho augusto de los padres es hollado por sus degenerados hijos. Siendo la ilustracion de un estado el resultado de la naturaleza de las cosas, de la lenta elaboracion de todos los elementos acumulados con anticipacion, y no la consecuencia de una voz de mando: las instituciones que deben regir una sociedad naciente debe ser mas á propósito para favorecer el desarrollo intelectual, que para concederle unas libertades que á pesar de ser suya son merece. La inconcebible metamorfosis del mundo fenicio en feudal y cristiano, es el resultado de mas de dos mil años. Esta transformacion es el espectáculo mas interesante y seductor. Sin embargo, semejante revolucion no se ha hecho en un momento, y á los acontecimientos de nuestros dias con los de los primeros siglos no ha transcurrido solo un dia.
a. No hay mas que comparar el Estatuto real con las leyes fundamentales de Francia, Inglaterra, Portugal, Bélgica, etc., y se verá que no es muy exacta la asercion, y que es el masmezquino de los gobiernos representativos: aunque el mayor defecto del Estatuto es que bastardea en su origen. (Nota del Editor).
b. Es menester no olvidar que no fué solo una vil soldadesca quien arrancó tan magnánima revolucion á la Reina: antes se habian elevado de todos los puntos de la Monarquía y por casi todos los ayuntamientos, diputaciones provinciales, y corporaciones de mayor representacion y dignidad esposiciones innumerables, pidiendo dicha Constitucion, secundadas por el general clamor de los pueblos, como único remedio para salvarnos de las intrigas del reducido auqneu astuto partido que creara el Estatuto: compuesto en su mayor parte de hombres aferrados á sus destinos, empero dispuestos á coadyuvar bajo mano, y abalanzarse al partido de su predileccion, tan pronto como el Pretendiente tuviere probabilidad de triunfo. (Nota del Editor).

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